martes, 16 de agosto de 2011

El Señor de los Acantilados (V)



"¿Qué es esto...?"
En el pecho,
calor,
una presión
como si el alma quisiera expandirse, ser paisaje;
un hormigueo en los dedos
como si las manos desearan ser viento y trenzar
el olor del mar con los rayos del Sol;
un sentimiento de generosidad
como si un anhelo de su profundo pecho quisiera compartir
con la música de las rompientes olas
un canto a la ilusión del niño
que despierta,
bosteza
y abre sus ojitos, todo afán de interpretar el mundo con agradecida admiración.
Tiempo de amar.
El Señor de los Acantilados ama tanto su propia tristeza
que la vuelve alegría.
Esperanza.
"Es un niño,
mi niño".

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