viernes, 25 de septiembre de 2009

...Bailaban los dedos de Ana...

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Fueron dos níveas manos,
una abstraída dejadez,
un lento parpadeo vano,
un sorbo distraído de café;

en torno a la tibia taza,
cálidos en el calor afín
en un teatro de porcelana
bajo una mancha de carmín

bailaban los dedos de Ana
sobre un dibujo pastoril
una nerviosa danza
de caricias de marfil...

Fue magia inexplicable
que al inclinar la cabeza
brioso de brillos el azabache
mar de su cabellera

le ornara de ondas la frente
y a la luz del día velara
de su mejilla los claveles
y la dulzura de su mirada;

fue tras el negro eclipse de seda
que un suspiro se dejase oír
y de sus ojos traslúcidas perlas
brotaran vivas para escribir

salobres puntos suspensivos
en las vetas de la mesa
que fueron el triste principio
de la historia de una ausencia...

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sábado, 19 de septiembre de 2009

Maese Puerilón

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Sin duda, la figura más relevante de la Historia de Absurdilandia la encontramos en la persona de Maese Puerilón Quitaelchupo Delaboca, artesano juguetero de genialidad sin par, y sin trío, menos. Atrevido inventor, desarrolló el Sonajero TNT, insignia de la juguetería galáctica y artilugio que ha dado a nuestro mundo tanto renombre como en la Tierra tiene cualquier idiota que juegue bien al fútbol. Por esto el asombroso juguete pasó en el Siglo de las Luces Fundidas a ser emblema central de nuestra bandera planetaria.


El 128 de Tréboles, Día de la Dependencia Depapáymamaiana celebramos la liberadora pérdida de responsabilidades en el gobierno de nuestro planeta a favor de los protectores invasores extraabsurdolandeses, los Papaymamianos, procedentes del planeta Carrozandia y colonias aledañas de Jómama, Friegatú, Yoquedao, Damemoney, Quésesoborja, Untatupapa, Yotemato y Postedemando. Este día, hacemos funcionar el Sonajero T.N.T. original, que durante todo el año se custodia en el Museo Histérico de Absurdilandia.


Cuando la última carga de 300 kg. de dinamita (de las 100 del mismo tamaño atadas con cables de acero al sonajero; recordemos las dimensiones del mismo: 1km. de longitud, esfera hueca de 360 m. de diámetro, todo en aleación de acero Rostrolider, el más duro de la galaxia, fabricado por Empresas Alpoder S.A. y relleno de esferas de granito tamaño balón de playa), cuando, decíamos, la última carga estalla y el sonajero deja de sonar, es decir, se hace el silencio en todo el planeta, se procede a la lectura del relato que narra el descubrimiento más sagaz del universo desconocido, puesto que en el conocido, este hallazgo crucial en nuestra historia se valora como de dificultad nula. El relato dice así:


“Tal día como hoy, 128 de Tréboles del año 23 D.S (Después del Sonajero), Maese Puerilón se encontraba en su taller con varios empleados, fabricando en serie molinillos de viento, su invento más reciente por aquella fecha. En el espejo retrovisor de vigilancia de personal pudo ver cómo a su espalda se produjo un giro de aspas sin que aparentemente mediara corriente de aire alguna, pues puertas y ventanas permanecían cerradas para proteger los ligeros materiales. Alertado su interés, en los días sucesivos pudo constatar la repetición del fenómeno, especialmente por las tardes, e, invariablemente, a la altura de la cadera detrás de alguien. Dedujo que el organismo absurdolandés emitía corrientes de gas breves, de frecuencia aleatoria, que sólo podía proceder del esfínter excretor. Posteriores experimentos con bañeras y mecheros concluyeron en el descubrimiento de la Proyección Ultranal Flatulante Absurdolandesa, más conocida popularmente por las siglas P.U.F.A, que había permanecido oculta para nuestra ciencia porque, como todos ustedes saben, los absurdolandeses carecemos del sentido del olfato y somos durillos de oído (les remito al párrafo sobre las dimensiones del Sonajero).


A partir de este descubrimiento comenzó la Era del Gran Desarrollo. Tomando las precauciones pertinentes, nuestra gente dejó de ser despreciada en las Asambleas de la Confederación Cósmica: creció un 300.000.000 % el Comercio Exterior y nuestro planeta se convirtió en destino turístico obligado.


Maese Puerilón alcanzó el estatus de “Héroe Planetario”, viajó por más de 117 galaxias haciendo demostraciones de su descubrimiento ante autoridades políticas y religiosas; en todo lugar fue apaleado, encarcelado, excepto en Absurdilandia, donde cientos de miles de congéneres le hacían la ola en los estadios”.


Se creó exclusivamente en su honor el “Pacagalse de oro”, máximo galardón concedido nunca en mi mundo a un ciudadano por méritos personales de utilidad universal.


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lunes, 14 de septiembre de 2009

Amistoso España-Egipto, 1998. Los humanos y el fútbol. Fragmento

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Ejemplo de retrasmisión, indicativo de apasionamiento:


"Akerti en largo para Nefer.
Recibe Nefer. Avanza por la banda izquierda.
¡Situación de peligro para el equipo españooooool...!
Sinuep desmarcadoo, ¡pide el baloooooooón!
¡Atención señoreseeeeees...centro en largo de Nefeeeeeeeeeeeerrr!
¡Corta Joaquín!
Muy bien colocado Joaquín, ya esperaba el pase y ha estado muy atento.
Joaquín por el centro, como una bala.
Se escapa de Abufis.
Le va a entrar Keops. No llega. Joaquín para Vicente.
Entrega a Reyes. Reyes. Frente a Tutmosis. ¡Peligroooooo, peligroooooooooo!
¡Qué regate! ¡Ha dejado a Tutmosis clavado! ¡Qué jugada, maestro!
¡Atención! ¡Le entran Ramsés y Khofu al mismo tiempo!
¡Reyes a Morienteeeeeeeeeeees!
¡Pasa Morientes a Raúuuuuuuuul! ¡Disputa con Amenophiiiiiiiiis!
¡Controla Raúl! ¡Se gira dispara y GOOOOOOOOOOOUYYYYYYYYYYYYY!
¡Qué paradón de Tutankhamon! ¡Extraordinario el portero de la selección egipcia! Parecía imparable, pero Tutankhamon ha detenido el esférico en una parada de antología.

Va a sacar Tutankhamon. Retrocede unos pasos... ¡Huy! se pisa una venda que lleva suelta. ¡Que se cae! ¡Pierde el equilibrio! ¡Se le cae el balón! ¡Rueda hacia la portería y
GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL!
¡GOL! ¡GOL! ¡GOL! ¡GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL DE ESPAÑA! ¡EGIPTO 0, ESPAÑA 18!
¡QUÉ PARTIDO MÁS MALO ESTÁ HACIENDO TUTANKHAMON!
¡Debe tener un cabreo tremendo!"

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domingo, 6 de septiembre de 2009

Malas pulgas

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Autor: Pedro Pruneda (Locuán de toa la vida).
Advertido esto porque podéis encontrar este cuento en la revista Almiar, que me lo publicó bajo sudónimo "Andrés López."

MALAS PULGAS

Fui a cazar pulgas al desván. Están gordas. Empezaron por dar mordiscos a los fluorescentes del salón de los pianos, después se comieron todas las alfombras de la casa y, por último, más de treinta hectáreas de nogales que mi abuelo plantó hace muchos años para ocultar la casa a los acreedores.

Con la ayuda de mi burro Roberto, que me sujetaba la escalera con los dientes, trasladé el viejo cañón de la Guerra de Crimea, regalo alusivo de mi tatarabuelo a mi tatarabuela, desde el jardín hasta el tejado para situarlo frente al casetón apuntando al interior a través de la ventana. Sujeté las ruedas del cañón a las tejas con las fuertes pinzas de madera que nuestra criada nigeriana, Magunda G´noco, emplea para colgar sus bragas de invierno, las que pesan más de quinientos kilos, en los cables de alta tensión que alimentan su cepillo eléctrico de dientes. Mientras yo realizaba esta operación, el asno Roberto subió al tejado con la pólvora y la esférica y pesada bala, labor que realizó con gran trabajo dada su edad, pero con la misma destreza que le hiciera famoso en todos los circos sirios cuando asombraba a propios y extraños con su actuación "Roberto, el burro bombero".

Antes de cargar el cañón mezclé la pólvora con garbanzos para que su combustión produjera una mayor cantidad de gases impulsores y engrasé la bala con aceite de máquinas de coser para reducir su índice de rozamiento tanto dentro del cañón como en el aire, como en la travesía a través del cuerpo de la pulga, siempre teniendo muy presente que mi intención era coser a cañonazos a las mismas. La espera fue larga. Roberto, sentado a mi lado con una pícara sonrisa, observaba a una manada de apuestas yeguas que en una finca vecina acostumbraban a practicar el nudismo mientras merendaban el jugoso pasto, corrían de un lado a otro persiguiéndose con toda la voluptuosidad de sus turgentes anatomías o se relinchaban en cantarines y lozanos tonos, para solaz de su voyeur.

Toda espera no tiene su recompensa, pero esta sí la tuvo. Primero, asomó una pipa apestosa en la que la repugnante pulga venía fumando los periódicos que pongo en el suelo de la cocina para que orinen mi gato y mis cabras; después, una cara abotargada por el sebo y confiada por la desvergüenza que ya era pauta de costumbre en estos prepotentes parásitos. Venía vestida la pulga con algunos de los objetos echados en falta por mí desde hacía varios días. Cubría su cuerpo una especie de toga de seda china confeccionada con la funda de las gafas de vidrio de faro costero que Magunda se pone para separar los granos de arroz moreno de las caquitas de ratón zurdo cuando hace esas paellas de caracoles que le salen tan ricas. Se adornaba la chupanueces con los collares de perlas fabricados pacientemente por mi padre con las perlas de las ostras que pescaba en los baches de la carretera de acceso a casa cuando en los días de lluvia se convertían en pozos de escarpadas paredes y profundidades sólo sondables con la pera de hacer lavativas de café de Magunda, por cierto, santo apostólico remedio contra las avalanchas de hemorroides. Lo que más rabia me dio fue ver esas seis patas calzadas con algunas de las mejores piezas de mi colección de patitos de goma. La muy bestia los había rajado para introducir sus repulsivos pies en ellos.

Apunté cuidadosamente el arma y aguantando la nausea disparé al centro del cuerpo. El estampido, del susto, hizo caer a Roberto del tejado. Al disiparse el humo, pude ver una pulga herida levemente en el costado, que me lanzaba una mirada asesina. Saltó sobre mí. Yo lo esperaba, conozco a las pulgas, las pulgas saltan con un movimiento relámpago sobre sus víctimas, pero yo estaba preparado: alcé en todo lo alto para que inevitablemente lo viera, un ejemplar abierto por el centro del libro "Ética de Occidente hacia el Tercer Mundo", de J.M.A. No se que párrafo pudo leer la bestia en mi sanguinaria arma, pero el resultado fue fulminante, pues calló desplomada con el rostro retorcido y congestionado en una expresión de horror inconmensurable. Muerte instantánea.

Eufórico por el resultado de esta primera jornada de cacería, decidí celebrar mi éxito abriendo una botella de aire del siglo XVIII que celosamente guardaba mi familia para las grandes ocasiones y pospuse el sepelio del pobre Roberto, desnucado al golpearse la cabeza con una pestaña caída en el suelo de uno de los ojos de Magunda.

Embriagado por la calidad del aire, dejé volar mi imaginación hacia futuras y bienaventuradas cacerías.

"Podías darme un trago", me dijo Roberto. Le pasé la botella.

"Un día de éstos te dará un reuma en el cráneo como sigas desnucándote", le dije.

Roberto echó un buen trago y se quedó pensativo con una media sonrisa en los morros.

"Entiérrame pronto hoy, que mañana tengo que ir a visitar a las yeguas", dijo.

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