Aquí y allá,
y más lejos también,
yacen los poetas y las poetisas,
dicho así por seguir las innovaciones de la igualdad de géneros,
y dicho en ese orden
porque en morir no siempre son caballerosos los caballeros
en ceder el paso primero a las damas.
En efecto, y restos, mortales,
ahí están
bajo tierra los más antiguos;
dentro de nicho los modernos;
en panteones o fosas comunes,
que no por perder la vida
se pierde la clase social.
Ahí mismo yacen olvidados de la Gloria
(si la conocieron),
a merced del gótico gusano
comprometido con la lírica,
buen amigo que libera el espíritu de la pesada carne,
mientras por fuera,
la lápida es punteada de forma suspensiva
por las cagadas de moscas filosófico-baratas;
y las esquinas de la tumba
quedan expuestas al saludo de patas caninas
que al levantarse dejan apuntando averiados aerógrafos
de perrunos artistas empeñados en retratar con sus orines,
en las aristas marmóreas,
una alegoría de la Grandeza de la Vida Humana,
en forma de inspirada lluvia dorada
que fluye cual río de oro
para saciar la sed de la tierra
y hacer crecer los gladiolos.
Aquí y allá,
y más lejos también,
yacen de estos poetas y poetisas,
dicho así por seguir las innovaciones de la igualdad de géneros,
los poemas y poemos
en libros que son tumbas y tumbos,
más cerradas y cerrados
que las de los cementerios y cementerias,
tanto, que las polillas y los polillos…
…Pesado es esto de los géneros…
Que las polillas, para entrar, no pasan las páginas,
sino que les hacen agujeros;
tanto cerrados, sigo diciendo de estos libros, que las arañas,
expertas inmobiliarias,
cimientan sus telas en las tapas
buscando la longevidad temporal de los hilos de las tramas,
y así honra la Historia tanto sentimiento:
con moscas orondas que buscan el váter pulido
entre las letras grabadas;
con perros que lamentan que las tumbas no sean octogonales
para tener más esquinas en las que mear;
con gusanos asesores de imagen
afanados en limpiarles los poros a los esqueletos;
con polillas inclinadas al gusto de la celulosa impoluta
antes que al sabor tintado de versos brillantes;
con arañas custodias del sucio polvo que desprende el Tiempo…
…En fin,
ahora que me fijo,
este verano lisonjero de luz
escenifica una orgía de verdes y azules
campos y cielos
cosidos a piruetas y quiebros
por las elegantes puntadas
de las alegres golondrinas:
no lo olvidemos,
y tengámoslo presente
mientras tengamos presencia,
porque el resto, me parece a mi,
vale poco la pena.
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