Informe rimado.
El Hombre al Medio ataca
y contamina sin pudor,
no hay vergüenza ni dolor
ni fuerza que pare la caca,
ningún político me saca
de ver lo verde ir al cuerno.
¡Y culpa tiene el Gobierno
de hacer frío en invierno!
El mínimo sueldo tu suerte
metido en sobre mortaja
recibas obrero de Caja,
no hacen ascos de joderte
hasta el día de tu muerte
con los impuestos del infierno.
¡Y culpa tiene el Gobierno
de hacer frío en invierno!
Suben los precios de los precios
a la altura del "No puedo",
prueba carne quien chupa dedo,
dictan leyes que son desprecios
y por política de necios
ya es duro comprar pan tierno.
¡Y culpa tiene el Gobierno
de hacer frío en invierno!
Crece la Banca cada año
como espuma detergente
con el sudor de nuestra frente,
yo no veo otro apaño:
poner en la frente un caño
(que apagara un averno).
¡Y culpa tiene el Gobierno
de hacer frío en invierno!
Hado te libre de mal fiero,
no a Sanidad te arrastre,
que víctima de su desastre
yo me siento, cuando espero,
cabrón de médico cabrero,
turno esperando eterno.
¡Y culpa tiene el Gobierno
de hacer frío en invierno!
Quien defiende lo suyo, peca.
Por torcer la mano ratera
en el hurto de mi cartera,
me condena la perendeca:
pago esguince de muñeca.
Con Justicia yo no alterno.
¡Y culpa tiene el Gobierno
de hacer frío en invierno!
martes, 23 de febrero de 2010
Recuerdos de otro mundo...
NO ME IMPORTA
No me importa.
Que alguien como tú exista, eso es suficiente.
No me importa.
Me quedas como pajarillo
moribundo eterno
en la triste jaula
de mi pecho
triste,
triste cosquilleo,
¡Por siempre! ¡Por dentro!
En triste ritmo y cadencia
débil aleteo,
mi avecilla...
...Por siempre... Por dentro...
No me importa.
Te hago presente
cuando vuelvo la vista a tu recuerdo,
paisaje de cristal puro
que irradia luz
en miles de colores amables.
No me importa.
Gozo con placer el consuelo
de recibir el castigo
de vivir sin vivirte.
No me importa.
No es esta la primera vez
que tengo que seguir respirando:
sea ese,
posiblemente,
el único compromiso decente
que a hora de ahora mismo
aún soporto.
04:50.
Abril, 19, 2006.
No me importa.
No me importa.
Que alguien como tú exista, eso es suficiente.
No me importa.
Me quedas como pajarillo
moribundo eterno
en la triste jaula
de mi pecho
triste,
triste cosquilleo,
¡Por siempre! ¡Por dentro!
En triste ritmo y cadencia
débil aleteo,
mi avecilla...
...Por siempre... Por dentro...
No me importa.
Te hago presente
cuando vuelvo la vista a tu recuerdo,
paisaje de cristal puro
que irradia luz
en miles de colores amables.
No me importa.
Gozo con placer el consuelo
de recibir el castigo
de vivir sin vivirte.
No me importa.
No es esta la primera vez
que tengo que seguir respirando:
sea ese,
posiblemente,
el único compromiso decente
que a hora de ahora mismo
aún soporto.
04:50.
Abril, 19, 2006.
No me importa.
Anilla: Ana cuando era chiquitilla
Vocabulario básico para desenvolverse en la Tierra.
Abarrotar: Girar la ruleta en los casinos rurales cuando se ha perdido la bolita blanca y se ha sustituido por una haba.
Bombero: Músico que en la orquesta toca el bombo.
Cabriola: En el argot surfista, ola tan peligrosa que solo la coje el que está como una cabra.
Denticulado: Paciente con diagnóstico de mordedura de perro en la nalga.
Embachar: Introduchir un líquido o un género chólido en un envache para conchervarlo.
Fotonovela: Costumbre de origen chino extendida por Europa desde principios del siglo XX y que consiste en sacar del álbum familiar las fotos más ridículas para esconderlas en lugares secretos.
Ganchillo: Grito de gangoso.
Helada: Madrina de Cenicienta.
Kilogramo: Kilo muy ligero, de sólo un gramo de peso.
Lanzallamas: Bruto que arroja a estos camélidos andinos por los aires.
Macarrón: Chuloputas enorme.
Mamografía: Costumbre que tienen los niños de chupar las pinturas cuando están dibujando.
Nabo: Planta anual de la familia de las vergáceas, carnosa, gruesa, no mayor de 1 ó 2 decímetros, hoja envainadora, flores en espiga erecta y sabia blanca y espesa.
Oligoceno: Época prehistórica en la que se cree tiene origen el canibalismo del humano hambriento frente a la necesiad de mantener relaciones sexuales.
Realista: Presidiaria inteligente.
Finalista: Guapa e inteligente.
Pirata: Pirao, en cheli.
Mundo: Carente de la facultad del hambla.
Diario: Cesión de la palabra al representante alemán.
Intrigado: 1.Rodeado por los tigres, dentro de un círculo de los mismos. 2. Que está dentro de los tigres, devorado. 3. Trigue escondido dentro de un tigral, en espera de otros dos para hacer un trabaluengas.
Alrededor: De tu mesa venimos a recordar que tu palabra es divina. Para otro tipo de palabra, colocarse bajo o sobre la mesa
Nuera: Declarado inocente y absuelto.
Columna: Alumna de la col.
Soldado: Supernova, estrella que ha consumido toda su energía.
Indiferencia: Conferencia telefónica con la India.
Combate: Beísbol, pues.
Entonación: Locución paleta que significa "en todo país".
Rutina: Ruta de escasa longitud.
Cisma: Parte más alta de una montasña.
Cisne: Sala pública donde se proyectan pelísculas.
Pedúnculo: Obviamente, palabra de origen latino de etimología compuesta por "Ped", pez, y "Únculo", un solo ojo, que define la família de los branqueados uniocelados, es decir, ninguno registrado hasta el momento. Efectivamente, durante años se pensó que este término latino hacia referencia a la ventosidad humana o animal.
Enagua: En remojo.
Automarginación: vehículo automóvil comprado en un desguace.
Pezón: En las hembras de los matmíferos, válvula de la teta.
lunes, 22 de febrero de 2010
Perlitas
Perla 1. El amor y la crisis.
- Llegado a tu puerta, Corazón,
tocaré el timbre, mi amor.
- Amado mío, mi Dulce de Algodón,
toca la aldaba, mejor.
- ¿Me oyes antes, mi Cielo de Ternura?
- No, mi Vida, Bálsamo de mi Dolor,
es menos luz cuando llega la factura.
Perla 2. La asistencia sanitaria y la saturación de los médicos.
- Este marido mío cada día está más tonto.
- ¿Pues qué pasó?
- Ya sabes que hace ocho meses el de cabecera le mandó al especialista para mirarse eso de los vómitos con sangre que tenía.
-Sí, me contaste.
- Pues ayer tuvo la cita con el especialista, después de esperar ocho meses. Antes de ir le dije "Aguanta las ganas y vomitas en la consulta o no te hacen caso".
- Y no vomitó.
- Sí, sí vomitó, pero sobre el suelo.
- ¿De baldosas?
- Sí.
- Pues sí que es tonto tu marido, vomitar donde se friega solo, debe ser el único de todo el país que no sabe que sólo te tratan como es debido si eres de los que vomitan contra las paredes, para curarte y no volver a verte por allí.
- Ya te digo. Diagnóstico:" Mala digestión, pero ya se está curando".Tratamiento: "Un vaso de agua, para no deshidratarse. Y no hace falta que vuelva".
- Ya veo, así que ha tenido que pedir otra cita.
-Eso, otros ocho meses de espera. Así aprende, verás como la próxima le hace un abstracto tipo Tápies al lado del armario de los medicamentos.
- Llegado a tu puerta, Corazón,
tocaré el timbre, mi amor.
- Amado mío, mi Dulce de Algodón,
toca la aldaba, mejor.
- ¿Me oyes antes, mi Cielo de Ternura?
- No, mi Vida, Bálsamo de mi Dolor,
es menos luz cuando llega la factura.
Perla 2. La asistencia sanitaria y la saturación de los médicos.
- Este marido mío cada día está más tonto.
- ¿Pues qué pasó?
- Ya sabes que hace ocho meses el de cabecera le mandó al especialista para mirarse eso de los vómitos con sangre que tenía.
-Sí, me contaste.
- Pues ayer tuvo la cita con el especialista, después de esperar ocho meses. Antes de ir le dije "Aguanta las ganas y vomitas en la consulta o no te hacen caso".
- Y no vomitó.
- Sí, sí vomitó, pero sobre el suelo.
- ¿De baldosas?
- Sí.
- Pues sí que es tonto tu marido, vomitar donde se friega solo, debe ser el único de todo el país que no sabe que sólo te tratan como es debido si eres de los que vomitan contra las paredes, para curarte y no volver a verte por allí.
- Ya te digo. Diagnóstico:" Mala digestión, pero ya se está curando".Tratamiento: "Un vaso de agua, para no deshidratarse. Y no hace falta que vuelva".
- Ya veo, así que ha tenido que pedir otra cita.
-Eso, otros ocho meses de espera. Así aprende, verás como la próxima le hace un abstracto tipo Tápies al lado del armario de los medicamentos.
sábado, 20 de febrero de 2010
Dedicado a Ana Márquez, poetisa, pintora...
.

.
...crochetadora, papiroflexadora y gran amante de los animales, sin cuya cualidad no habría llegado nunca a quererme a mi.
En la playa se lo hizo
a la orilla del mar:
un bocata de chorizo
a la hora de yantar.
Allí yantó con su llanto
y besó el embutido,
que de rojo era tanto
a los labios parecido
de un ausente amor
por un Destino adverso,
del suyo secuestrador
que pide pagos en verso...
En la diestra el bolígrafo,
en la zurda la pitanza,
horror fuera del calígrafo
el poeta de la panza,
mas pero, una avispa
posada en la botella,
gustosa con media chispa
del vino que hay en ella,
las suyas patas sujetas,
declama en el tapón
con sus alas las cuartetas:
añora su avispón
encendida por la rima
que versa una pasión
tan grande como la sima
que es la separación...
Y de esto son testigos
cuatro gorriones golosos,
de las migas muy amigos
y en tomarlas donosos,
pero que posan flemáticos
de lírica embelesados
en cuatro poses estáticos
que parecen disecados...
Muere del boli el trazo;
la avispa, de la moña;
un regüeldo de bombazo
resuena para más coña;
tres pájaros se las piran
dejando atrás al cuarto:
picharriba se estiran
sus patas, de un infarto.
.

.
...crochetadora, papiroflexadora y gran amante de los animales, sin cuya cualidad no habría llegado nunca a quererme a mi.
En la playa se lo hizo
a la orilla del mar:
un bocata de chorizo
a la hora de yantar.
Allí yantó con su llanto
y besó el embutido,
que de rojo era tanto
a los labios parecido
de un ausente amor
por un Destino adverso,
del suyo secuestrador
que pide pagos en verso...
En la diestra el bolígrafo,
en la zurda la pitanza,
horror fuera del calígrafo
el poeta de la panza,
mas pero, una avispa
posada en la botella,
gustosa con media chispa
del vino que hay en ella,
las suyas patas sujetas,
declama en el tapón
con sus alas las cuartetas:
añora su avispón
encendida por la rima
que versa una pasión
tan grande como la sima
que es la separación...
Y de esto son testigos
cuatro gorriones golosos,
de las migas muy amigos
y en tomarlas donosos,
pero que posan flemáticos
de lírica embelesados
en cuatro poses estáticos
que parecen disecados...
Muere del boli el trazo;
la avispa, de la moña;
un regüeldo de bombazo
resuena para más coña;
tres pájaros se las piran
dejando atrás al cuarto:
picharriba se estiran
sus patas, de un infarto.
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Métrica clásica,
Te rías
jueves, 18 de febrero de 2010
Cabras
No me reía tanto desde que tenía siete años y la pandilla de críos le robamos del tendal todas las bragas a Nicolasa, la mujer de Gerardo, aprovechando que no había nadie en casa porque era domingo y habían ido a misa. Veintitrés bragas de todas las tallas, de la madre y las seis hijas. Fuimos a la huerta del Barrio la Barcaza donde el viejo Tinín, alias "El Chicles" porque tenía costumbre de ir por la calle chupándose la lengua, guardaba las cabras. Estuvimos media mañana persiguiendo las cabras, cazándolas una a una y poniendo a cada cuál su braga, teniendo muy en cuenta el tamaño de la cabra y la talla de la prenda para que ninguna estuviese incómoda. Nos sobraron tres bragas porque el rebaño era de veinte cabras. La cuenta la echó Fredito, Alfredo, porque era cojo y como no podía correr era el que más pensaba de toda la pandilla. Después abrimos el portón y dejamos el rebaño suelto por el pueblo, persiguiéndolo nosotros mismos y gritando "¡Ha llegao la caballería! ¡El Séptimo de Michigan!" porque da la casualidad que el sábado habían echado la película de Búfalo Bill en la tele.
Qué zapatillazos llevé en casa. Y me salvó mi abuelo, que le dijo a mi madre "Niña, no le pegues más, que por lo menos, por una vez, hemos visto llorar a la Guardia Civil" (1976). Y era verdad, porque el sargento Don Hingelmo, el cabo Mijares y otros dos cuyos nombres no recuerdo se descojonaban de risa en el cuartelillo, allí con todos los chavales que éramos llorando de miedo, que nos decían que íbamos a ir a la cárcel. ¿Cómo no íbamos a confesar? Con todo detalle, no te digo.
También me dijo mi abuelo: "Y otra vez que hagáis alguna, no seáis tan tontos, os dispersáis y os escondéis y que nadie diga nada, ¡so zoquetes!, que ibais detrás de las cabras con una bandera hecha de tres bragas amarrás a un palo. Y encima tú de abanderao... ¡Ay Pedrín, Pedrín!".
Gerardo y Nicolasa retiraron la denuncia a cambio de 20 000 pts a pagar por los padres de todos los implicados.
El cura, Don Pedro, nos mencionó por la indirecta en la misa del domingo siguiente. Dijo en el sermón "... y hay que empezar a ser buenos desde niños, no hay que coger las cosas que no nos pertenecen y hay que tratar a los animales con cariño y respeto, como hacía San Francisco, ¿entendéis, niños, lo que quiero decir?". Estábamos todos en la primera fila de los bancos, que es donde se ponen siempre los niños, o se ponían, porque hace mucho que no voy a misa y no sé cómo se hace ahora, y al preguntar eso Don Pedro, contestó Fredito: "Si, Don Pedro, que la próxima vez a las cabras hay que ponerlas una falda encima de la braga".
Joder, que descojono. Casi se cae la iglesia de las risas. Don Pedro se puso colorao de aguantarse la misma.
Qué zapatillazos llevé en casa. Y me salvó mi abuelo, que le dijo a mi madre "Niña, no le pegues más, que por lo menos, por una vez, hemos visto llorar a la Guardia Civil" (1976). Y era verdad, porque el sargento Don Hingelmo, el cabo Mijares y otros dos cuyos nombres no recuerdo se descojonaban de risa en el cuartelillo, allí con todos los chavales que éramos llorando de miedo, que nos decían que íbamos a ir a la cárcel. ¿Cómo no íbamos a confesar? Con todo detalle, no te digo.
También me dijo mi abuelo: "Y otra vez que hagáis alguna, no seáis tan tontos, os dispersáis y os escondéis y que nadie diga nada, ¡so zoquetes!, que ibais detrás de las cabras con una bandera hecha de tres bragas amarrás a un palo. Y encima tú de abanderao... ¡Ay Pedrín, Pedrín!".
Gerardo y Nicolasa retiraron la denuncia a cambio de 20 000 pts a pagar por los padres de todos los implicados.
El cura, Don Pedro, nos mencionó por la indirecta en la misa del domingo siguiente. Dijo en el sermón "... y hay que empezar a ser buenos desde niños, no hay que coger las cosas que no nos pertenecen y hay que tratar a los animales con cariño y respeto, como hacía San Francisco, ¿entendéis, niños, lo que quiero decir?". Estábamos todos en la primera fila de los bancos, que es donde se ponen siempre los niños, o se ponían, porque hace mucho que no voy a misa y no sé cómo se hace ahora, y al preguntar eso Don Pedro, contestó Fredito: "Si, Don Pedro, que la próxima vez a las cabras hay que ponerlas una falda encima de la braga".
Joder, que descojono. Casi se cae la iglesia de las risas. Don Pedro se puso colorao de aguantarse la misma.
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Te rías
sábado, 13 de febrero de 2010
Como a todos
Como a todos,
te llega ese segundo en que el Estar se te hace sucedáneo,
para los restos,
y el consabido "¿Para qué?"
te ladra como esos perros que ya desde nacidos los amarran
y que crezcan lo que quieran
con un grosor de cadena
sólo razonable en un arrastre de bueyes.
Así es, amigo, se te hace fósil
la ninguna gracia que de antiguo sospechas
tiene esta Broma que es la Vida
para quien es veterano de pasarla tantas veces
deprisa y aguantando la respiración,
como se comen los bocadillos de mierda,
cuando no hay otra cosa
y eliges no dejarte morir de hambre
por el "Qué llorarán" de la gente.
Ya te digo, se te ausenta la Dignidad,
sabes que para largo
porque no olvida ni unas bragas en su cómoda,
y no la sigues
porque ni por donde se larga ves
con esa mirada de lobo acorralado que se te enquista
desde cuando tu memoria sabe,
en un inútil oteo del entorno,
pues la Ansiedad es invisible...
Pasa el Tiempo cuanto tiene que pasar y cómo,
y justo ahí levantas la cabeza
porque eres hombre,
no porque te quede vergüenza,
más bien por instinto
y porque en los últimos años se te cuajaron los cojones
como caucho al aire
de tanto pisártelos el Destino
con rabias, frustraciones y hastíos,
y en esas,
aprovechas que aún vistes el traje de bufón
para pegar el último ridículo salto
cuando más atrás silba la guadaña en su volteo,
y la Muerte se lleva de ti
la Vida,
un derrame de cascabeles,
el eco de tu carcajada final
y un enajenado pero certero salivazo entre las cuencas de los ojos...
te llega ese segundo en que el Estar se te hace sucedáneo,
para los restos,
y el consabido "¿Para qué?"
te ladra como esos perros que ya desde nacidos los amarran
y que crezcan lo que quieran
con un grosor de cadena
sólo razonable en un arrastre de bueyes.
Así es, amigo, se te hace fósil
la ninguna gracia que de antiguo sospechas
tiene esta Broma que es la Vida
para quien es veterano de pasarla tantas veces
deprisa y aguantando la respiración,
como se comen los bocadillos de mierda,
cuando no hay otra cosa
y eliges no dejarte morir de hambre
por el "Qué llorarán" de la gente.
Ya te digo, se te ausenta la Dignidad,
sabes que para largo
porque no olvida ni unas bragas en su cómoda,
y no la sigues
porque ni por donde se larga ves
con esa mirada de lobo acorralado que se te enquista
desde cuando tu memoria sabe,
en un inútil oteo del entorno,
pues la Ansiedad es invisible...
Pasa el Tiempo cuanto tiene que pasar y cómo,
y justo ahí levantas la cabeza
porque eres hombre,
no porque te quede vergüenza,
más bien por instinto
y porque en los últimos años se te cuajaron los cojones
como caucho al aire
de tanto pisártelos el Destino
con rabias, frustraciones y hastíos,
y en esas,
aprovechas que aún vistes el traje de bufón
para pegar el último ridículo salto
cuando más atrás silba la guadaña en su volteo,
y la Muerte se lleva de ti
la Vida,
un derrame de cascabeles,
el eco de tu carcajada final
y un enajenado pero certero salivazo entre las cuencas de los ojos...
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Filosofeando (con perdón)
Desde los acantilados de un mundo perdido
Inclinada la cabeza,
posa las palmas de las manos sobre la piedra
que lo sostiene sentado
como queriendo encontrar en ella
un pálpito de vida con que hacerse acompañar en ese momento.
Cierra los ojos
y con la boca abierta de cansancio
respira al ritmo del corazón del mar;
olas de cálido aliento se le alzan en las calas del alma
y rompen
al mundo a través de una súplica murmurada como un rezo:
"Aire de mis mareas,
estrellad el veneno de la ansiedad
contra el rompeolas de mi pecho;
arrancad del pasado el recuerdo lacerante de tanta angustia,
tanto, tanto miedo, tanto,
sepultadlo en la fosa abisal de los olvidos..."
Un incesante vaivén de pusilánime esperanza
construye en su mente
señeros castillos de espuma de metáforas,
efímeros en la medida del reloj,
derruidos al instante
por la brisa del segundero
y arrastrados a un confuso mar adentro
por la codicia de la resaca
que persigue a todos los sueños despiertos.
Desciende lento un cosquilleo tibio de agua salada
por las mejillas
del Señor de los Acantilados.
Soledad.
posa las palmas de las manos sobre la piedra
que lo sostiene sentado
como queriendo encontrar en ella
un pálpito de vida con que hacerse acompañar en ese momento.
Cierra los ojos
y con la boca abierta de cansancio
respira al ritmo del corazón del mar;
olas de cálido aliento se le alzan en las calas del alma
y rompen
al mundo a través de una súplica murmurada como un rezo:
"Aire de mis mareas,
estrellad el veneno de la ansiedad
contra el rompeolas de mi pecho;
arrancad del pasado el recuerdo lacerante de tanta angustia,
tanto, tanto miedo, tanto,
sepultadlo en la fosa abisal de los olvidos..."
Un incesante vaivén de pusilánime esperanza
construye en su mente
señeros castillos de espuma de metáforas,
efímeros en la medida del reloj,
derruidos al instante
por la brisa del segundero
y arrastrados a un confuso mar adentro
por la codicia de la resaca
que persigue a todos los sueños despiertos.
Desciende lento un cosquilleo tibio de agua salada
por las mejillas
del Señor de los Acantilados.
Soledad.
Mi abuelo el pigata
Él hacia de pirata, y yo, con mi "doble fila" de dientes, de tiburón. Mi bocadillo de tocino, es decir, el postre que mi madre me preparaba con media torta de pan y veinte lonchas de tocino de un centímetro de grueso, era el tesoro que el pirata siempre arrebataba al Perro Inglés. La manzana que el médico ordenaba comer a mi abuelo después de la ensalada de lechuga, era el Perro Inglés. Mi abuelo la vencía con su espada, una navaja casera que él mismo había fabricado con un cuchillo roto sujeto con alambre de cobre a un palo de madera; la troceaba en mil pedazos y los arrojaba al tiburón por la borda de su "barco pirata", como llamábamos a la mecedora, en la que pasaba las horas en una calma chicha que terminaba invariablemente en una marejada de balanceos cuando, yo cómplice, le traía la botella de vino que mi abuela, capitana del galeón español "El Asqueroso de tu Abuelo", y beata aficionada a comulgar a todas horas huesos de santo con la sangre de Cristo, transportaba desde el Virreinato de Ultramarinos hasta la Patria del Imperio donde no se ponía el Sol nunca sin que encontrase yo la botella, más o menos llena, cada día.
Yo pensaba que mi abuelo era un pirata doblemente malo: No un parche, sino dos en forma de gafas de sol tapaban su ceguera diabética. Y no una, sino dos patas de palo hubiese necesitado para sustituir las amputadas en sus peores batallas navales, me refiero a la de Panzadas y a la de Cogorzas.
Una vez que enterraba el tesoro en su estómago y bebía el vino para celebrar la victoria, el viejo pirata llenaba su pipa de tabaco picado del Caribe (cubano, o eso decía él), lo encendía y comenzaba a echar humo como en un incendio forestal, y mirando directamente al sol exclamaba mientras se balanceaba como un loco ebrio de vino y gloria:
-¡Hase una note magnífica! ¡Lefulguen las estelas!
¡La má se encabita como una mugué fogosa!
¡El cacarón enemigo ade en lamas y naufaga!
¿Qué má puede deseá un pigata?
Al oír esa especie de contraseña, yo, por arte de magia, dejaba de ser un tiburón, me quitaba su dentadura y decía: "¡Los piños! ¡Los piños!", imitando la voz carrasposa de un loro mientras le entregaba la dentadura al pirata, el cual, se la ajustaba y vocalizando de una manera más normal, cantaba:
El loro del pirata
se llama Cabrón
y le arrancó la pata
una bala de cañón.
Yo bailaba a la pata coja y movía los brazos como si volara, hasta que mi abuelo se cansaba de repetir el estribillo y de balancearse y se quedaba dormido.
Cuando mi abuelo cumplió la edad de noventa y cuatro años me dijo:
- Gambón (me llamaba así porque yo estaba muy gordo y colorado por herencia y cierta vergüenza crónica, ante el mundo y mis circunstancias, que aún hoy en día conservo), no segué goven etenamente. Es hoga de que te ensene mis sequetos.
- No güelo, ahoga no, tenemos que gugá a los pigatas.
- Vamos, Gambón, la dentaguga.
Me saqué la dentadura de la boca y se la devolví. Se la puso y comenzó a hablar con más claridad. Ese día me enseñó cómo se cazan grillos con una caña de pescar y una morcilla de cebo.
Pero eso es otra historia.
Yo pensaba que mi abuelo era un pirata doblemente malo: No un parche, sino dos en forma de gafas de sol tapaban su ceguera diabética. Y no una, sino dos patas de palo hubiese necesitado para sustituir las amputadas en sus peores batallas navales, me refiero a la de Panzadas y a la de Cogorzas.
Una vez que enterraba el tesoro en su estómago y bebía el vino para celebrar la victoria, el viejo pirata llenaba su pipa de tabaco picado del Caribe (cubano, o eso decía él), lo encendía y comenzaba a echar humo como en un incendio forestal, y mirando directamente al sol exclamaba mientras se balanceaba como un loco ebrio de vino y gloria:
-¡Hase una note magnífica! ¡Lefulguen las estelas!
¡La má se encabita como una mugué fogosa!
¡El cacarón enemigo ade en lamas y naufaga!
¿Qué má puede deseá un pigata?
Al oír esa especie de contraseña, yo, por arte de magia, dejaba de ser un tiburón, me quitaba su dentadura y decía: "¡Los piños! ¡Los piños!", imitando la voz carrasposa de un loro mientras le entregaba la dentadura al pirata, el cual, se la ajustaba y vocalizando de una manera más normal, cantaba:
El loro del pirata
se llama Cabrón
y le arrancó la pata
una bala de cañón.
Yo bailaba a la pata coja y movía los brazos como si volara, hasta que mi abuelo se cansaba de repetir el estribillo y de balancearse y se quedaba dormido.
Cuando mi abuelo cumplió la edad de noventa y cuatro años me dijo:
- Gambón (me llamaba así porque yo estaba muy gordo y colorado por herencia y cierta vergüenza crónica, ante el mundo y mis circunstancias, que aún hoy en día conservo), no segué goven etenamente. Es hoga de que te ensene mis sequetos.
- No güelo, ahoga no, tenemos que gugá a los pigatas.
- Vamos, Gambón, la dentaguga.
Me saqué la dentadura de la boca y se la devolví. Se la puso y comenzó a hablar con más claridad. Ese día me enseñó cómo se cazan grillos con una caña de pescar y una morcilla de cebo.
Pero eso es otra historia.
viernes, 12 de febrero de 2010
Oda al Tragabarras
Como Moisés separó las aguas,
así a codazos los clientes
en los bares apartas de las barras
para dejar pasar a tu vientre
faraónicas bandejas de tapas,
donde las ahogas indolente
cerrando los mares a jarras.
Ya es tu panza una barrera
que frena los coches en la calle
cuando el resto del cuerpo espera
el muñeco verde que abre
el paso, desde la acera;
Ya del barrio a tus zapatos
con viento, lluvia o granizo
acuden todos los gatos
en busca del seco abrigo;
e histórico fue aquel día
de excursión, comida y siesta
que tumbado boca arriba
te hizo una cigüeña
el nido en la barriga...
¡Y haber la moto de regalar
porque esa tripa de elefante
desbordándose por el manillar
frenaba la rueda de alante!
¡Oh, alabo tu sastre,
que no se rompe la cabeza:
cose a un toldo dos tirantes
y lo llama camiseta!
¡Genio de ideas sencillas,
para cada pierna un agujero
y te hace con un paracaídas
un calzoncillo prieto!
¡Dios te bendiga cuando sueñas
con hormigoneras de cocido,
albóndigas como peñas,
colinas de tocino
y las hidráulicas presas
llenas de buen vino...!
¡Resuenen mil "hurras" de mi grito
por la gloria de tu destino,
que mientras chillo no te invito
y mientras no te invito no me arruino!
así a codazos los clientes
en los bares apartas de las barras
para dejar pasar a tu vientre
faraónicas bandejas de tapas,
donde las ahogas indolente
cerrando los mares a jarras.
Ya es tu panza una barrera
que frena los coches en la calle
cuando el resto del cuerpo espera
el muñeco verde que abre
el paso, desde la acera;
Ya del barrio a tus zapatos
con viento, lluvia o granizo
acuden todos los gatos
en busca del seco abrigo;
e histórico fue aquel día
de excursión, comida y siesta
que tumbado boca arriba
te hizo una cigüeña
el nido en la barriga...
¡Y haber la moto de regalar
porque esa tripa de elefante
desbordándose por el manillar
frenaba la rueda de alante!
¡Oh, alabo tu sastre,
que no se rompe la cabeza:
cose a un toldo dos tirantes
y lo llama camiseta!
¡Genio de ideas sencillas,
para cada pierna un agujero
y te hace con un paracaídas
un calzoncillo prieto!
¡Dios te bendiga cuando sueñas
con hormigoneras de cocido,
albóndigas como peñas,
colinas de tocino
y las hidráulicas presas
llenas de buen vino...!
¡Resuenen mil "hurras" de mi grito
por la gloria de tu destino,
que mientras chillo no te invito
y mientras no te invito no me arruino!
martes, 9 de febrero de 2010
Gua*
*(Biblia de Absurdilandia. Profecias, evangelios de los apostolsurdos, vida y tecnologías inesplicables del Unico Dios: Pasadetó, fabricador del Universo, adorado por todos los absurdolandeses por la costumbre que tiene de invitar a cerveza y tapas a quien se le aparece).
Carta del Profeta Lenguarrabías a la debota Magnaglándula de Mamaria.
¡Alabado sea Pasadetó en el nombre de los Pelotas de Chivatandia!
Bienamada, y en todas las posturas, Magnaglándula, sabia en lo tuyo, yo meditando sobre tus dudas existenciales respecto a la vida en las distintas etapas, diserto en el desierto y respondo mi respuesta:
A un adolescente
háblale del futuro,
pero puede ser que le aburras,
y eso, si quiere oírte,
pues los placeres del Presente le llaman a gritos
desde las estupideces publicitarias
de la cultura que mama.
O no.
A un anciano,
háblale de lo que quieras,
te agradecerá le distraigas
del poco futuro que le resta,
del presente que le aparca en doble fila
(el lugar de los que estorban
por no encontrar otro lugar donde aparcarse),
del pasado que le ignora la queja
de los errores, los pesares, las luchas,
ese bregar que pronto le será pagado
con una urna funeraria
o una juerga de gusanos.
O no.
Es claro que Ser, Somos un rato y en etapas,
cada una con diferentes sensaciones y requerimientos,
y llegada ésa
en que vives la verdad de los pequeños placeres,
descansas de proyectar los grandes
con tanto detalle de argumento, escenas y guión
porque sabes aunque no sepas
que es inútil intentar interpretar la obra como la planeas,
porque su voluntad propia
te somete
y te despabila de la ignorancia
de que es la vida la que apunta
y tú quién repites fiel en el escenario
palabras y gestos
que ni imaginaste.
O no.
Llega un momento en que naces a la consciencia
de ser pluma de muda,
no ala, ni pájaro, ni ruta migratoria, ni mundo, ni universo;
estás de paso,
como los demás,
que te son tan indiferentes
como has sido, eres y serás tú a ellos,
en una medida u otra,
por ambas partes.
O no.
Pues eso.
¿Y sabes lo que te digo?
Que todo es cartón piedra en este decorado
salvo esos momentos, maldita sea,
en que compartimos suavidad, tibieza y humedades.
Me río de la muerte repentina,
de amputaciones en cuerpo y mente,
de torturas, miserias, podredumbres,
de este mundo masacre,
de las pérdidas más crueles,
me río de todo, hostias,
cuando recuerdo ese puto segundo
en que mi lengua entró en tu boca.
Me reí, también, de Dios:
"Mira,
inútil,
como este pringado mortal le saca punta a tu Propósito Divino.
Quédate con tu Paraíso,
pon de gua el Infierno y juega con mi alma a las canicas,
te la regalo,
para mi no vale nada,
es eterna,
y eso ya jode.
Eso sí, la lengua ni me la toques,
el Sentido de la vida no eres Tú,
es mi lengua en la boca de esta mujer.
Payaso.
Que eres un payaso.
No te doy dos hostias porque no te veo.
Y sobretodo, no me hagas caso,
te hablo en broma.
O no.
¿En qué estaba yo?
Ah, sí,
ahora, mordisquito..."
Carta del Profeta Lenguarrabías a la debota Magnaglándula de Mamaria.
¡Alabado sea Pasadetó en el nombre de los Pelotas de Chivatandia!
Bienamada, y en todas las posturas, Magnaglándula, sabia en lo tuyo, yo meditando sobre tus dudas existenciales respecto a la vida en las distintas etapas, diserto en el desierto y respondo mi respuesta:
A un adolescente
háblale del futuro,
pero puede ser que le aburras,
y eso, si quiere oírte,
pues los placeres del Presente le llaman a gritos
desde las estupideces publicitarias
de la cultura que mama.
O no.
A un anciano,
háblale de lo que quieras,
te agradecerá le distraigas
del poco futuro que le resta,
del presente que le aparca en doble fila
(el lugar de los que estorban
por no encontrar otro lugar donde aparcarse),
del pasado que le ignora la queja
de los errores, los pesares, las luchas,
ese bregar que pronto le será pagado
con una urna funeraria
o una juerga de gusanos.
O no.
Es claro que Ser, Somos un rato y en etapas,
cada una con diferentes sensaciones y requerimientos,
y llegada ésa
en que vives la verdad de los pequeños placeres,
descansas de proyectar los grandes
con tanto detalle de argumento, escenas y guión
porque sabes aunque no sepas
que es inútil intentar interpretar la obra como la planeas,
porque su voluntad propia
te somete
y te despabila de la ignorancia
de que es la vida la que apunta
y tú quién repites fiel en el escenario
palabras y gestos
que ni imaginaste.
O no.
Llega un momento en que naces a la consciencia
de ser pluma de muda,
no ala, ni pájaro, ni ruta migratoria, ni mundo, ni universo;
estás de paso,
como los demás,
que te son tan indiferentes
como has sido, eres y serás tú a ellos,
en una medida u otra,
por ambas partes.
O no.
Pues eso.
¿Y sabes lo que te digo?
Que todo es cartón piedra en este decorado
salvo esos momentos, maldita sea,
en que compartimos suavidad, tibieza y humedades.
Me río de la muerte repentina,
de amputaciones en cuerpo y mente,
de torturas, miserias, podredumbres,
de este mundo masacre,
de las pérdidas más crueles,
me río de todo, hostias,
cuando recuerdo ese puto segundo
en que mi lengua entró en tu boca.
Me reí, también, de Dios:
"Mira,
inútil,
como este pringado mortal le saca punta a tu Propósito Divino.
Quédate con tu Paraíso,
pon de gua el Infierno y juega con mi alma a las canicas,
te la regalo,
para mi no vale nada,
es eterna,
y eso ya jode.
Eso sí, la lengua ni me la toques,
el Sentido de la vida no eres Tú,
es mi lengua en la boca de esta mujer.
Payaso.
Que eres un payaso.
No te doy dos hostias porque no te veo.
Y sobretodo, no me hagas caso,
te hablo en broma.
O no.
¿En qué estaba yo?
Ah, sí,
ahora, mordisquito..."
domingo, 7 de febrero de 2010
Cocoáticus Amueblorum Amigustae
.
Los humanos tienen una comprensión clara de todos sus órganos corporales excepto del propio cerebro. No son capaces de deducir por sí mismos y a veces ni de aprender de nadie ni de nada que la singularidad de su cerebro elabora la comunicación con el entorno con una subjetividad particular interesada.
Por ejemplo, si hablamos de los pulmones un humano sabe cuando le funcionan bien o mal, y en caso de faltarle una oxigenación adecuada sabe si la causa es el mal funcionamiento interior orgánico (tiene los pulmones dañados por enfermedad, accidente, malformación innata, etc.) o tiene un origen externo (atmósfera cargada de humo, o de gases tóxicos por una fuga…). Sea cual sea la causa o combinación de causas internas o externas las identifica y distingue perfectamente la medida en que le afecta cada una de ellas.
En cambio, con el cerebro no es posible este auto análisis y auto conocimiento. Los problemas de funcionamiento orgánico los identifica en el exterior y la autoría de esos problemas en las circunstancias y personas del entorno, porque el humano no concibe que sea su cerebro el que configura el mundo, sino que cree que el mundo está ya configurado, y él, el humano, lo analiza "objetivamente". Esta peculiaridad del cerebro humano les permite protegerse de daños morales justificando sus comportamientos más aberrantes, pues es la base de dos grandes máximas de la Especie: “No es mía la culpa” y “Yo tengo la razón”, que aplican en cosas importantes o banales, en abstracciones o en asuntos concretos, en creencias religiosas, filosóficas o empíricas, en su obrar y omitir, y en sus relaciones personales especialmente, pues es de donde obtienen de forma directa lo que necesitan o donde se encuentra aquello de lo que carecen y desean alcanzar, sea algo material, emocional o ambos.
Siguiendo el ejemplo anterior, si este fenómeno de incapacidad de auto análisis orgánico les ocurriera con los pulmones, un enfermo de asma estaría convencido de estar ahogándose por un escape de gas aunque estuviese observando que las personas a su alrededor respiran perfectamente la misma atmósfera.
Pues bien, o tal vez mal, Los humanos, al igual que los Negautocríticos del planeta Estuculpandia, se encuentran en la etapa evolutiva de Cocoáticus Amueblorum Amigustae, Y conscientemente o no, la lógica que elaboran la supeditan a toda la variedad de sus necesidades instintivo-emocionales, sean buenas o malas para sí mismos o sean beneficiosas o perjudiciales para sus congéneres. Por supuesto, desarrollan su lógica a su conveniencia aunque la tengan que forzar hasta lo irrazonablemente ridículo, para que no choque con los condicionamientos que les han inculcado sus educadores y entorno cultural, y mucho menos perjudique el logro de sus propios intereses materiales, sexuales, emocionales, afectivos, etc.
Esta peculiaridad les hace no ser conscientes de que la valoración de “Lógico”, que explica la “Verdad” y lo que sería lo “Justo”, no es otra cosa que un concepción de la existencia basada en lo que es mejor para uno mismo cargada de egoísmo y de indiferencia hacia las necesidades de los demás.
Mi experiencia de esta realidad cerebral es directa desde que tengo mi consciencia implantada en un cerebro humano, por lo tanto, sólo soy consciente de lo descrito en este informe por haberlo observado en todos los seres humanos y porque otros seres humanos, acertadamente, han señalado en mi este mecanismo, cuya existencia acepto aunque no la perciba por encontrarse en un plano inconsciente de mi órgano pensante.
Eso explica que sea imposible hacer creer a un humano que sus rasgos de personalidad son los que ven los demás seres humanos y no los que él mismo cree tener, es decir, si un humano leyera este informe (Glubs, me habrían descubierto, me veo en una sala de disección), su pensamiento sería “Es verdad, eso es lo que le ocurre a M… y a J… y a…”, nuca pensaría “Es verdad, a mi me pasa, yo lo hago”, porque para un humano no existe aquello que no es capaz de discernir, aunque lo esté protagonizando.
.
Los humanos tienen una comprensión clara de todos sus órganos corporales excepto del propio cerebro. No son capaces de deducir por sí mismos y a veces ni de aprender de nadie ni de nada que la singularidad de su cerebro elabora la comunicación con el entorno con una subjetividad particular interesada.
Por ejemplo, si hablamos de los pulmones un humano sabe cuando le funcionan bien o mal, y en caso de faltarle una oxigenación adecuada sabe si la causa es el mal funcionamiento interior orgánico (tiene los pulmones dañados por enfermedad, accidente, malformación innata, etc.) o tiene un origen externo (atmósfera cargada de humo, o de gases tóxicos por una fuga…). Sea cual sea la causa o combinación de causas internas o externas las identifica y distingue perfectamente la medida en que le afecta cada una de ellas.
En cambio, con el cerebro no es posible este auto análisis y auto conocimiento. Los problemas de funcionamiento orgánico los identifica en el exterior y la autoría de esos problemas en las circunstancias y personas del entorno, porque el humano no concibe que sea su cerebro el que configura el mundo, sino que cree que el mundo está ya configurado, y él, el humano, lo analiza "objetivamente". Esta peculiaridad del cerebro humano les permite protegerse de daños morales justificando sus comportamientos más aberrantes, pues es la base de dos grandes máximas de la Especie: “No es mía la culpa” y “Yo tengo la razón”, que aplican en cosas importantes o banales, en abstracciones o en asuntos concretos, en creencias religiosas, filosóficas o empíricas, en su obrar y omitir, y en sus relaciones personales especialmente, pues es de donde obtienen de forma directa lo que necesitan o donde se encuentra aquello de lo que carecen y desean alcanzar, sea algo material, emocional o ambos.
Siguiendo el ejemplo anterior, si este fenómeno de incapacidad de auto análisis orgánico les ocurriera con los pulmones, un enfermo de asma estaría convencido de estar ahogándose por un escape de gas aunque estuviese observando que las personas a su alrededor respiran perfectamente la misma atmósfera.
Pues bien, o tal vez mal, Los humanos, al igual que los Negautocríticos del planeta Estuculpandia, se encuentran en la etapa evolutiva de Cocoáticus Amueblorum Amigustae, Y conscientemente o no, la lógica que elaboran la supeditan a toda la variedad de sus necesidades instintivo-emocionales, sean buenas o malas para sí mismos o sean beneficiosas o perjudiciales para sus congéneres. Por supuesto, desarrollan su lógica a su conveniencia aunque la tengan que forzar hasta lo irrazonablemente ridículo, para que no choque con los condicionamientos que les han inculcado sus educadores y entorno cultural, y mucho menos perjudique el logro de sus propios intereses materiales, sexuales, emocionales, afectivos, etc.
Esta peculiaridad les hace no ser conscientes de que la valoración de “Lógico”, que explica la “Verdad” y lo que sería lo “Justo”, no es otra cosa que un concepción de la existencia basada en lo que es mejor para uno mismo cargada de egoísmo y de indiferencia hacia las necesidades de los demás.
Mi experiencia de esta realidad cerebral es directa desde que tengo mi consciencia implantada en un cerebro humano, por lo tanto, sólo soy consciente de lo descrito en este informe por haberlo observado en todos los seres humanos y porque otros seres humanos, acertadamente, han señalado en mi este mecanismo, cuya existencia acepto aunque no la perciba por encontrarse en un plano inconsciente de mi órgano pensante.
Eso explica que sea imposible hacer creer a un humano que sus rasgos de personalidad son los que ven los demás seres humanos y no los que él mismo cree tener, es decir, si un humano leyera este informe (Glubs, me habrían descubierto, me veo en una sala de disección), su pensamiento sería “Es verdad, eso es lo que le ocurre a M… y a J… y a…”, nuca pensaría “Es verdad, a mi me pasa, yo lo hago”, porque para un humano no existe aquello que no es capaz de discernir, aunque lo esté protagonizando.
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Etiquetas:
Filosofeando (con perdón),
Locuán y Absurdilandia
Nosé Siesdiós
En un lugar de tal nombre,
el cual no oso recordar,
nació varón, o tal vez no,
de triste sino sin par,
un monstruo aborrecible
de apariencia singular
cuyo caso estremece
sólo oírlo comenzar.
Su madre, más que hermosa,
su padre, todo un galán,
no entienden los vecinos
cómo fueron a engendrar
una especie de mierda,
horror de la humanidad.
El día que vino al mundo
tanta cruel fealdad
atendía el quirófano
y ala de maternidad
comadrona veterana
de la guerra del Vietnam,
mujer de alma curtida
consciente de la maldad
que al hombre inocente
puede el destino guardar.
Mas no le sirvió de mucho,
pues viendo aquello llegar
cayó al suelo desmallada
o muerta, lo mismo da.
Aquí es cuando comienza
la pesadilla de verdad.
El padre coge al rorro
y lo tira a la basura.
"Criaremos la placenta,
es más hermosa, sin duda".
Pero la madre, más dura:
"Me da igual lo que sea,
quiero a la criatura”.
No queda otro remedio.
El padre blasfema y jura,
abre el contenedor,
lo revuelve y rebusca
y entre los desperdicios
no halla la cosa absurda:
muchos restos hay de abortos,
así de bien se camufla.
Ya agotado descansa
y observa mientras suda
cómo palpita y llora
un trozo de carne cruda:
"Ahí está, lo encontré".
Lo coge con mano ruda
y lo da a su esposa,
que al verlo se asusta.
La pálida madre piensa:
"Maldito está mi cuerpo
si tal diablo alumbra".
Y, a su pesar, lo besa
maternal contra natura.
Han pasado varios días
y es justo bautizarlo
por darlo, al menos, nombre,
no por hacerlo cristiano,
hecho cual es imposible,
su informe cuerpo dado.
Llevan al abominable
una tarde de relámpagos
a la iglesia del pueblo,
donde el cura, avisado,
espera con impaciencia
por lo que han hablado
de la cosa que le traen
al sacramento sagrado.
Entran todos en el templo:
los padres y congregados;
ocultan al bicho dentro
de una caja de zapatos.
Se llegan al pulcro altar,
donde posan con cuidado
por miedo a que despierte
aquel ser inacabado.
El cura abre la tapa
y trata, esfuerzo vano,
de contener la emoción.
A la cabeza las manos
se lleva y regurgita.
"¡El maligno ha llegado!"
Grita y quiere escapar,
pero domina el pánico
respira hondo y piensa:
"No obstante, es humano.
Dame fuerzas, Señor mío,
en este momento malo,
que no lo conocí peor,
¡y mira que pasé años
sirviendo de misionero
en los pueblos africanos!"
Hace corazón con tripa
y sin pie a más preámbulo
comienza la ceremonia
con los nervios desatados.
Al tanto, dice la madre:
- Padre, se ha equivocado,
mire que eso es el vómito
lo que está bautizando.
- Vaya, es verdad. Perdón.
Parece su fiel retrato.
Por cierto, no me han dicho
con que nombre castigarlo.
El padre de la cosa
responde desconsolado:
- Usted sabrá señor cura,
nosotros estamos hartos
de buscar y no encontrar
el término apropiado.
- Pues yo creo que...No sé...
-¡”Nosé” hemos de llamarlo!
Dice al final la madre
contenta de haber hallado
la palabra que define
mejor el desaguisado.
Ahora las cosas claras,
realizan el rito sacro
y llegado el momento
de dar a la testa baño
con agua de la bendita,
se plantean tiempo largo
la duda en localizar
la cabeza del escarnio,
pero fallan el intento
y deciden (juicio sabio)
empapar todo el cuerpo
por arriba y por abajo.
A todo esto asisten
los prudentes invitados
de espaldas al altar
y sentados en los bancos
en silencio religioso
y con los ojos cerrados,
no sea que la visión
les produzca un desmayo.
Terminado el bautizo,
el cura, trémulo el labio,
anuncia a los feligreses
con voz de senil anciano:
"Quien quiera verlo, que venga;
quien no, vaya en paz, hermanos."
Muchos escapan del templo
con gestos apresurados.
Algunos, más atrevidos,
que se creen muy gallardos,
esnifan un polvo blanco
y dan la cara a Nosé
para huir espantados
entre fuertes alaridos
todo el rostro tan pálido
como en el cementerio
lucen estatuas de mármol.
Y nada más hay que decir
de este triste día, salvo
que no siguen la costumbre
muy antigua en estos pagos
de arrojar caramelos
por el aire a puñados,
y dan antidepresivos
sin pena ni embarazo,
y un vale para recibir
un tratamiento psiquiátrico
con el que poder superar
un suceso tan nefasto.
Episodio concluido,
prosiguen, como veremos,
los sorprendentes detalles
que de este caso recuerdo.
Y así puedo afirmar
que no hubo sobre el suelo
ni bajo manto celeste
un cuento así de ameno
que no por entretenido
deja de ser más que cierto.
Ahora mismo regresa
al córtex de mi cerebro
lo ocurrido el día
que llevaron, sí, al médico
por primera y última vez
al malogrado engendro...
No está el niño malo,
no se ha puesto enfermo,
sólo desean sus padres
identificar el cuerpo,
para el cual imposible
le llevan a un experto
pediatra de gran prestigio
y hombre de mente abierto.
Ya entran en la consulta
los padres de lo no bello,
tienen al indescriptible
en el interior de un cesto.
Lo vuelcan sobre la mesa
del contrariado galeno,
el cual no entiende nada
y dice a todo esto:
- ¿Para qué me traen sobras
si se me murió el perro?
- Esto es el hijo nuestro.
- ¿Me toman, par de dementes,
por el pito de un sereno?
Saquen ya de mi consulta
esos asquerosos restos
y digan a quien los vende
que es un mal carnicero
porque no sabe cortar
y ofrece fatal género
con el que dar de comer
a animales domésticos.
- ¡Que no es resto de carne,
es mi hijo el esperpento!
Grita la madre furiosa,
y sin ningún miramiento
golpea a Nosé con el bolso
y el niño, descontento,
se retuerce serpentino
como un apache guerrero
que se arrastra por tierra
para rajarle el cuello
al incauto rostro-pálido
en un rodaje mal hecho.
El sanitario sospecha
que está siendo objeto
de una de esas bromas
del Objetivo Indiscreto:
"¡Ja! A mi no me engañan,
con el robot que han puesto
dentro de los desperdicios
ni con actores tan buenos.
¿Dónde fijaron la cámara?
¿Me dejan saludar? ¿Puedo?"
El padre, desesperado,
dice: "Juro por mis muertos,
por lo sagrado divino,
por mi honor de caballero,
por el cielo y la tierra,
por de mi muerte el lecho,
y que me parta mal rayo
si en lo que digo miento,
que esta aberración
es el hijo de mis huevos”.
- ¡Magnífico en su papel!
¡Bravo! ¡Bravo! ¡Gran talento!
¿Se atreve usted con Chéspir?
¿Sabe hacer el Otelo?
Mucho ha de llover para
que un embalse sea lleno,
pero una sola gota
lo colma cuando es pleno
y entonces se rebosa
e inunda el terreno
y se lleva por delante
lo que encuentra por el medio.
Así murió la paciencia
de los padres del tremendo,
intentando explicarse
en más de veinte intentos.
La rabia, la ira, el odio,
como un tupido velo
sobre la razón corrido
cubrieron su entendimiento
y allí hubo de todo
menos abrazos y besos:
la madre, enloquecida,
quiere arrancar el pelo
al incrédulo pediatra
y con hebras de cabello
en las manos le insulta
de "farsante curandero".
El padre, menos tranquilo,
en estampida el cencerro
es de un toro y pega
enérgico y certero
patadas en los armarios
que guardan medicamentos.
Rompe cristales y muebles
y toda clase de objetos.
Treinta minutos más tarde
tienen que explicarse dentro
de un juzgado de guardia
donde no admiten ruegos
ni excusas, ni disculpas
ante hechos tan cruentos.
Días más tarde, el pago
de la multa satisfecho,
conducen al niño Nosé
(tan empecinados ellos)
ante un veterinario
de los que dicen muy buenos
por sanar variada fauna
del animal todo el reino.
Aquel hombre, profesional
que todos creían serio,
reacciona de forma que
viendo el contra-monumento,
de la risa que le entra,
a poco parte el pecho
y exclama pegando saltos:
“¡Eureka! ¡Mío! ¡Lo tengo!
¡Mi hijo extraterrestre
en un humano injerto!”
Si hasta aquí les parece
falacia esta historia,
de aquí en adelante
no una, sino dos moscas
por detrás de las orejas
tendrán zumbando sonoras
por lo cual pido, favor,
a toda aquella persona
que no lo crea y se enfade,
piense lo que a mí me toca:
sólo soy un policía
que ha pasado muchas horas
investigando este caso
y a los que testimonian
los sucesos ocurridos
aquella mañana tonta.
Aquí relato los hechos
y adjunto una nota
encontrada en el lugar,
cuyo contenido broma
parece de un gracioso,
aunque pesada, curiosa:
una energía rodea
al veterinario y borra
su apariencia externa
antes humana y ahora
alienígena entera,
y aunque menos hermosa
que la forma de Nosé,
semeja acertada copia,
por lo cual pensamos que
ambos son la misma cosa
venidos de algún mundo
cuya ubicación se ignora.
A los gritos de los padres
de Nosé, una presurosa
multitud acude rauda
y se queda con la boca
abierta ante el cuadro
como de comedia loca
que allí se representa.
Los dos seres son antorchas
de una luz refulgente
y giran como dos peonzas
ascendiendo en el aire
y emitiendo vistosas
chispas, destellos y rayos
que verlos es una gloria.
"¡Milagro!" -se oyen voces-
"¿No será Dios?" -dicen otras-
Y una emocionada:
"No se si es Dios, pero mola”.
Entonces, los dos unidos
en una entidad sola
salen disparados hacia
el exterior como postas
atravesando la pared
como si no fuese sólida.
Algunos rezan devotos,
otros se quedan de roca.
El uno emocionado
a la ventana se asoma
para ver una estrella
que asciende esplendorosa.
La que ha perdido un hijo,
aunque aliviada, llora.
En la mesa del despacho
fue encontrada esta nota
escrita por aquel ser
a modo de explicatoria:
"Allá de donde procedo
es mi raza tan hermosa
que la Confederación
Galáctica envidiosa
nos condenó a vagar
como solitarias sombras
para realizar así
la función reproductora
con otras formas de vida
retrasadas y asquerosas.
Seguimos teniendo hijos,
eso es lo que importa.
Nos da igual la vergüenza
de haber perdido la honra.
Espero que me disculpe
la invasión tan impropia
realizada en el útero
de su espantosa esposa.
De extraterrestre a hombre,
un abrazo de X-2A".
Sólo me queda exponer
las secuelas dolorosas:
un marido desgraciado
por la cornamenta cósmica;
una mujer deprimida
por la pena abrumadora
de perder hijo y amante
en esa profunda fosa
desconocida e insondable
que es la celeste bóveda;
y la fundación reciente
de una secta religiosa
que intenta buscar a Dios
Padre mediante la cópula
con entidades venidas
de entre las nebulosas.
Esto es todo lo que hay.
Yo, sumido en mi derrota,
seriamente afectado
por certezas horrorosas
me retiro a un monasterio
para hacer vida propia
de asceta abandonado
en la más extrema inopia.
Tal vez así me alivie
de la angustia que me acosa.
el cual no oso recordar,
nació varón, o tal vez no,
de triste sino sin par,
un monstruo aborrecible
de apariencia singular
cuyo caso estremece
sólo oírlo comenzar.
Su madre, más que hermosa,
su padre, todo un galán,
no entienden los vecinos
cómo fueron a engendrar
una especie de mierda,
horror de la humanidad.
El día que vino al mundo
tanta cruel fealdad
atendía el quirófano
y ala de maternidad
comadrona veterana
de la guerra del Vietnam,
mujer de alma curtida
consciente de la maldad
que al hombre inocente
puede el destino guardar.
Mas no le sirvió de mucho,
pues viendo aquello llegar
cayó al suelo desmallada
o muerta, lo mismo da.
Aquí es cuando comienza
la pesadilla de verdad.
El padre coge al rorro
y lo tira a la basura.
"Criaremos la placenta,
es más hermosa, sin duda".
Pero la madre, más dura:
"Me da igual lo que sea,
quiero a la criatura”.
No queda otro remedio.
El padre blasfema y jura,
abre el contenedor,
lo revuelve y rebusca
y entre los desperdicios
no halla la cosa absurda:
muchos restos hay de abortos,
así de bien se camufla.
Ya agotado descansa
y observa mientras suda
cómo palpita y llora
un trozo de carne cruda:
"Ahí está, lo encontré".
Lo coge con mano ruda
y lo da a su esposa,
que al verlo se asusta.
La pálida madre piensa:
"Maldito está mi cuerpo
si tal diablo alumbra".
Y, a su pesar, lo besa
maternal contra natura.
Han pasado varios días
y es justo bautizarlo
por darlo, al menos, nombre,
no por hacerlo cristiano,
hecho cual es imposible,
su informe cuerpo dado.
Llevan al abominable
una tarde de relámpagos
a la iglesia del pueblo,
donde el cura, avisado,
espera con impaciencia
por lo que han hablado
de la cosa que le traen
al sacramento sagrado.
Entran todos en el templo:
los padres y congregados;
ocultan al bicho dentro
de una caja de zapatos.
Se llegan al pulcro altar,
donde posan con cuidado
por miedo a que despierte
aquel ser inacabado.
El cura abre la tapa
y trata, esfuerzo vano,
de contener la emoción.
A la cabeza las manos
se lleva y regurgita.
"¡El maligno ha llegado!"
Grita y quiere escapar,
pero domina el pánico
respira hondo y piensa:
"No obstante, es humano.
Dame fuerzas, Señor mío,
en este momento malo,
que no lo conocí peor,
¡y mira que pasé años
sirviendo de misionero
en los pueblos africanos!"
Hace corazón con tripa
y sin pie a más preámbulo
comienza la ceremonia
con los nervios desatados.
Al tanto, dice la madre:
- Padre, se ha equivocado,
mire que eso es el vómito
lo que está bautizando.
- Vaya, es verdad. Perdón.
Parece su fiel retrato.
Por cierto, no me han dicho
con que nombre castigarlo.
El padre de la cosa
responde desconsolado:
- Usted sabrá señor cura,
nosotros estamos hartos
de buscar y no encontrar
el término apropiado.
- Pues yo creo que...No sé...
-¡”Nosé” hemos de llamarlo!
Dice al final la madre
contenta de haber hallado
la palabra que define
mejor el desaguisado.
Ahora las cosas claras,
realizan el rito sacro
y llegado el momento
de dar a la testa baño
con agua de la bendita,
se plantean tiempo largo
la duda en localizar
la cabeza del escarnio,
pero fallan el intento
y deciden (juicio sabio)
empapar todo el cuerpo
por arriba y por abajo.
A todo esto asisten
los prudentes invitados
de espaldas al altar
y sentados en los bancos
en silencio religioso
y con los ojos cerrados,
no sea que la visión
les produzca un desmayo.
Terminado el bautizo,
el cura, trémulo el labio,
anuncia a los feligreses
con voz de senil anciano:
"Quien quiera verlo, que venga;
quien no, vaya en paz, hermanos."
Muchos escapan del templo
con gestos apresurados.
Algunos, más atrevidos,
que se creen muy gallardos,
esnifan un polvo blanco
y dan la cara a Nosé
para huir espantados
entre fuertes alaridos
todo el rostro tan pálido
como en el cementerio
lucen estatuas de mármol.
Y nada más hay que decir
de este triste día, salvo
que no siguen la costumbre
muy antigua en estos pagos
de arrojar caramelos
por el aire a puñados,
y dan antidepresivos
sin pena ni embarazo,
y un vale para recibir
un tratamiento psiquiátrico
con el que poder superar
un suceso tan nefasto.
Episodio concluido,
prosiguen, como veremos,
los sorprendentes detalles
que de este caso recuerdo.
Y así puedo afirmar
que no hubo sobre el suelo
ni bajo manto celeste
un cuento así de ameno
que no por entretenido
deja de ser más que cierto.
Ahora mismo regresa
al córtex de mi cerebro
lo ocurrido el día
que llevaron, sí, al médico
por primera y última vez
al malogrado engendro...
No está el niño malo,
no se ha puesto enfermo,
sólo desean sus padres
identificar el cuerpo,
para el cual imposible
le llevan a un experto
pediatra de gran prestigio
y hombre de mente abierto.
Ya entran en la consulta
los padres de lo no bello,
tienen al indescriptible
en el interior de un cesto.
Lo vuelcan sobre la mesa
del contrariado galeno,
el cual no entiende nada
y dice a todo esto:
- ¿Para qué me traen sobras
si se me murió el perro?
- Esto es el hijo nuestro.
- ¿Me toman, par de dementes,
por el pito de un sereno?
Saquen ya de mi consulta
esos asquerosos restos
y digan a quien los vende
que es un mal carnicero
porque no sabe cortar
y ofrece fatal género
con el que dar de comer
a animales domésticos.
- ¡Que no es resto de carne,
es mi hijo el esperpento!
Grita la madre furiosa,
y sin ningún miramiento
golpea a Nosé con el bolso
y el niño, descontento,
se retuerce serpentino
como un apache guerrero
que se arrastra por tierra
para rajarle el cuello
al incauto rostro-pálido
en un rodaje mal hecho.
El sanitario sospecha
que está siendo objeto
de una de esas bromas
del Objetivo Indiscreto:
"¡Ja! A mi no me engañan,
con el robot que han puesto
dentro de los desperdicios
ni con actores tan buenos.
¿Dónde fijaron la cámara?
¿Me dejan saludar? ¿Puedo?"
El padre, desesperado,
dice: "Juro por mis muertos,
por lo sagrado divino,
por mi honor de caballero,
por el cielo y la tierra,
por de mi muerte el lecho,
y que me parta mal rayo
si en lo que digo miento,
que esta aberración
es el hijo de mis huevos”.
- ¡Magnífico en su papel!
¡Bravo! ¡Bravo! ¡Gran talento!
¿Se atreve usted con Chéspir?
¿Sabe hacer el Otelo?
Mucho ha de llover para
que un embalse sea lleno,
pero una sola gota
lo colma cuando es pleno
y entonces se rebosa
e inunda el terreno
y se lleva por delante
lo que encuentra por el medio.
Así murió la paciencia
de los padres del tremendo,
intentando explicarse
en más de veinte intentos.
La rabia, la ira, el odio,
como un tupido velo
sobre la razón corrido
cubrieron su entendimiento
y allí hubo de todo
menos abrazos y besos:
la madre, enloquecida,
quiere arrancar el pelo
al incrédulo pediatra
y con hebras de cabello
en las manos le insulta
de "farsante curandero".
El padre, menos tranquilo,
en estampida el cencerro
es de un toro y pega
enérgico y certero
patadas en los armarios
que guardan medicamentos.
Rompe cristales y muebles
y toda clase de objetos.
Treinta minutos más tarde
tienen que explicarse dentro
de un juzgado de guardia
donde no admiten ruegos
ni excusas, ni disculpas
ante hechos tan cruentos.
Días más tarde, el pago
de la multa satisfecho,
conducen al niño Nosé
(tan empecinados ellos)
ante un veterinario
de los que dicen muy buenos
por sanar variada fauna
del animal todo el reino.
Aquel hombre, profesional
que todos creían serio,
reacciona de forma que
viendo el contra-monumento,
de la risa que le entra,
a poco parte el pecho
y exclama pegando saltos:
“¡Eureka! ¡Mío! ¡Lo tengo!
¡Mi hijo extraterrestre
en un humano injerto!”
Si hasta aquí les parece
falacia esta historia,
de aquí en adelante
no una, sino dos moscas
por detrás de las orejas
tendrán zumbando sonoras
por lo cual pido, favor,
a toda aquella persona
que no lo crea y se enfade,
piense lo que a mí me toca:
sólo soy un policía
que ha pasado muchas horas
investigando este caso
y a los que testimonian
los sucesos ocurridos
aquella mañana tonta.
Aquí relato los hechos
y adjunto una nota
encontrada en el lugar,
cuyo contenido broma
parece de un gracioso,
aunque pesada, curiosa:
una energía rodea
al veterinario y borra
su apariencia externa
antes humana y ahora
alienígena entera,
y aunque menos hermosa
que la forma de Nosé,
semeja acertada copia,
por lo cual pensamos que
ambos son la misma cosa
venidos de algún mundo
cuya ubicación se ignora.
A los gritos de los padres
de Nosé, una presurosa
multitud acude rauda
y se queda con la boca
abierta ante el cuadro
como de comedia loca
que allí se representa.
Los dos seres son antorchas
de una luz refulgente
y giran como dos peonzas
ascendiendo en el aire
y emitiendo vistosas
chispas, destellos y rayos
que verlos es una gloria.
"¡Milagro!" -se oyen voces-
"¿No será Dios?" -dicen otras-
Y una emocionada:
"No se si es Dios, pero mola”.
Entonces, los dos unidos
en una entidad sola
salen disparados hacia
el exterior como postas
atravesando la pared
como si no fuese sólida.
Algunos rezan devotos,
otros se quedan de roca.
El uno emocionado
a la ventana se asoma
para ver una estrella
que asciende esplendorosa.
La que ha perdido un hijo,
aunque aliviada, llora.
En la mesa del despacho
fue encontrada esta nota
escrita por aquel ser
a modo de explicatoria:
"Allá de donde procedo
es mi raza tan hermosa
que la Confederación
Galáctica envidiosa
nos condenó a vagar
como solitarias sombras
para realizar así
la función reproductora
con otras formas de vida
retrasadas y asquerosas.
Seguimos teniendo hijos,
eso es lo que importa.
Nos da igual la vergüenza
de haber perdido la honra.
Espero que me disculpe
la invasión tan impropia
realizada en el útero
de su espantosa esposa.
De extraterrestre a hombre,
un abrazo de X-2A".
Sólo me queda exponer
las secuelas dolorosas:
un marido desgraciado
por la cornamenta cósmica;
una mujer deprimida
por la pena abrumadora
de perder hijo y amante
en esa profunda fosa
desconocida e insondable
que es la celeste bóveda;
y la fundación reciente
de una secta religiosa
que intenta buscar a Dios
Padre mediante la cópula
con entidades venidas
de entre las nebulosas.
Esto es todo lo que hay.
Yo, sumido en mi derrota,
seriamente afectado
por certezas horrorosas
me retiro a un monasterio
para hacer vida propia
de asceta abandonado
en la más extrema inopia.
Tal vez así me alivie
de la angustia que me acosa.
jueves, 4 de febrero de 2010
No sin mi miga
En el día de ayer, un gorrión común fue detenido por efectivos de la policía en el Parque Coronel Pasaviejo Tirapán. El individuo, de unos dos años de edad, color marrón, gris y blanco, ojos negros y complexión fuerte, mantuvo retenido durante nueve horas sin dejar de apuntarle todo el tiempo con el pico a un ojo a un perro de raza Malamute de Alaska , jubilado de tiro de trineo y residente en Cantabria. Según testigos que pasaban por el lugar preguntando por Jehová, el pájaro habría pretendido apoderarse de una miga de pan caída de un bocadillo de atún en aceite de oliva, propiedad de Iko Mosuda Mikán, súbdita nipona afincada en la finca de la Perrera Municipal de Santander, donde es propietaria de un embalaje de nevera, una manta mugrienta y un paquete de tabaco vacío. El perro, enfermo de inanición mórbida, sufrió un esguince de mandíbula al intentar atrapar con las fauces al peligroso volátil, momento en que éste aprovechó la indefensión del valiente cánido para convertirlo en rehén y amenazarlo de vaciado orbitocular izquierdo (Textualmente: "¡PIO! ¡PIO! ¡PIOOOOOOOOOOOOOOOOOO!").
Una vez rodeado por el Cuerpo Especial de Operaciones de la Policía, compuesto por un negociador, treinta francotiradores de Elite, provincia de Cáceres, y dos helicópteros de seguimiento, comandado el operativo por la comisaria Ana Márquez Alamera, el secuestrador exigió una galleta Fontaneda Digestive sin sal ni azúcar y con semillas de sésamo, así como un autobús del Transporte Urbano de Santander de la Linea 1 o la Linea 2, para darse a la fuga hacia la C/ Los Ciruelos, barrio El Alisal, donde tiene el nido en un sicomoro.
La sagaz Comisaria Márquez puso fin al secuestro con la manida treta de dejar caer una miga de la galleta cuando se disponía a realizar la entrega, provocando el instintivo salto del plumífero hacia el sabroso cebo, momento en que varios agentes consiguieron reducir al malechor inmovilizándolo en un cartón impregnado con pegamento Rat Stop, de uso solo autorizado en misiones especiales, por la crueldad del método.
Ante la negativa del detenido de devolver la miga ingerida, se ordenó su traslado de urgencia al Hospital Maqués de Lavacinilla, donde le fue extraída la partícula mediante intervención quirúrgica. Ingenieros de Fontaneda S.A. han trabajado durante toda la noche en la recostrucción de la galleta para que pueda ser devuelta a su caja de origen, en Ultramarinos Yolanda Meló Quesmío, C/Centimillo Alpuño Prieto.
Las autoridades esperan que el volátil despierte hoy de la autopsia para poder ponerlo a disposición judicial.
Esto es todo por el momento. Seguiremos vacilando.
Una vez rodeado por el Cuerpo Especial de Operaciones de la Policía, compuesto por un negociador, treinta francotiradores de Elite, provincia de Cáceres, y dos helicópteros de seguimiento, comandado el operativo por la comisaria Ana Márquez Alamera, el secuestrador exigió una galleta Fontaneda Digestive sin sal ni azúcar y con semillas de sésamo, así como un autobús del Transporte Urbano de Santander de la Linea 1 o la Linea 2, para darse a la fuga hacia la C/ Los Ciruelos, barrio El Alisal, donde tiene el nido en un sicomoro.
La sagaz Comisaria Márquez puso fin al secuestro con la manida treta de dejar caer una miga de la galleta cuando se disponía a realizar la entrega, provocando el instintivo salto del plumífero hacia el sabroso cebo, momento en que varios agentes consiguieron reducir al malechor inmovilizándolo en un cartón impregnado con pegamento Rat Stop, de uso solo autorizado en misiones especiales, por la crueldad del método.
Ante la negativa del detenido de devolver la miga ingerida, se ordenó su traslado de urgencia al Hospital Maqués de Lavacinilla, donde le fue extraída la partícula mediante intervención quirúrgica. Ingenieros de Fontaneda S.A. han trabajado durante toda la noche en la recostrucción de la galleta para que pueda ser devuelta a su caja de origen, en Ultramarinos Yolanda Meló Quesmío, C/Centimillo Alpuño Prieto.
Las autoridades esperan que el volátil despierte hoy de la autopsia para poder ponerlo a disposición judicial.
Esto es todo por el momento. Seguiremos vacilando.
miércoles, 3 de febrero de 2010
Escenas de Absurdilandia. Añorando mi planeta
.
- Buenos días.
- Buenos días. Usted dirá.
- Quería un rodillo de cocina para golpear a mi marido.
- ¿Cómo lo quiere?
- Poco y mal.
- Digo el rodillo.
- Ah… Es que no tengo una idea clara. ¿Usted podría ayudarme?
- Claro, mujer, para eso estamos. Dígame la motivación de la necesidad.
- ¿Qué?
- Que por qué casca a su marido.
- Ah, para curarle.
- ¿De qué?
- De Farra Crónica.
- ¿Con amigos?
- No, le quiero curar sola.
- Digo que si la farra la hace con los amigos.
- No, no, solo, solo.
- Mejor, más libertad de vapuleo. ¿Y farrea con frecuencia?
- De lunes a viernes hasta las doce de la noche y fines de semana hasta las cuatro de la mañana, y siempre llega borracho.
- Ya, claro, farra es farra… Me hago cargo… ¿Usted qué nivel tiene en la Escala Universal M.E.C.I.E.G.O. (Medida Estimada de Cabreo Iracundo Expresado con Garrote en Ofuscación).
- No sé, nunca me fui a hacer el examen.
- Vaya. Vamos a ver… Uummmm… ¿Le mataría o le sacaría los ojos?
- Los ojos.
- Con su rodillo actual, ¿ le da solo en la cabeza o en todo el cuerpo?
- En la cabeza, en la cabeza, hijo, como toda la vida, y más ahora, que ya no tengo edad para andar dando donde no duele.
- Bien… ¿Y se queda a gusto o se arrepiente?
- Se queda sin conocimiento.
- Digo usted, no su marido.
- ¿Yo? Yo me arrepiento.
- ¿Al rato o al día siguiente?
- En cuanto se cae al suelo.
- Oiga, señora, usted es muy buena persona, ¿eh?
- Si ya me lo dice mi cuñada, que lo mío no es pegar, que lo que yo hago es apartar con cariño.
- Pues calculo que usted no puntúa más de 3,5 en la escala M.E.C.I.E.G.O. Como es usted de pegada noble, le recomiendo el rodillo grande ahuecado de la marca Rulo Brechón para mayores de 60 años, que a usted le pesará menos y a su marido le evitará la rotura del craneo. Tome, este es, pruébelo.
- A ver…(¡Ziiiiuuuuuu, ziiiiuuuuuu, ziiiuuuuuuu!)
- ¡Leches! ¡Qué dominio!
- Son años con estas cosas, hijo.
- Sí, pero es que finta usted mejor que Lucas Escaibuolquer en La Guerra las Galaxias.
- Ya ves, hijo, con reuma y todo en el codo… Me gusta, pero me va a cansar un poco los fines de semana, que es cuando más me entrego. Además me pilla recién despertada a las cuatro de la mañana y como no precaliento se me revuelven los reumas.
- En ese caso, le recomiendo el uso del grande entre semana y uno más pequeño para los fines de semana.
- Muy caro me va a salir, niño, y soy pensionista…
- No, si comprendo, pero mire, le hago un descuento por los dos.
- No sé…
- Piense en su salud, el reuma va a más con los años.
- Eso sí…
- Además, le regalo una funda cilindro para viaje, una muestra de cera abrillantadora y un paño pulidor.
- ¡Ay, qué bien, eso ya me convence! Y son rodillos de calidad, ¿no?
- ¡Por favor, esto no es un bazar chino, mujer, jajaja! Vendemos en madera de abeto tratada contra polilla, protector antihumedad y con imprimación tapaporos para que no se le agarren las manchas, endurecido en horno calórico, sin nudos, fácil de lavar y le dura toda la vida.
- Pues ya tengo ganas de estrenarlo.
- ¿Y qué ha usado usted hasta ahora?
- Un Rols Rolong mediano.
- ¡¡¡¿Qué me dice?!!!
- Lo que oye. Auténtico.
- ¡Qué barbaridad! Oiga, cuídelo, eso es una joya antigua.
- Como que lo heredé mi abuela, que enterró dos borrachos, y ella de mi bisabuela, que lo usó para defender las barricadas anarquistas del XIX.
- ¿Y su madre de usted…?
- Ni lo tocó.
- ¿Era manca?
- No, no, es que mi padre era un buen hombre… Un raro, o sea.
- ¿Y no ha pensado en venderlo?
- Pero si ya se murió.
- No, su padre no, digo vender el rodillo.
- Ah. Ni hablar, le tengo mucho cariño, y eso que me ha dado mucho trabajo, porque ya se astilla y se le meten los pelos por la madera, hijo, ya es malo de limpiar, ¡y lo que pesa, vaya si pesa!
- ¡¿No va a pesar?! Si es un Rolong: caoba centenaria, veta densa, macizo, mangos de cobre forrados de cuero repujado… De eso le vendrá el reuma.
- ¿Cómo va a tener reuma mi Rolong?
- El suyo, señora, de su codo.
- Ah, sí. Seguro, porque vengo dándole a mi marido desde que nos casamos…
- Pues nada, buena mujer, aquí tiene.
- ¿Qué te debo, niño?
- Diez y ocho cincuenta.
- ¡Señor qué precios! ¡Cómo está la vida! ¡Si es que dan ganas de pegar al marido con la mano!
- ¡Con la mano, jajaja, qué ocurrencia, con la mano, jajaja!
- Ya ves, hijo, jajaja, somos pobres, pero humor nos sobra.
- Jajaja, encantado, señora.
- A más ver, hijo, a más ver…
.
- Buenos días.
- Buenos días. Usted dirá.
- Quería un rodillo de cocina para golpear a mi marido.
- ¿Cómo lo quiere?
- Poco y mal.
- Digo el rodillo.
- Ah… Es que no tengo una idea clara. ¿Usted podría ayudarme?
- Claro, mujer, para eso estamos. Dígame la motivación de la necesidad.
- ¿Qué?
- Que por qué casca a su marido.
- Ah, para curarle.
- ¿De qué?
- De Farra Crónica.
- ¿Con amigos?
- No, le quiero curar sola.
- Digo que si la farra la hace con los amigos.
- No, no, solo, solo.
- Mejor, más libertad de vapuleo. ¿Y farrea con frecuencia?
- De lunes a viernes hasta las doce de la noche y fines de semana hasta las cuatro de la mañana, y siempre llega borracho.
- Ya, claro, farra es farra… Me hago cargo… ¿Usted qué nivel tiene en la Escala Universal M.E.C.I.E.G.O. (Medida Estimada de Cabreo Iracundo Expresado con Garrote en Ofuscación).
- No sé, nunca me fui a hacer el examen.
- Vaya. Vamos a ver… Uummmm… ¿Le mataría o le sacaría los ojos?
- Los ojos.
- Con su rodillo actual, ¿ le da solo en la cabeza o en todo el cuerpo?
- En la cabeza, en la cabeza, hijo, como toda la vida, y más ahora, que ya no tengo edad para andar dando donde no duele.
- Bien… ¿Y se queda a gusto o se arrepiente?
- Se queda sin conocimiento.
- Digo usted, no su marido.
- ¿Yo? Yo me arrepiento.
- ¿Al rato o al día siguiente?
- En cuanto se cae al suelo.
- Oiga, señora, usted es muy buena persona, ¿eh?
- Si ya me lo dice mi cuñada, que lo mío no es pegar, que lo que yo hago es apartar con cariño.
- Pues calculo que usted no puntúa más de 3,5 en la escala M.E.C.I.E.G.O. Como es usted de pegada noble, le recomiendo el rodillo grande ahuecado de la marca Rulo Brechón para mayores de 60 años, que a usted le pesará menos y a su marido le evitará la rotura del craneo. Tome, este es, pruébelo.
- A ver…(¡Ziiiiuuuuuu, ziiiiuuuuuu, ziiiuuuuuuu!)
- ¡Leches! ¡Qué dominio!
- Son años con estas cosas, hijo.
- Sí, pero es que finta usted mejor que Lucas Escaibuolquer en La Guerra las Galaxias.
- Ya ves, hijo, con reuma y todo en el codo… Me gusta, pero me va a cansar un poco los fines de semana, que es cuando más me entrego. Además me pilla recién despertada a las cuatro de la mañana y como no precaliento se me revuelven los reumas.
- En ese caso, le recomiendo el uso del grande entre semana y uno más pequeño para los fines de semana.
- Muy caro me va a salir, niño, y soy pensionista…
- No, si comprendo, pero mire, le hago un descuento por los dos.
- No sé…
- Piense en su salud, el reuma va a más con los años.
- Eso sí…
- Además, le regalo una funda cilindro para viaje, una muestra de cera abrillantadora y un paño pulidor.
- ¡Ay, qué bien, eso ya me convence! Y son rodillos de calidad, ¿no?
- ¡Por favor, esto no es un bazar chino, mujer, jajaja! Vendemos en madera de abeto tratada contra polilla, protector antihumedad y con imprimación tapaporos para que no se le agarren las manchas, endurecido en horno calórico, sin nudos, fácil de lavar y le dura toda la vida.
- Pues ya tengo ganas de estrenarlo.
- ¿Y qué ha usado usted hasta ahora?
- Un Rols Rolong mediano.
- ¡¡¡¿Qué me dice?!!!
- Lo que oye. Auténtico.
- ¡Qué barbaridad! Oiga, cuídelo, eso es una joya antigua.
- Como que lo heredé mi abuela, que enterró dos borrachos, y ella de mi bisabuela, que lo usó para defender las barricadas anarquistas del XIX.
- ¿Y su madre de usted…?
- Ni lo tocó.
- ¿Era manca?
- No, no, es que mi padre era un buen hombre… Un raro, o sea.
- ¿Y no ha pensado en venderlo?
- Pero si ya se murió.
- No, su padre no, digo vender el rodillo.
- Ah. Ni hablar, le tengo mucho cariño, y eso que me ha dado mucho trabajo, porque ya se astilla y se le meten los pelos por la madera, hijo, ya es malo de limpiar, ¡y lo que pesa, vaya si pesa!
- ¡¿No va a pesar?! Si es un Rolong: caoba centenaria, veta densa, macizo, mangos de cobre forrados de cuero repujado… De eso le vendrá el reuma.
- ¿Cómo va a tener reuma mi Rolong?
- El suyo, señora, de su codo.
- Ah, sí. Seguro, porque vengo dándole a mi marido desde que nos casamos…
- Pues nada, buena mujer, aquí tiene.
- ¿Qué te debo, niño?
- Diez y ocho cincuenta.
- ¡Señor qué precios! ¡Cómo está la vida! ¡Si es que dan ganas de pegar al marido con la mano!
- ¡Con la mano, jajaja, qué ocurrencia, con la mano, jajaja!
- Ya ves, hijo, jajaja, somos pobres, pero humor nos sobra.
- Jajaja, encantado, señora.
- A más ver, hijo, a más ver…
.
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Locuán y Absurdilandia
lunes, 1 de febrero de 2010
Confidencias de un terrícola. Trascripción a traición.
MI AMIGO DIOS
El Señor me habló en sueños y me dijo:
- Tengo un plan para ti: En el primer recodo de tu camino pondré un Soberbio; en el segundo, un Envidioso; en el tercero, un Avaro; en el cuarto, un Ladrón; en el quinto, un Mentiroso; en el sexto, un Egoísta; en el séptimo, un Traidor; en el octavo, un Ladino; en el noveno, un Vanidoso; en el décimo, un Vago...
- Gracias, Dios mío, pero... ¿y qué tal un caminito sin recodos? ¿Eh? Todo recto, ¿eh? Una rubia cada cincuenta metros, ¿eh? Un bar cada cien, ¿eh? ¿Eh?
- Guarda silencio y escucha, Pedro: cada Malévolo será una prueba a superar que te hará más sabio, más noble, más prudente, más digno...
- Espera, espera, para, Dios, que me pierdo, Colega. Por partes, como los proctólogos. Primero: Tengo amigos que juntan toda esa alforja de taras y los veo todos los días, ¿para qué quieres que conozca a toda esa peña de los recodos, Tío? Segundo: ¿Por qué tengo yo que hacer de Dignoputeao? Me dejas un recodo libre y me pones de Vago, Chaval. Tercero: ¿Sabio? ¿Y qué? A los sabios se la meten doblada de vez en cuando, como a todo el mundo. Cuarto: ¿Lo de "Prudente" es broma, verdad? Joer, que me conoces, que soy un fatalista patológico, que voy por la autopista a ochenta por hora y más mosqueao que un Palestino en una sinagoga, en el maletero dos chalecos, cuatro triángulos, botiquín profesional, doble juego de luces, extintor, cadenas, manta de viaje, paraguas, poncho, nevera con diez litros de sangre por si necesito transfusión...
- Y más paciente.
- ¿Qué dices, Tronco? ¿Herbívoro?
- Paciente de "Paciencia", no de "Pacer".
- Ah. Y tan paciente. Yo como un bendito planeando paseo por el campo sin meterme con nadie y Tú poniéndome a todos estos mantas en medio, estorbando en cada curva. Mira, que yo sepa, no sé si voy a salir de casa hoy, lo sepas, o sea, lo sabes, que lo sabes todo, como si vieras la tele rosa.
- Quien me rehuye tropieza conmigo, pues estoy en todo lugar.
- Qué frases tan bonitas te salen... No, si no eres Dios a dedo, te lo ganas. Un tipo normal para llegar a hablar así tiene que fumarse dos plantaciones de marihuana, lo menos, tirando por lo bajo.
- Has de fortalecer tu paciencia, Pedro, y entregarte a las buenas obras con voluntad de sacrificio por los demás.
- Jo, Pesao eres, pero tienes razón en lo de las buenas obras, porque ahora estoy en una urbanización armando las arquetas de los desagües y cuando llueve me llega el barro hasta la línea de flotación de los huevos.
- ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!
- Ya sabía que te ibas a reír. Qué maricón eres. Si ya sé que te lo pasas como un enano puteándome. ¿Me vas a decir que no? Tú eres Dios, Macho, Todopoderoso, si lo puedes Todo, también puedes pasártelo como un enano riéndote de mi. Pelín retorcido eres. Cabrito. ¿No te da igual ponerme en La Isla de los Famosos con la plantilla de nenas del Telecupón? ¿No? Si te ibas a reír el doble nada más verme la cara de capullo que se me quedaba crónica...
- ¡JAJAJAJAJAJAJJAJAJJAJAJAJJAJAJAJJAJAJJAJAJAJJAJAJAJJAJAJA!
Y mientras Dios se reía, pero lo que es reírse, o sea, sin conocimiento, como aquel día de la borrachera, que le dio por crear el mundo, me desperté.
El Señor me habló en sueños y me dijo:
- Tengo un plan para ti: En el primer recodo de tu camino pondré un Soberbio; en el segundo, un Envidioso; en el tercero, un Avaro; en el cuarto, un Ladrón; en el quinto, un Mentiroso; en el sexto, un Egoísta; en el séptimo, un Traidor; en el octavo, un Ladino; en el noveno, un Vanidoso; en el décimo, un Vago...
- Gracias, Dios mío, pero... ¿y qué tal un caminito sin recodos? ¿Eh? Todo recto, ¿eh? Una rubia cada cincuenta metros, ¿eh? Un bar cada cien, ¿eh? ¿Eh?
- Guarda silencio y escucha, Pedro: cada Malévolo será una prueba a superar que te hará más sabio, más noble, más prudente, más digno...
- Espera, espera, para, Dios, que me pierdo, Colega. Por partes, como los proctólogos. Primero: Tengo amigos que juntan toda esa alforja de taras y los veo todos los días, ¿para qué quieres que conozca a toda esa peña de los recodos, Tío? Segundo: ¿Por qué tengo yo que hacer de Dignoputeao? Me dejas un recodo libre y me pones de Vago, Chaval. Tercero: ¿Sabio? ¿Y qué? A los sabios se la meten doblada de vez en cuando, como a todo el mundo. Cuarto: ¿Lo de "Prudente" es broma, verdad? Joer, que me conoces, que soy un fatalista patológico, que voy por la autopista a ochenta por hora y más mosqueao que un Palestino en una sinagoga, en el maletero dos chalecos, cuatro triángulos, botiquín profesional, doble juego de luces, extintor, cadenas, manta de viaje, paraguas, poncho, nevera con diez litros de sangre por si necesito transfusión...
- Y más paciente.
- ¿Qué dices, Tronco? ¿Herbívoro?
- Paciente de "Paciencia", no de "Pacer".
- Ah. Y tan paciente. Yo como un bendito planeando paseo por el campo sin meterme con nadie y Tú poniéndome a todos estos mantas en medio, estorbando en cada curva. Mira, que yo sepa, no sé si voy a salir de casa hoy, lo sepas, o sea, lo sabes, que lo sabes todo, como si vieras la tele rosa.
- Quien me rehuye tropieza conmigo, pues estoy en todo lugar.
- Qué frases tan bonitas te salen... No, si no eres Dios a dedo, te lo ganas. Un tipo normal para llegar a hablar así tiene que fumarse dos plantaciones de marihuana, lo menos, tirando por lo bajo.
- Has de fortalecer tu paciencia, Pedro, y entregarte a las buenas obras con voluntad de sacrificio por los demás.
- Jo, Pesao eres, pero tienes razón en lo de las buenas obras, porque ahora estoy en una urbanización armando las arquetas de los desagües y cuando llueve me llega el barro hasta la línea de flotación de los huevos.
- ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!
- Ya sabía que te ibas a reír. Qué maricón eres. Si ya sé que te lo pasas como un enano puteándome. ¿Me vas a decir que no? Tú eres Dios, Macho, Todopoderoso, si lo puedes Todo, también puedes pasártelo como un enano riéndote de mi. Pelín retorcido eres. Cabrito. ¿No te da igual ponerme en La Isla de los Famosos con la plantilla de nenas del Telecupón? ¿No? Si te ibas a reír el doble nada más verme la cara de capullo que se me quedaba crónica...
- ¡JAJAJAJAJAJAJJAJAJJAJAJAJJAJAJAJJAJAJJAJAJAJJAJAJAJJAJAJA!
Y mientras Dios se reía, pero lo que es reírse, o sea, sin conocimiento, como aquel día de la borrachera, que le dio por crear el mundo, me desperté.
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