sábado, 25 de abril de 2009

Delirios primaverales

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En el parque se forma un bosque imposible de especies venidas de distintos continentes. Como los árboles, los ancianos también tienen hojas. Las leen, las pasan, las leen. Las palomas limpian los parques de migas, después vuelan y cagan las fachadas. Es justo. Devuelven la suciedad a sus propietarios. Las chicas guapas se ponen tacones para pasear por el parque, por si alguien se despista, el tacón avisa: “mírame”, dice, “me pongo guapa para que me valores, hoy tardé una hora en acicalarme, reconóceme, no soy nadie si no te gusto, no me gusto a mí misma, si no te gusto”. Qué cruel la naturaleza con las mujeres, tanto esfuerzo romántico valorado sólo como carne de cópula. Los adolescentes han salido al recreo del instituto. Muchos adoptan poses indolentes, de estar de vuelta, hastiados, de superioridad no impresionable por el entorno: así compensan sus frustraciones, con gestos físicos que quieren decir en público: “¿y a mí qué me importa si no me idolatráis?, ¿qué me importa que no me esté morreando con la tía más buena del instituto? ¿qué me importa que no tenga una ropa de marca distinta para cada año?” Pobres, pasan directamente de ser los reyes de la casa a víctimas de una sociedad que les convence de que tienen derecho al paraíso soñado que les inculca la cultura que les manipula. Por cierto, veo que la crisis no es para todos. Algunos de estos chavales cascan tres euros al día (sesenta al mes) en pinchos de tortilla y refrescos en el bar de al lado. Hacen bien, llevar peso de casa daña las lumbares. Papá y mamá lo ganan bien. ¿Qué significa ganarlo bien? Ganarlo a costa de quien lo gana mal. Me identifico con los adolescentes, me pasa lo mismo que a ellos, salvo que yo no soy del todo mantenido. Me mantiene Papá Estado porque cobro el paro. ¿Por qué no meterán a Papá Estado en una residencia de una vez? Así no tendríamos que cargar con él todos los contribuyentes. Que le limpie el culo personal especializado, con título de asistente social, que es lo que piden ahora para lavar culos viejos. Sin duda, la especie humana degenera, nuestros abuelos eran analfabetos y lavaban los culos igual de bien. Qué artificiales son las ciudades. Las grandes colmenas humanas. Menos mal que no somos abejas, mira la reina Sofía, qué tipo por parir tres hijos. Si nos hubiera parido a todos estaría como una ameba. Sigue la floración de las margaritas. Qué suerte tienen las plantas que sólo sirven para adornar. No quisiera ser una lechuga en un huerto ni una seta alucinógena en un monte silvestre, mejor una margarita, eso sí, lejos de enamorados. “¿Por qué no le arrancas la polla y los huevos a tu padre? Te sale ‘sí me quiere’, fijo”. Se me ha hecho tarde para ir a pedir recetas. ¿Por qué tenemos que ir los pacientes a donde el médico? Las visitas tendrán que ser a devolver. La última vez fui a verle yo, le toca venir a él, le llamo por teléfono y que venga al parque a rellenar la receta. Otra estupidez, por cierto, si me regala el taco de recetas firmado entero ya las voy rellenando yo para los próximos diez años, que ya tenía que haber una confianza, así gastamos a lo tonto el dinero público, joder. Los recetarios tenían que venderlos a euro en los chinos, luego cada cual que rellene y pida lo que quiera, que si una aspirina, que si morfina, que si calcio, que si condones de sabores… Si sobra de todo, ¿o habéis visto alguna vez una farmacia que no esté llena de cajitas de pastillas de suelo a techo? Qué bonito es el amor. Veo dos ancianos, él de setenta y cinco, ella de setenta años. Cogidos de la mano, mirándose a los ojos, dándose besitos… ¿A quién estarán poniendo los cuernos? Si es que la gente se fatiga de andar antes que de amar. Tenemos la prueba en la industria farmacéutica, que invierte millones en investigar una pastilla que provoque una erección mantenida, pero ni un céntimo en algo que provoque un paseo más largo y un paso más vivo para estos ancianos que llevan un bocadillo de casa para cuando tienen que cruzar un paso de peatones. Y cada día va a peor, cada vez hay más ancianos atascando las calles, porque no se muere nadie, por cada coche fúnebre que pasa con cliente, se ven pasar cien viejos vivitos y, gracias a la viagra, coleando. Y no me extraña, normal que no tengan ganas de cascar, ahora que es cuando pueden vivir después de una existencia de privaciones en una cultura absurda como fue la que les tocó en sus años mozos. Primero era pecado follar, ahora el médico te riñe si no lo haces, y los curas ni te lo dicen, porque ven que es causa perdida y hacer el ridículo luchar contra el pecado sexual, que ya llegamos a decir en misa: “se comulga en ayunas, el semen también cuenta”. Y lo entiendo, menuda gracia ser el cuerpo de Cristo y caigas en una piscina de semen. Jo, y, a todo esto ¿qué pensará Cristo en la cruz de la iglesia? Cuando le clavaron venían mujeres con la falda de cuello vuelto, ahora se le ponen esas crías de quince años delante, con escotes que parecen el escaparate de una carnicería, minifaldas, tangas, el culo y las tetas apuntando al cielo que me río yo de los cipreses.

Pues qué va a pensar: “Qué bien trabaja mi Padre, cómo le quedan las cosas”. Estoy por pensar que si vuelve a la tierra, en vez de destruir Sodoma y Gomorra, tiene que destruir todo el planeta menos a los cuáqueros esos de EEUU o samis o como se llamen, que tienen unas normas morales tan rígidas que cuando se casan, en la noche de bodas se corren viendo a su mujer soltarse los cordones de los zapatos. Pobres curas, si es que no dan abasto. Encima con la ciencia, aparecen nuevos pecados, teníamos pocos con los siete capitales . A mí se me antoja que la Biblia se queda obsoleta y alguien debería subir al monte Sinaí con una losa de piedra, martillo y cincel y tomar nota de los nuevos mandamientos. “Tabla de piedra. Edición actualizada: el undécimo: no clonarás la oveja de tu padre. El duodécimo: no experimentarás con las células de tu madre. 13: no alquilarás el vientre de tu prójimo. 14: no cambiarás de sexo. 15: no te inseminarás artificialmente. 16: no pedirás la desconexión de las máquinas del soporte vital en los hospitales…” En fin, eso y más mandamientos que todo el mundo de hoy comprende. Hablando de eutanasia, me parece nombre de Zarina rusa: Eutanasia. Yo no lo entiendo del todo. Primero la gente se moría de una apendicitis, cuando los romanos, por ejemplo, que sólo practicaban la cirugía en los templos y para leerle las tripas a los carneros, que yo no sé qué pollas pondría ahí, pero ya son ganas de escribir el futuro en un sitio asqueroso, habiendo pluma y pergamino. Bueno, pues era “la voluntad del Señor” morir del apéndice o de una piedra en la vesícula a los treinta años, y ahora es pecado morir y Dios no te deja palmar aunque tengas noventa años, con ocho enfermedades crónicas, en coma, una máquina marcapasos para que no se te pare el corazón, una máquina bombeando para meterte aire en los pulmones, una máquina para filtrarte la sangre porque no te andan los riñones y suero en la vena porque te extirparon el estómago. Conclusión: Dios nos ama cada día más. O eso creo, porque yo de Dios sé lo que me cuentan los curas, que no estoy seguro si entendieron bien las cosas cuando les hablaba Dios en sueños. Por ejemplo, lo de la Creación: “Dios hizo el mundo en seis días y al séptimo descansó”. ¿Qué chorrada es esa? Dice la ciencia que todo viene del Big Bang, de manera que lo que hizo Dios en seis días fue el petardo y el séptimo lo encendió. El domingo, festivo, que es cuando se encienden los petardos, en los días festivos. Total, que Dios hizo al hombre, que para mí, lo hizo mal, porque me pregunto, o sea, le pregunto a Dios, ¿para qué nos hizo tan cachondos si ellas casi nunca quieren? Y de una costilla hizo a la mujer, y la hizo por subsanar un error, está claro que nos puso una costilla de más en un costado, porque ahora las tenemos pares después de quitar la que sobraba para hacer a Eva. Por cierto, ¿sabéis que Eva fue la primera y única mujer cuyo marido no miró a otra jamás? Pues sí. No volvió a pasar en toda la historia. Los cerebros le salieron también mal. “No comas manzana” y va la tonta y come. Y Adán más tonto todavía, que viene Eva con una papaya y dos limones y el gilipollas le come la manzana. Así que a la puta calle. A buscar trabajo, “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, de manera que es pecado poner el aire condicionado en la oficina. “Parirás con dolor”, la pila médicos que están en el infierno por poner la epidural o hacer cesáreas. En fin, que no vale la pena coger lucha.


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martes, 21 de abril de 2009

María y Magdaleno

Me llamo María y tengo 18 años. Estudio económicas, porque tiene más salidas, pero mi verdadera vocación es la anatomía trasera de los chicos. Vivo en un pueblo, a treinta Km. de la ciudad. A las 7:10 salgo de casa para coger el bus.
Raimundo tiene mi edad. Vino al pueblo hace dos años con sus padres y su hermana, el tiempo que llevo compartiendo con él la parada por las mañanas. Al principio me dirigía la palabra. Yo nunca le contesté, debió pensar que soy rara o estúpida. Total, cero confianzas, cero amistad. Cuando tienes un amigo tienes que hablar con él cara a cara, y eso no interesa en este caso. Con Raimundo evito el trato social, así puedo tenerlo a un lado, un poco adelantado para mirarle por detrás, todos los días de lunes a viernes durante el curso universitario.
Tiene un culo precioso. Medianote, redondo, un poco cejijunto, tieso. Al tercer día de compartir parada, dejó de cederme el paso cuando el autobús abría la puerta. Yo ni me movía ni decía palabra, esperaba a que él entrara primero. Me encanta cuando levanta la pierna y la tela de su pantalón se tensa derecha-izquierda-derecha-izquierda, marcando alternativamente los mofletes al subir los cuatro escalones. Después, cuando paga al conductor, se inclina un poco hacia delante y dobla ligeramente una pierna para sacar la cartera del bolsillo con más comodidad. Así de provocativo me lo pone, muy cerca de mi cara, mientras espero en el segundo escalón a que termine de pagar. Entonces, subo y pago mirando por el espejo retrovisor central orientado al pasillo. Él se sienta a medio autobús. Cuando se gira para hacerlo, tengo durante un segundo una estampa suya de costado que me pone como una carrera de motos.
Me bajo a dos minutos de paseo de la estación de trenes de Barreda. Suele haber en ella unas 15 personas. Tengo catalogados a cuatro chicos fijos, de todos los días también... Bueno, tres chicos y un carroza. No sé cómo se llaman, de manera que les he puesto sobrenombre según la forma del traste.
El carroza, "Culiplano", es el típico Cocodrilo Dandy, flaco, curtido, moreno, arrugado, nervudo, de asentadera plana por abajo y sólo un poquito marcada por arriba, culito viejo de cuarenta y muchos, pero sostenido, y aunque no me saca de nada, me sirve como ejemplo de cosa bien envejecida y con dignidad.
El más jovencito, "Culiverde", es un petisú que todavía huele a pañales, chavalín de 13 ó 14 años que ya empieza a formar parachoques trasero de hombrecito. De momento, parece que se ha metido dos pelotas de tenis en la culera; medio bocado tiene, pero es mirable por que gusta por tierno y promete. Hay que dejarle crecer: pequeñines si, gracias, pero más tarde.
"Culón" tiene veinte y pico. Chorvo delgado, estrecho de hombros, cadera ancha y nalga para calzoncillo XXL, con dos papotes de los que sueña tener todo travestí para sí, o sea, grandes diferenciados que parece llevar tanga y no slip, bien levantados, redondos en el flanco y agrandados por la parte inferior dando un aspecto periforme al conjunto. No gusta, pero atrae por morbo de ser de hombre, si bien ese almohadón le quedaría mejor a una mujer alta con hechura brava y de casi treinta tacos.
Por último, el especial del andén, "Culimagdaleno”, la retaguardia más bonita que haya conocido la estación de Barreda en sus noventa años de historia. No tengo palabras, así que a buscarlas: Le apodo de tal guisa porque tiene un bollito de pompón que de rico te corta la regla y como le veo a horas que son de desayunar me dan ganas de mojarle en café con leche y comérmelo a mordisquitos. Eso si, un problema hay, y es que Magdaleno, cuando hace mucho frío, se pone un abrigo hasta medio muslo que oculta ese tesoro de prieta carne. Rezo todas las mañanas para que el cabrito venga con un jersey y su cazadora verde, que le está pequeña y le queda por encima de la cintura. Entonces si, va luciendo esa joya con un pantalón ajustado como una capa de pintura. Es maravilloso, perfecto, tamaño justo, en perfil una media elipse de simétrica curva, abombadita continuidad elegante de la pierna y terminada en la cintura con suavidad fluida en la línea, sin perder la identidad propia, con tanta personalidad en su todo, que sólo le falta hablar, a ese culete. Es el Dios de los Panderos, cuando le veo se me atonta la cabeza, sonrío sin darme cuenta, noto cosquillas debajo del vientre y como si se me ensancharan los pulmones. Produce una sensación de tanta ternura como un bebé dormidito en su cunita.
Podría yo terminar la carrera, buscar trabajo y ponerle un piso a ese culo, llegar a casa cansada y decirle a mi Magdalena: "Cariño, estoy cansada, he tenido un día horrible, ponte de pié y dame la espalda, por favor, necesito relajarme" y pasarme una hora o dos de absoluto relax admirando esa cúspide de la cadena evolutiva del Homo Sapiens. Sólo admirando, sin tocar. Y si lo toco, podría pasarme siglos acariciándolo.
Señor, pensarme dueña de esa Gloria me hace tan feliz que me dan ganas de pedirle disculpas al resto de la gente.
¡Y cuando camina, joder, joder, joder! Noto como si se me fundieran los leotardos y la mini, y corrientes eléctricas desde las palmas de las manos hasta las tetas y un deseo incontenible de correr hacia él, caer de rodillas, abrazarle la cadera y pegar mi cara a ese milagro inexplicable aunque me muera de vergüenza y todo el país se ría de mí, para dar sentido a mi existencia y llegar a vieja con un recuerdo que me haga pensar, por muy mal que se me den las cosas, que toda la vida valió la pena por vivir ese inigualable momento único.

viernes, 17 de abril de 2009

Qué puntada, macho

Cuento de humor inspirado en un hecho real en el que es pronunciada la expresión "Para los huérfanos de...", así como de todo tipo de comentarios denigrantes realizados contra el personal y el trabajo de las autoridades policiales y militares en sus labores específicas.
Hipérbole de la formas relación que establecen con las autoridades ese sector cultural de la sociedad no acomodado al cumplimiento de las normas establecidas en busca de una convivencia más cómoda y segura para todos los ciudadanos.
Ejemplo del mecanismo psicológico de desahogo de la frustración del individuo irresponsable agresivo contra el funcionario denunciante.


CARNET

Joder, macho, iba con la mierda pegada al culo, a toda hostia que me chillaban las gomas, y todo pa no llegar tarde al curro y veo un buga de lechugos y el lechugo al lado que levanta una pata de alante pa pararme, con un careto que parecía que le habían metido un salchichón por alguna parte. Y va el pringao y me dice:

- Buenos días halle, respetable señor.

- A la paz de Dios y sus gentes. Con sincera humildad me animo a solicitar de su amabilidad, si mi requerimiento no le produce inconveniencia de ninguna clase, la causa por la que usted valora apropiado el indicarme detener en el arcén de la calzada el vehículo que conduzco.

- Porque mi deber me lo señala y, antes, la lógica consideración a su persona, descargo gratamente la conciencia a que mi educación me obliga haciéndole saber que al observar a través de la pantalla del RADAR homologado y autorizado judicialmente con los permisos pertinentes para su empleo en la captación de las velocidades de los automóviles que circulan por la vía pública, he percibido que excedía usted el límite permitido en este tramo de carretera en sesenta km. por hora, razón que me insta en cumplimiento del protocolo de actuación, a solicitar de su persona los documentos que atañen a su identificación y la de su vehículo, así como los permisos necesarios para su conducción.

- Me consternan sus palabras.

- Le comprendo y acompaño en su inquietud.

- Ipso facto pongo a su disposición lo requerido. Aquí tiene.

El puto guripa apaña los papeles, se los pone delante los morros, macho, y es que van a las fechas lo primero, igual que los perros, que en cuanto ven a otro le meten el hocico en el ojal.

- Como agente de la autoridad que represento me embarga cierto desasosiego ante la necesidad de poner en su conocimiento el particular estado de caducidad en que se encuentra el recibo de pago de la cuota contratada a la compañía de seguros que le respalda.

- Comparto su congoja y asumo la responsabilidad que de tal circunstancia y otras ya comprobadas se deriven, consciente de que el conjunto de infracciones debe ser reflejado en la denuncia que corresponda.

Total, multa por volar demasiao bajo y por fumarme el plazo del seguro. Y me ha quitao seis puntos, tío, eso no cicatriza, verás. Y qué majo el lechugo, me da la papela del chivatazo pa que la eche un derrape con el boli y yo que se la garabato solidata con el cavilo de "Toma, colega, pa los huérfanos de la Guardia Civil"
Y me dice el cachondo "Buenos días, puede continuar". Qué jodido. "Buenos días". Ej que disfrutan, chaval, muy mala hostia tiene este gremio. Están amargaos.

Empanadillas

No pase hambre político
amigo de lo ajeno:
sea el robo raquítico,
como si a saco lleno,
vaya detrás de la reja
por derecha o izquierda
y le sirvan en bandeja
empanadillas de mierda.

No pase hambre mujer
que por fama y dinero
se arrima a joder
con impostor caballero.
Caro caviar y angula
le retiren a la cerda
y regalen a su gula
empanadillas de mierda.

No pase hambre chivato
acusador envidioso:
masque fino como gato
en cantidad como oso,
por fuera justo doradas,
dentro bien llenas (recuerda
que han de ser renombradas)
empanadillas de mierda.

No pase hambre bocazas
apalancado en barra
(orgullo de esas razas
idólatras de la parra),
árbitro que todo pita
le pongan para que muerda
en generosa tapita
empanadillas de mierda.

No pase hambre asesino:
es igual por qué motivo
rompa un noble destino,
si mata, lo quiero vivo,
y porque negó la vida,
antes que lastrar la cuerda
tenga siempre de comida
empanadillas de mierda.

Tus manos

A tus manos
llamaría yo manos
si fuesen las manos
mariposas de seda y sándalo
con las alas de aire cálido
en un día soleado.

A tus dedos
llamaría yo dedos
si fuesen los dedos
airosos veleros
de tensados lienzos
en los vientos caribeños.

De tu cabello a los rizos
llamaría yo rizos
si fuesen los rizos
brillos entretejidos
con hilos de seda cobrizos
en un telar de remolinos.

A tus ojos
llamaría yo ojos
si fuesen los ojos
de zafiros un tesoro
sobre corales adorno
en un cofre de oro.

Y a ese gesto tan tuyo
de apoyar la cabeza entre las manos,
golpearte el pelo con los dedos
y mirarme con los ojos muy abiertos
lo llamaría yo “aburrimiento”.

Dinero

Con dinero engalanados
grande cosa parecemos,
y somos, sin embargo,
tristes mierdecitas
que el tiempo va pisando.

Poema de amor infla(ma)do

Quiero hacer el amor contigo,
muñeca,
me da igual haberte conocido,
muñeca,
en una tienda de amor prohibido,
muñeca:
para amarte sólo necesito,
muñeca,
una bomba de inflar colchonetas,
muñeca.

El relato del abuelo

Me relató un día mi abuelo
cómo los falangistas le insultaron,
le escupieron, le apalearon
y dejaron herido en el suelo.

Allí, moribundo, clamó al cielo
justicia, y los que le escucharon,
como lobos indignos retornaron
prestos a dar a mi familia duelo.

Y buen mozo hubiera sido muerto
por decir “cabrón” al general Franco,
si justo en aquel momento cierto

entre grises nubes un monstruo blanco,
libélula a escorpión injerto,
no asoma y empuja al barranco

a tanto paleto despavorido
que no conocía el autogiro.

Hambre

Se moría el niño
de hambre;
su mirada, un vacío
constante.
Le comían las moscas
los ojos:
su mirada, un turbio
diamante
le lloraban los ojos
sin lágrimas;
su mirada quería
acusarme.

Los ojos del niño
señalaban en el suelo
un avión descendido,
orgullo del “progreso”.

Los ojos del niño
señalaban al periodista,
el cual se haría rico
sacándole fotografías.

Los ojos del niño
señalaban al gran personaje
que había venido
para lavar la imagen.

Los ojos del niño
señalaban los lugares
donde había perdido
el cuerpo la carne.

Los ojos del niño
señalaban el desierto,
donde el mejor destino
era estar muerto.

También a mí
me señalaron sus ojos:
sentí aquí
un escalofrío doloroso,
y agradecí
a Dios todopoderoso
mi inconsciencia, mi grosería,
mi ignorancia, mi vulgaridad
y todo lo que me permitía
poderme desahogar
cagándome en la puta vida
de tanta autoridad.

El bocazas

Tal es grande del bocazas la boca,
que no exagero ni un guisante
si digo que de atrás adelante
la medida de tres palmos es poca.

Y no sólo es grande: está loca.
Abierta siempre y exasperante,
suelta mil palabras en un instante
que hieren la razón y la derrocan.

Por suerte, oír no cuesta dinero,
pues sería morir en la pobreza
escucharle el segundo primero,

tiempo en que mi cordura tropieza
en el muro que arma con esmero
de sus insensateces la fiereza.

Un ministro en la nevera

De mi dieta bandera y divisa,
pegada con celo en la nevera,
hipócrita de un ministro cualquiera,
tengo una foto con la sonrisa.

Cuando el hambre mi razón requisa
y el instinto me convierte en fiera,
me lanzo, víctima de la ceguera,
contra la nevera a toda prisa.

El cerdo, sin dejarme de mirar,
se ríe de mi desgracia y disfruta:
parece decir: “la vas a cagar”…

¡Bendita sea mi maña astuta!
el asco me hace reflexionar
viendo la imagen de aquel puta.

Cobra sentido la vida

Cobra sentido la vida
cuando amanece en tu boca
fresca y dulce sonrisa.
Amanece y se posa
fresca y dulce sonrisa
con alas de mariposa.
Revolotea vestida
con alas de mariposa
y liba en mis pupilas
montaña de azúcar en roca,
y liba en mis pupilas
y la zarza torna sedosa,
el torrente, cinta tranquila,
y la zarza torna sedosa,
la nieve, horchata fundida,
se desnuda mi alma y goza
la nieve, horchata fundida,
se zambulle, nada y retoza.
Se detiene, piensa y admira,
se zambulle, nada y retoza,
piensa que existe la justicia
y la vida es generosa,
piensa que existe la justicia
cuando amanece en tu boca
fresca y dulce sonrisa…
Cuando amanece en tu boca,
cobra sentido la vida.

lunes, 6 de abril de 2009

Arturo

Nunca había trabajado ni trabajaría. Cuando murió la madre (financiera de la licenciosa vida del hijo), el casero le puso en la calle por impago de alquiler. Arturo era tan torpe para solucionar problemas que se fue a vivir encima de un puente. Conoció el hambre con mayúsculas y en letras de pancarta; poco a poco fue agujereando la correa de su pantalón hasta llegar a la hebilla, los piojos le abandonaron depauperados, y terminó trepando por las noches a las farolas del puente para lamer las bombillas, por probar algo caliente. En un devenir tan contrario pensó: "La formación emocional del individuo dentro del entorno humano requiere una interacción comunicativa de intercambio continuo de gestos y palabras afectivas, o, en caso contrario, se produce una carencia, falla y atrofia psicológica más importante en tanto en cuanto esa interacción es más agresiva y exigente, pudiendo dar lugar a disfunciones crónicas como depresión, hiperactividad, apatía, conducta rebelde asocial o antisocial, fobias, vicios, dependencias, manías, afán de perfeccionismo, envidia, soberbia, vanidad, filia hacia el Real Madrid, granos en la piel, hipo, etc. Lo más conveniente en estos casos es hacerse poeta".

Arturo declamaba sus circunstancias con la lengua llena de ampollas, vocalizando gangoso. La gente paraba a escucharle extasiada de risa. Es lo que tienen las desgracias ajenas, que hacen reír.

"Estimo mi suerte adversa
cual de perros dogos cercado
estimara un gato persa
a poco fuera avisado;

o ya encharcados en símiles,
me cambio por un iraquí
bajo una nube de mísiles
que vengan a caer aquí;

mas no me rindo: soy poeta,
ya me hinquen grande colmillo
o tape atómica seta,
por mis yemas, que yo no chillo.

Leyenda soy de la memoria,
de las cantinas fui Alteza,
pues no se conoció la noria
capaz de elevar cerveza

como capaz fuera mi diestra...
... menos, carpintero osara
presumir de mano maestra
y genio que la fabricara.

Mas no me rindo: soy poeta,
me sacia la sed el rocío
y juzgo manjar cual teta
gusano que mate el mío.

Grandes errores, es mi Sino,
he cometido: de sumar
dos y dos y darme tocino;
y en peores la cagar

con montañas de excremento
sobre negocios y amores,
unos llevarlos el viento,
otros morir entre dolores,

mas no me rindo: soy poeta
que llega con el corazón
donde le lleva la bragueta
aunque se oponga la Razón.

La guadaña se me acerca
que brutal empuña la Muerte,
cruel goleadora terca,
temo que con ella acierte

a segar mi flaca espiga
rota en la mies y sin grano,
con Fortuna de enemiga
y Famélico de hermano;

mas no me rindo: soy poeta
y en el campo de la vida
la palabra es guardameta
que defiende mi porterida".

domingo, 5 de abril de 2009

¿Quién...?

¿Quién, Dios aparte, pudiera
darme razón o motivo
de tanta real quimera
como ésta que yo vivo?

A la vera de sus labios
acecho el gesto sin par
que ni un millón de sabios
lograrían descifrar.

Sólo esboza su boca
una sencilla sonrisa
y ya es mi alma loca
suicida en una cornisa,

indiferente al ruido
de los gritos de consuelo
del público reunido
en espera de su vuelo.

Ora sus ojos risueños
se entrecierran felinos,
ya son de los míos dueños,
despistados peregrinos;

ya su blanco me deslumbra
como radiante estrella,
ora el iris en penumbra
mi amor firma y sella.

¿Y el aura de sus cabellos
dados a la luz del día,
filtrando rubios destellos
reflejos de alegría?

Luminoso sol me ciega
y al mismo tiempo cura
mi vista cuando la riega
con rayos de hermosura.

¡Cuánta magia misteriosa
esconde el ser divino!
¡Cómo alevoso osa
influir en mi destino!

Para que todo se tuerza:
la paz de mi corazón,
de mi voluntad la fuerza,
de mi juicio la razón;

todo perdido en el fuego
de su soberbia belleza,
todo cenizas que luego
la duda de la certeza,

como un viento impuro
esparce en el desierto
de lo incierto seguro,
de lo inseguro cierto…

Como ésta que yo vivo,
de tanta real quimera
darme razón o motivo,
¿quién, Dios aparte, pudiera?

¡Cuán azules!

¡Cuán azules
tus miradas
mientras fluye
tan lozana
la palabra
dulce canto
a mi alma
de tu labio!
Cuando andas
a mi lado
puestas alas
en los pasos
y en olor
de claveles,
bella flor
te desprendes,
tu aliento,
bien amado,
canta ciento,
mil encantos;
y es distinto
ese aire
de suspiros
que a ti saben:
lo respiro
y me trae
el olvido
de mis males…
¡Cuán azules
tus miradas
cuando suben
y alcanzan
altas cumbres,
lontananzas
y los túneles
de mi alma!
¡Cómo ensancha
sus paredes
y mi ánima
resplandece
con los tonos
más brillantes
de tus ojos
celestiales!
Ya sentados,
tomo una
de tus manos
y retumban
alocados
corazones
encontrados
en el roce
de dos mundos
atraídos
por profundos
remolinos...
¡Cuán azules
tus miradas,
son sin nubes
siempre claras!
Sin calinas
ni humaredas,
siempre nítidas
cristaleras,
laberintos
de espejos
frescos, vivos
e inmensos
donde pierdo
el dominio,
el sosiego
y los ritmos:
yo quisiera
habitarlos
y ser niebla
y empañarlos
y a conciencia
engañarlos
con quimeras
de su agrado,
y rendirlos
al amor
de mi herido
corazón…

¡Cuán azules
tus miradas,
tus miradas son!
¡Cuán azules,
bella flor!

Amigos importantes

Qué bueno es tener
amigos importantes
y recursos materiales
que nos puedan ayudar
en caso de necesidad,
como aquella vez
que mi querido general,
el señor marqués
y yo mismo,
de cacería los tres
por la sabana
africana,
dimos un traspiés
con un niño senegalés
abandonado entre la hierba;
(más que niño, un bebé,
cubierto de mierda
y medio muerto de sed):

-Mi general, ¿lleva usted,
tal y como estila,
la bandera patria
limpia, planchada y doblada
en el fondo de la mochila?

-Por supuesto, como Dios manda.

-¿Y usted, señor marqués,
su botella de agua bendita
para bendecir la cacería
y su libro genealógico
con todos los nombres de su familia?

-Por supuesto, como es lógico.

-Pues traigan acá
agua y papel,
que voy a limpiar
a este bebé,
le voy a lavar
y a quietar la sed.

-¿Y con la bandera,
amigo Pruneda?

-Con la bandera,
amigo general,
le voy a confeccionar
un hermoso pañal;
y si me sobra,
una camisola;
y si me queda,
una bonita gorra:
así, con la mierda
ya no más se reboza,
ni el sol le quema,
ni le insola
la cabeza.

-Bien, bien, proceda.

Pues como dije, hice,
y me quedaron de perlas
todas las prendas.
Coloridas como una bandera,
ni holgadas ni prietas,
a la medida correcta.
tan a gusto quedó el bebé,
que rió,
y nosotros, a la vez,
dimos gracias a Dios
emocionados los tres,
y no piensen que poco:
el que más, yo,
que lloré
y tuve que sonarme los mocos
con un trapo, un papel…
… o no sé qué.

Caballo

Caballito, caballote,
esclavito de los hombres.
Caballete, caballazo,
pasitos de frente, pasitos de lado.
Caballar, caballero,
te hacen bailar a paso ligero,
caballón, caballuno,
en la escuela de equitación,
¡Cómo te aplaude el público!...

¡Caballo!
Más te aplaudía yo cuando
allá en el campo,
en un amplio
espacio,
aunque, eso sí, vallado,
pasabas todo el rato
a tu aire: trotando,
pastando,
galopando,
descansando,
relinchando,
retozando
sobre el pasto…
¡Qué sincero era mi aplauso
cuando te veía hacer el caballo..!
ahora, sin embargo,
te veo, hermano,
todo envarado
imitando a los humanos
y su idea del garbo
con artificiales pasos,
esforzados saltos,
quiebros que son quebrantos
y otros gestos que por tu mano
no harías ni borracho.
¡Qué mala suerte, mi caballo!
¡Qué mala suerte caer tan bajo!
¡Y qué hombres tan desalmados
los hombres que te empujaron!

miércoles, 1 de abril de 2009

Jo

Un guatapandé atrapó
en el bonilongo
un pigüey bolonó
con una red bandinongo.
¡Pobre pigüey!
¡Cómo lloraba
por su colinanga
desde el bandinongo
del guatapandé!
Como era bolonó
y del bonilongo,
su grito guachacaré
desde el bandinongo
sonaba en el bonilongo
con la fuerza de un
guácaro quetolinora.
por eso, decía el guatapandé:
“olvida, olvídate
de tu colinanga,
que aunque robilongues
como un guácaro,
tu grito guachacaré
de pigüey de Batinanga
se perderá en el bonilongo
sin que lo escuche
ni un pitanami oyoé”.
A lo que el pigüey
respondió, más calmado:
“iluso guatapandé,
me confundes con un
pigüey de Batinanga,
cuando soy bolonó.
Escaparé de tu bandinongo
y a mi colinanga
enamorada volveré
sin salir del bonilongo.
Acudid, amigos,
a mi robilonga guachacaré;
venid, guácaros quetolinora,
y pitanamis oyoé,
y budungas güisquendas,
y elíporos apanulos
y ceponutrios payaguatos,
y todos mis hermanos
pigüeys de Bolonó
y de Batinanga!
¡suene en el bonilongo
un gran guachacaré
que rompa el bandinongo
del guatupandé!”
y, festivamente,
todo el bonilongo
acudió al socorro
del pigüey bolonó.
Atacaron al guatapandé,
y los guácaros,
con su pitinandó,
le cortaron el abagardo;
los pitanamis
le sacaron los cerúndulos
usando la tripergali
de sus orinómpolos;
los budungas le cosieron
a porranulios;
los elíporos ni te cuento;
y los ceponutrios
hicieron un fusiguacanendo
con los popoletos.
¡Pobre guatapandé!
cuando llegaron los pigüey
y la bella colinanga
de nuestro bolonó,
la batalla estaba ganada.
Un guácaro cortó
el bandinongo con la pitinanda
para liberar al pigüey,
el cual saltó
sobre su colinanga
para hacer, allí mismo,
un sonado quepatipanda,
ignorando las buenas costumbres
básicas del bonilongo.
tuvieron muchos pigüytos,
fueron felices
y comieron gunurdas.

Vestida de violetas

Vestida de violetas,
peinada con jazmines,
te escondías en la dorada hiedra,
te escondías en mis jardines…
mis ojos, ranúnculos,
tus mejillas, lirios rosados:
quedeme te mirando…
como un eléboro blanco
quedeme te mirando,
clavelito colorado.
¿Qué hacías tú en mi invierno?
¿Qué yo en tu verano?
con sonrisa de clemátide
mudabas tú mis zarzales
en floridos rosales:
arrobado como un hibisco
envolvía yo tus suspiros
en perfume de narcisos.

Soy cordero plebeyo

Soy cordero plebeyo trovero,
acosado de lobos hambrientos.
No tengo yo mi pasto
a la orilla del arroyo
ni en la sombra del risco alto,
sino en el desierto estepario,
allí se horna mi alimento;
los rayos del sol
torturan los yermos
y hacen brillar las piedras
como los panes del panadero…
Son las piedras mi pábulo:
más tierno no lo encuentro.
Soy uno, y todo el rebaño soy
y un perro pobre es mi dueño
y pastor de mis lamentos.
Me guía fuera de los caminos
que llevan a los pueblos
donde tengo extraviada la risa;
me ladra y obliga
a despiadados descarríos;
recoge mis noches
en las torcas del terreno
para darme a beber el rocío,
y lame mis heridas:
así se cura él del hambre
y la sed de la vida,
que es un perro pobre mi dueño
y pastor de mis lamentos.
En lo alto, insultan los cielos
en corro ocioso y negro
buitres en grande bandada,
bien cebados en tantas mesas
bien servidas de inocentes entrañas.
Se ríen los ojos carroñeros,
fijos en mis lomos
porque soy cordero plebeyo trovero
acosado de hambrientos lobos.
No conozco tregua en mi compañía;
hacia un destino incierto
enfilo noche y día:
es la inercia mi aliento;
mi mejor actitud, la pasiva;
y si todo me falla,
de todo me río
y no le tengo miedo a nada
porque sé tomar
el regalo de la palabra
cuando la palabra se ofrece.
Entonces, cien puñaladas
cien caricias me parecen,
y me saben las piedras
a panes verdaderos,
y el rocío es copioso
manantial eterno,
y los buitres
cisnes bellos,
y las dentelladas
se hacen besos
de los lobos
ovejas hechos…
y cordero sigo siendo
y plebeyo
y trovero,
pero todo lo miro y lo veo
con el color que yo quiero.
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