martes, 29 de diciembre de 2009

Al borde de tu recuerdo. Poesía locuánica.

Al borde de tu recuerdo
yace el reloj parado,
ya no hay momento cuerdo:
por quedar en lo amado
el Tiempo se ha sentado
al borde de tu recuerdo.


Este aire que respiro,
antes tu voz me trajera,
tu silencio, tu suspiro.
Porque no es lo que era,
me huya, deje que muera
este aire que respiro.


De ríos, lagos y mares
todo agua te llorara
y no calmos mis pesares
de mis ojos a mi cara
lodos del fondo manara
de ríos, lagos y mares.


La luz que el mundo viste
rinde lo real al reo:
prisionero de lo triste
de sufrir que no te veo
que me ciegue yo deseo
la luz que el mundo viste.


...No en el alma recala
el débil trino del ave,
ni alza al Sol su ala
herida de no se sabe...
Lo poético, si cabe,
no en el alma recala.


Mas no me rindo, pendón
de mi afán es Paciencia,
que no encuentra razón
a tanta teta la ciencia
lucida con indecencia,
mas no me rindo, pendón.

jueves, 24 de diciembre de 2009

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Clases de Machos Humanos





Estudio zoológico en el Planeta Tierra de Locuán para Absurdilandia. Texto directo de trascripción literal recogido en una entrevista a la psicóloga Doctora Inés Carmentada de la Peña.



"Hay hombres muy cobardes. Esos no se meten en líos, de manera que los líos van creciendo por no solucionarlos y al final morimos aplastadas a su lado.

Los hay valientes. Esos son peores. Solucionan todos los problemas y cuando lo han hecho se buscan problemas nuevos para "solucionar", cuando en realidad lo que están solucionando constantemente es su mono de tener problemas. Si nos envuelven en ellos nos asfixian hasta el agotamiento nervioso y si nos apartan nos hacen sentir estúpidas.

Tímidos. Al principio son encantadores por lo manejables y la seguridad que da su no ser capaces de mirar a otras, pero con el tiempo te hacen pasar el ridículo social de llevar al lado una nulidad que ni sabe hacer amigos, crecer en el puesto de trabajo, defenderte frente a los vecinos o pedir en voz alta la cuenta en una cafetería.

Gallardos. Lo son para todo. Estás a su lado y las cosas te vienen regaladas, cuernos incluidos, dado que la facilidad que tienen para idiotizar mujeres no se conforman con usarla exclusivamente contigo.

Sensibles. Son encantadores, pero sólo para media hora al día, por ejemplo. Convivir con ellos es como caminar por un campo de minas. Te lo puedes encontrar llorando porque acaba de llegar de la calle y ha visto un perro con diarrea en el parque. Al final no te atreves ni a respirar, digas lo que digas, él se pone histérico o melancólico o da saltos de alegría como un poseso porque le has traído su marca de yogures favorita.

Duros. Con todo el mundo. No les pidas apoyo ni consuelo, que te sueltan "ya estás otra vez con tus tonterías”, aunque le pongas delante de las narices un informe médico con diagnóstico de cáncer de mama.

Desordenados. Los abandonas el día que te encuentras un calcetín sucio en el microondas, dentro de tu tazón de colacao.

Metódicos. Si aguantas durante un año su disciplinada coreografía de horarios, actividades, gestos, ceremonias, etc., la Sociedad Neonazi te nombra "Judía Ejemplar de Campo de Exterminio", aunque tengas de judía lo que el garbanzo de lenteja.

Dóciles condescendientes. Es como estar sola. Peor. Sabes que la culpa de todo es siempre de él, así te lo dice, ya puedes hacer lo que te dé la gana, que no te reprocha. Imposible discutir. Llega un momento en que te das cuenta de que un perrito faldero da más juego.

Sinceros. Te hunden. Sí, lo pedimos: sinceridad. Pero la sinceridad duele. AL principio gusta, después de pasar toda la vida oyéndolos mentir crees que has encontrado al hombre extraterrestre, entiéndame, señor Locuán, a ese extraño caso patológico social que es un hombre sincero, pero pasada la novedad tendrás que escuchar a diario verdades que te harán llorar por las esquinas y los centros. Y no hay compasión. Cuando te das cuenta de que es para toda la vida sales corriendo en busca de un buen embustero samaritano que se apiade de ti.

Guapos. Los paseas orgullosa. Bien cuando estás con ellos, pero el resto del día te comes el coco sabiendo la cantidad de busconas que te lo están intentando marear para sacarle las tibiezas.

Feos. Son incómodos. En casa, bien. Pero sales y te mosqueas, miras a todo el mundo o te haces al tonta. Sabes que ellos piensan: "tendrá una buena polla", y ellas: "tendrá pasta, el Gremling".

Hablando de pollas, los Pichiminis. Una vez tuve un novio encantador, era perfecto, lo tenía todo: cuerpo, posición, personalidad... Todo menos "eso". Cuando se la vi pensé, en serio, "Pues menos mal que no es un mando a distancia, porque entonces no cabría ni el botón de la Primera".
Me gustan las chismas grandes, como a todas, no te jode, lo que pasa es que las demás se callan. A una grande yo la gradúo con rotulador y escalímetro y le digo al portento:
"¡Carga antisubmarino, marinero, profundidad 18 brazas!"Que ya sé yo a qué profundidad tengo el enemigo cada día. En fin...
-Oiga, ¿el platillo es suyo?
-No, de la compañía.
-Son 120 euros la consulta.
-¿Por diez minutos?
-Tenga en cuenta que no es usted de este planeta.
-¿Y eso qué tiene que ver?
-Nada, pero anda todo el mundo inventando idioteces para sacar más dinero, los psicólogos siempre somos los primeros que nos actualizamos.
-Pues no lo entiendo.
-Que soy Humana.
-Ah, sí , ahora sí lo entiendo, perdone, a veces me distraigo y me creo que sigo en mi planeta. Tome, sus 12o euros. Feliz Navidad.
-Gracias a usted, igualmente.

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martes, 15 de diciembre de 2009

Sueños

Esta mañana he hecho un viaje desastral a Ratindelculín
para visitar la Biblioteca por Temas de Diccionarios Imposibles
y el tomo y lomo Locuán-Realidad y vicenteversa le tenían ocupado
unos extraterrestres que no paraban de supurar un líquido de colores
parecidos a los que forma el petróleo en los charcos de agua,
como no tengo conocimientos de biología galáctica no sé decirte
si estaban llorando de la pena, vomitando de asco, eyaculando del gusto, sudando de miedo, muriéndose de amor o meándose de la risa. O nada de eso y es que cuando se aburren supuran. Parecido a los humanos, que cuando se aburren, suspiran.

Joder, que trabajo (decía la puta), he tenido que usar el Diccionario Locuánico de Libre Sugerencia para traducir una incongruencia, con lo que quedará desvelada, aunque en unos conceptos que arriman la recua a mi sordina.

El ascua a mi sordina.

Sardina.

El incendio del bosque a mi cachalote, mejor dicho, dada la exagerada subjetividad locuánica.

Allá va Alí Babá:

"Las obligaciones se difuminan cuando se medio entiende el mundo y se habita en los pocos sueños que recolectamos para escondernos a no parecer lo que se supone".

(Por supuesto, esta es una frase sin sentido ninguno, por lo que conviene desconectar la mente consciente y analizarla con la infraconsciente de la subconsciente, que es el subconsciente del subconsciente, hablando claroscuro).

Los deseos, que son instintivos, se modelan dentro de la cultura que a cada ser humano le toca vivir.

Todos los deseos están señalando dos bases: permanencia y continuidad, esto es supervivencia y reproducción, por supuesto, en las mejores condiciones posibles. Con la cultura que nos rodea, modela, condiciona desde que nacemos, formamos un sueño al que a mí me gusta llamar "Película", por ser una proyección, un proyecto. Situamos en esa fantasía a las personas que nos rodean y les damos papeles y guiones acordes al cumplimiento de nuestro sueño, lo cual ya choca con la realidad, pues las personas reales no actúan en la realidad como nosotros les hacemos actuar en nuestros sueños, por Locuán, a su vez, tenemos que hacer esfuerzos tremendos para "corregirles" contra su santa voluntad, punto este en que se inventó el concepto "egoísta", para referirnos a aquellos que no colaboran en la ejecución de nuestro sueño o que con su libre comportamiento lo dificultan.

Cuanto más intenso es el deseo, mayor es la frustración si no se rueda la "Película". Algunos ni lo intentan, lo ven imposible y no se adaptan a tener sueños más modestos, dentro de sus capacidades; otros, se empecinan hasta la extenuación y pasan así toda la vida sin tomar consciencia de que han puesto la mira demasiado alta, o demasiado baja, pero la mueven para adelante a cada paso que dan, como un burro detrás de una zanahoria sujeta con una pértiga delante de los morros. Llega el dolor vital cuando por perseguir el sueño se entra en estado de sacrificio mártir y se pierde la perspectiva de la relación esfuerzo-proyectoacumplir, hasta el punto de entrar en estados de ánimo torturantes continuos.

Pa ná. Por una casa que te chupa la sangre, cuando habrías vivido mejor en algo más modesto, por una relación sentimental que no hay por donde coger, aguantando tres patadas por beso recibido, por unos hijos egoístas que hubieras educado mejor si no hubieses tenido nada que darles, excepto Valores Humanos, si les hubieses dejado desde pequeños buscarse ellos solos las castañas o los plátanos.
Por eso, chaval, pon los sueños de tu parte, háblales de "Tú" y ellos que te hablen de "Usted", y diles "a mí no se me tocan los huevos (las tetas), se me acarician y cuando yo mando". Acojona a tus sueños, que no se pasen de listos, mándalos a tomar por donde toman los pollos si se ponen exigentes, abandónalos por otros que te convengan más, o hazles caso na más que por el placer de soñarles, sabiendo y tengan claro no te vas a matar por cumplirlos o sea, habita en ellos cómodamente, en los que tu recolectes, aunque sean tontos, raros o míseros por modestos, pero que te quieran, coño (picha). Y engáñate viviendo dentro de ellos, a la mierda la verdad... ¿La verdad? ¡Ni suponerla! ¡Lo mismo: por donde los pollos!
Y que parezca uno lo que tenga que parecer, sin prejuicios, sin esconderse ni mostrarse, vamos, ni plantearse lo que uno parece en realidad cuando se sale del sueño. Esa es otra: que no haya miedo a salir del sueño, que bien está habitarlo, pero también conviene darse una vuelta por ahí, por que sí.


Pues eso.
Saludos, abrazos, besos a ellas, para tod@s quienes dejáis respuestas, de Locuán, el único extraterrestre que conocéis verdaderamente.

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viernes, 4 de diciembre de 2009

Queridos Reyes Magos

Este año he sido muy bueno. Por si acaso hay personas hablando mal de mí, os aclaro las dudas.

El triciclo de Pablo lo tiré al contenedor de basura el 26 de Diciembre del año pasado, así que no cuenta para este año.

En Marzo, lo de poner la caca de perro encima de la tarta el día del cumpleaños de mi hermana, lo hice para que nadie la empezara antes de tiempo.

Lo de la pintura del abrigo de pieles de mamá está bien hecho. Lo vi en la tele y dicen que es bueno para que hagan los abrigos sin matar animales.
Lo del coche y el gatito de la vecina fue un accidente. Además, el conductor del camión dio positivo por borracho y papá sólo se enfadó al principio. Ahora está muy contento con el coche nuevo. Y a mí no me pasó nada. Y casi sé conducir. Sólo me falta crecer un poco para alcanzar al pedal del freno y a ver la carretera por encima del volante, porque el asiento está muy bajo.

La foto que hice con la polaroid a mamá y a tío Josemari cuando se metieron desnudos en la bañera de casa para buscar las gafas de tío que se le habían caído al fondo, no la tiré por la ventana, que se la llevó el viento porque la dejé posada cerca. Además, la cotilla de la vecina me la devolvió y se la di a mamá, y no se lo hemos contado a papá porque una vez se enfadó mucho cuando descubrió a mamá ayudando a arreglar el grifo de la ducha a un señor fontanero. A papá no le gusta que mamá ayude a nadie, que para eso se les paga. Así que no le contamos nada. Ni cuando mamá ayudó a mi profesora Andrea aquel día que vino a casa para decirle a mamá que yo soy muy bueno porque entro en el vestuario de las niñas y las ayudo a encontrar las cosas cuando se están cambiando de ropa. Resulta que Andrea se sentó encima de un bombón de chocolate y mamá tuvo que limpiárselo lamiéndolo para no manchar una servilleta. Eso me ha dicho mamá, pero yo no la creo. Yo digo que lo limpiaba con la lengua porque le gusta mucho el chocolate.

Y también quiere tocar la flauta de todos los amigos de papá, que vienen cuando se piensan que no hay nadie en casa, pero yo he mirado muchas veces escondido sin que me vean y he visto que no sabe tocar, porque no suenan, ni nada. Seguro que mamá quiere aprender en secreto para darle una sorpresa a papá. Cuando yo sea mayor, quiero que toque mi flauta alguien que sí sepa, para saber como suena una.

Lo de la pierna del cartero fue culpa de papá. Lo dijo el señor juez. Que papá es joyero y tiene que llevar siempre en el bolsillo la llave del armario de hierro donde guarda la pistola de asustar a los malos cuando está en la tienda trabajando, y no dejar la llave en una caja de madera de color negro en el segundo cajón de la mesita de noche a la izquierda de su cama porque la puede coger un niño de allí y abrir el armario y coger la pistola y ponerse a jugar con ella. Encima, la dejó cargada. A mí me dijo el señor juez que sólo jugara con mis juguetes, con los de papá, no. Y lo de darle una tirita al cartero para ponerse en la pupa y llamar corriendo a una persona mayor, que muy bien hecho, que le salvé la vida.

El bosque ese grande de América, donde fuimos de vacaciones, lo quemó Pablo. Resulta que por la tarde vino una ardilla y me comió el bocadillo de chorizo de la merienda, y por la noche vino la misma cuando tenía el plato de la cena al lado posado porque estaba jugando con mi gameboy y la asusté y la tiré con la gameboy y luego no encontraba la gameboy en el bosque y encendí una cerilla para buscarla y viene Pablo y me empuja, el idiota, y me tira al suelo y se prenden las hierbas y no podíamos apagarlo y salimos todos corriendo, dejamos la tienda y todas, todas las cosas allí y volvimos en un taxi al aeropuerto y en avión a casa y en casa veíamos todos los días el fuego en la tele y no podían apagarlo y se quemaban las casas y eso que había muchos bomberos y aviones tirando agua y papá y mamá estaban muy asustados porque nos podíamos haber quemado… Y yo salí a la calle y le dije a un municipal que preguntara a los americanos si habían encontrado mi gameboy en el bosque que había prendido Pablo y el guardia me dijo "niño, no molestes".

Bueno, una cosa mala sí he hecho, pero no tengo la culpa porque cuando lo hice estaba enfadado. Y es que hoy eché sin que se enteraran pica-pica en los globos que habían comprado mi hermana y su novio porque no querían darme a mí ninguno para jugar yo. ¡Verás cuando los inflen! ¡Les van a picar los morros! ¡Ja!

Por eso, este año, como he sido muy bueno, os voy a pedir estas cosas:

Un microchip para ponerme en el cuello, porque Pinky tiene uno y cuando le suelto sin que me vean para que dé un paseo, le encuentra la policía y le dan una vuelta en el coche patrulla. Yo también quiero dar una vuelta, jo. Además, la vuelta es barata, porque cuando papá paga siempre sonríe al policía y le da las gracias.

Quiero un puticlú para papá. No sé lo que es, pero papá dijo una vez por teléfono en voz baja que lo que más le gusta en la vida son los puticlús.

Y una gameboy nueva.

Y un coche de policía. Pequeño, que alcance yo a los pedales.

Y un caballo para mamá, que les dice a los de la flauta que le vendan un caballo, que lo compra, pero no veo yo por ninguna parte que se lo traigan.

Y una jaula de hierro para meter a Pablo, que no me empuje más.

Y una pistola de juguete para niños que dispare balas de verdad. Y tiritas.

Y otro bote de pintura.

Y una caja de bombones para mi profesora Andrea, que cada día me quiere más y ahora me trae a casa todos los días después de clase y mamá la invita a comer chocolate, que les gusta mucho a las dos, mientras yo hago los deberes.

Y no quiero más. Os doy un beso a cada uno y os deseo que el viaje hasta aquí sea bueno. Y tened cuidado cuando paséis por Irak, que he visto en la tele que hay mucha sangre por las calles y no quiero que se resbale un camello y se me rompan los juguetes antes de estrenarlos.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

PLAS-TAC

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Juro ante Dios Zeus y el Mundo, que cuando yo era más niño todavía, no había hipermercados por aquí del tipo de ahora, y en medio de la ciudad unos centros que llamábamos "bazares" tenían de todo, para lo que se consideraba "todo" en aquella época. En uno de ellos, mi amigo Toño "caramosca" y yo supimos de ese juego llamado Ping-Pong, originario de China, un país superpoblado en el que son tantos, que lo mismo juegan al tenis encima de una mesa, que al rugby dentro de un tiesto o al jokey sobre hielo sobre un cubito de lo mismo. En su origen lo inventaron las cortesanas del palacio imperial, que jugaban con espejos de mano y una perla como pelota, y dieron al juego el nombre de Pin-Pin. Con la crisis del Siglo XI d.C. y el aumento del precio de las ostras, se sustituyó la perla por una canica de madera y el juego pasó a llamarse Pac-Pac. Poco después, adquirió popularidad entre las clases humildes, con el nombre más extenso que ha tenido en su historia: Poc-Pon-Poc-Pon, pues el pueblo llano lo practicaba con paletas de madera, una piedra y, a modo de mesa, la puerta principal de la casa sacada de goznes y colocada en horizontal.

En el siglo XVII, Yio Chi Ché, sabio humanista y consejero de la corte durante el mandato del emperador Uan Ton Tao, propuso unificar todas las variantes del juego y sus normativas bajo un sólo reglamento. Así nació el actual Ping-Pong.

Mi familia no disponía de medios para comprarme tan excelso juego. En cuanto a Toño, sus padres trabajaban de sol a sol y ahorraban todo lo que ganaban con la ilusión de poder adquirir para su hijo, lo antes posible, las gafas XXX de óptica artesanal adaptada que necesitaban sus grandes, saltones y miopes ojos; y, más adelante, en el futuro, costearle las operaciones de cirugía reconstructiva de la mandíbula, la cual perdió a la edad de seis años, el día que se puso a lamer la máquina de hacer chorizos cuando su abuelo estaba picando carne con ella.

Al no disponer de un sponsor, se nos ocurrió crear una variante nueva del juego, el Plas-Tac.

Me explico: aprovechando que mi tío Rafael "el anguila" era dueño de la pescadería del pueblo, siempre teníamos a mano un par de lenguados que usábamos como paletas. Jugábamos con una castaña sobre la encimera de la cocina de leña, en casa de Toño. Cada diez minutos de juego, la castaña quedaba asada, de forma que la cambiábamos por una cruda, y mientras seguíamos jugando, yo masticaba la asada a conciencia y una vez hecha papilla, le daba la mitad a Toño y me comía yo el resto.

De esto han pasado 25 años, y mantenemos la tradición de jugar una partida al año en casa de Toño el día de su cumpleaños, el 2 de diciembre. El "anguila" se jubiló, así que compramos dos lenguados de los buenos, en Hipercor. Toño, al que ahora todos llamamos "caraváter", desde que se operó allá en el 86, ha ganado este año, y eso que yo jugaba con ventaja, porque mi lenguado era más fresco que el suyo. Hemos jugado los dos muy bien. La castaña runfaba de un lado a otro tan deprisa que ha tardado 15 minutos en asarse y a su lenguado se le han saltado los dos ojos. Los invitados han aplaudido entusiasmados.

Como la castaña se la queda el ganador, se la ha comido Toño. ¡Y lo que nos hemos reído! porque se le ha atascado la bisagra del pedazo de mandíbula que se implantó y le ha pillado el nervio de la boca, como de costumbre, y ha empezado a hacer ese ruido que hace él, que suena como cuando tiras de la cadena del váter.
Ja, ja, ja. ¡Qué cabrón! Yo creo que lo hace a posta.

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