domingo, 5 de abril de 2009

¿Quién...?

¿Quién, Dios aparte, pudiera
darme razón o motivo
de tanta real quimera
como ésta que yo vivo?

A la vera de sus labios
acecho el gesto sin par
que ni un millón de sabios
lograrían descifrar.

Sólo esboza su boca
una sencilla sonrisa
y ya es mi alma loca
suicida en una cornisa,

indiferente al ruido
de los gritos de consuelo
del público reunido
en espera de su vuelo.

Ora sus ojos risueños
se entrecierran felinos,
ya son de los míos dueños,
despistados peregrinos;

ya su blanco me deslumbra
como radiante estrella,
ora el iris en penumbra
mi amor firma y sella.

¿Y el aura de sus cabellos
dados a la luz del día,
filtrando rubios destellos
reflejos de alegría?

Luminoso sol me ciega
y al mismo tiempo cura
mi vista cuando la riega
con rayos de hermosura.

¡Cuánta magia misteriosa
esconde el ser divino!
¡Cómo alevoso osa
influir en mi destino!

Para que todo se tuerza:
la paz de mi corazón,
de mi voluntad la fuerza,
de mi juicio la razón;

todo perdido en el fuego
de su soberbia belleza,
todo cenizas que luego
la duda de la certeza,

como un viento impuro
esparce en el desierto
de lo incierto seguro,
de lo inseguro cierto…

Como ésta que yo vivo,
de tanta real quimera
darme razón o motivo,
¿quién, Dios aparte, pudiera?

3 comentarios:

payomocion dijo...

órale... me gustó!

P´PITO dijo...

ajaaaaaaaaaaaaaa

bello poema....

este verso me encanto

" Luminoso sol me ciega
y al mismo tiempo cura
mi vista cuando la riega
con rayos de hermosura"

lo aplicare en la proxima conquista
jajajajajaj
saludos

Anónimo dijo...

Yo me haría la misma pregunta...todo silencio. No hay respuestas.

Elegante y lleno de simplicidad lírica, como siempre.

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