martes, 6 de abril de 2010

Queriendo

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Queriendo,
te quiero más que a mi vida,
y muriendo,
más que a la gloria llegar,
y llegando,
más que al buen cagar,
y mira
que no aquí ni más allá
suerte mayor
que comer bien
y cagar sin dolor
largo y prieto carajón
con pedo fuerte reventón.

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Llego cansado.
Deshago los grumos de mis cordones,
me apeo de los zapatos;
escondo los pies en unas zapatillas
cargo mi culo en una silla;
pellizco el boli de hacer ripios
y escribo:
“llego cansado, etc.”
estoy, sin llegar a ministro,
vacío de ideas,
pero, de pronto,
no ocurre nada.

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Los caracoles de mi huerta
son muy nerviosos:
se suben por las paredes.

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Tus rubios cabellos
trigales son,
por siempre tenerlos
blandí mi hoz.
Perdona mi pulso incierto
y descansa en paz, amor.

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Empedrado…
empodrido…
empadronado…
empedorrado…
emparedado…
empedernido…
empedernido…
Soy un reumático empedernido.
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Qué infelices saben ser los insectos
que pasean por la baquelita
de los bolígrafos.
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Al día siguiente de morir,
no pienso hablar con nadie;
por eso, dejo mi última voluntad
explicada por escrito con detalle;
me lleven a una buena playa
y sobre la torre del vigilante
me coloquen cual socorrista
con la vista puesta en los mares;
vestido con un bañador
sin lujo, pero elegante…
a mis pies quiero tener
un epitafio respetable:
“quien nunca en vida descansó
al fin sobre asiento yace
disfrutando en su muerte
de vacaciones interminables.
Si les perece bien,
pueden ustedes acercarse
para darle conversación,
que él sabrá escucharles
en silencio respetuoso
mentiras y barbaridades”
… Pasen los días y me pudra;
pasen los meses y me descarne:
saluden a los veraneantes
con esa sonrisa abierta
que tienen de parte a parte
todos los esqueletos del mundo,
incluso, los de mal carácter.
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Si alguna vez
me duele el corazón,
no serás tú
la causa de ese dolor;
que más arriba
que tu amor
tengo yo, muy alto,
mi colesterol

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La sólida grapadora
por la sombra del candil
se dirige sin demora
hacia la pronta aurora
donde reza el alfil.
Si entiendes lo que digo
eres uno entre mil;
puedo llamarte “amigo”
y también “tonto del higo”.

El sabor de la mañana
enmudece mi latido
cuando destroza la diana
a la más breve semana
de todas las que han sido
cobardes entre las bravas.
Si tú me has entendido,
si descifras mis palabras,
estás peor que las cabras.

El apóstol de madera
no suelda la aceituna
con el licor de la pera;
entremos en esta era
gritando todos a una:
“¡este tío me vacila!”
¿Sacas conclusión alguna?
¿Sí? entonces eres lila
y te “te patina la pila”.

Un rododendro pasmado
en el corro de sofistas
lanzó al aire un dado
de marfil crucificado
entre raras amatistas.
Ahora ya me espanto
si tú sigues estas pistas:
yo aquí mismo me planto:
más que tonto, eres santo.

Llamémoslo poesía
abstracta y de la buena.
Así muchos su valía
demuestran por esta vía:
la composición que suena
cargada de sinsentidos,
absurda y sólo amena
a cerebros relamidos…
muy cultos… ¡pero salidos!

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¡Cuidado! ¡El gato!
Felino, felino,
yo te adivino:
quieres dar un rato
de pasar cochino
a Lucas, mi pato.

¡Alto, insensato!

La anterior semana,
con alevosía,
a espalda mía,
porque fue tu gana,
sufrió agonía
por zarpa insana:
la tuya marrana.

¡Ay! ¡pobre patito!
Perdió toda pluma
como si un puma,
no gato, delito
hiciera, en suma
del crimen descrito
¡Ay! ¡Gato maldito!

Ayer, no más lejos,
le sacó un ojo
y le dejó cojo
de los entrecejos…
¡Mi pato un despojo!
¡Destripapellejos!
¡Rey de los pendejos!

Gato criminal,
nunca más jamás,
traidor, herirás
por tal o por cual
a mi pato. Vas
a pagar el mal
con un mal igual.

Haré con tu piel
abrigo de gato,
no pse mi pato
ningún frío él.
Y el desbarato
del ojo aquel,
rebelde infiel.
Lo pagarás, claro.
Te va a costar
los tuyos, un par.
Sin ningún reparo
te los voy a sacar.
¡No es precio caro
por tanto descaro!.

Anda… ven, gatito…
felino, felino,
mi dulce minino,
vuelve, mi bonito...
no seas cretino,
que ya no me irrito
contigo, quiquito…

… Vuelve aquí, salao,
que juego contigo,
mi mejor amigo;
que ya se ha acabado
el disgusto, digo,
que no estoy enfadado…
¡que vengas, desgraciao!

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Todos los perros
en el acto de mear
hacen una parodia
del saludo militar.
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Con dinero engalanados
grande cosa parecemos,
y somos, sin embargo,
tristes mierdecitas
que el tiempo va pisando.

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Es un día excelente,
exquisito, primoroso,
digno de estimación;
dícese un día precioso,
bueno para comparar
el listo con el tonto soso:
el listo está contento,
el tonto está tristoso,
el listo hace gimnasia,
el tonto hace el oso.
El tonto salta del catre
con de legañas un poso
sellando el lagrimal;
el aliento de un foso
séptico; el pelo, greña;
todo el rostro asqueroso
y el cuerpo delincuente,
nocturno y alevoso;
su mente, un mar de mierda
espeso y receloso
(proceloso, es decir,
que peca de tormentoso).
Cambio, observen al listo
que aspecto tan sabroso
en pantalón deportivo:
sobrepasa lo hermoso;
superior musculatura
castigada sin reposo
le proporciona un cuerpo
pulido, triscón, cremoso,
de perfecto casi odioso,
con la eterna sonrisa
de las mujeres acoso…
(con todas chiqui chiquichi,
solteras o con esposo).
¡Un momento!... ¡atención!
Ocurre algo novedoso:
ha lugar dolor lumbar,
un chasquido horroroso
y queda el pobre listo
retorcido cual patoso
cuando practica el judo.
La suerte como a un leproso
le ha huido y yace
jodido el antes donoso.
¿Veis? para comparaciones
hace un día precioso.
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Quiero hacer el amor contigo,
muñeca,
me da igual haberte conocido,
muñeca,
en una tienda de amor prohibido,
muñeca:
para amarte sólo necesito,
muñeca,
una bomba de inflar colchonetas,
muñeca.

sábado, 3 de abril de 2010

Fariseo

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¡Qué vas al templo,
falso cristiano…!
Si a la puerta un pobre
te tiende la mano
y tú ni de mirarle
le haces regalo.
Entras y le rezas
al crucificado,
¡qué gran feligrés!
¡qué devoto beato!
pero no con el gesto:
sólo con el labio.
ya sales del templo,
satisfecho, purificado;
ya el mismo pobre
te tiende la misma mano
a ti, virtuoso
pero sólo de labio:
ya le das la espalda
sin otra vez mirarlo,
¡Y la misma función
en todos los teatros!
¡Que las iglesias son sólo piedras!
¡Piedras con un tejado!
¡Que Dios está en los cielos,
y mucho más está en tu mano!
y más veces visita
el alma de un desheredado
que las naves de una iglesia
con sus ángeles y santos.
¡Cierra la boca de donde sale tu rezo!
y con tu Dios en la mano
disfrazado de dinero
ve y compra un salmo
de harina de trigo
y bien horneado:
por dentro blandito,
por fuera dorado,
que ceda de miga,
que cruja al tacto;
busca entonces al pobre
que te tiende la mano
y pon en su boca el salmo,
que él ya sabrá cantarlo…
¡Esa es la forma de orar
del auténtico cristiano!

viernes, 26 de marzo de 2010

Despiste

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Foto de Anita Márquez ;-)

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Despiste

Me desperté a las siete,
abrí los ojos a las ocho
cuando ya, por error, había cogido
el bus de la línea diez y ocho,
y ahora que lo pienso,
todavía tuve suerte
librar de ir desnudo
en un despiste, por quererte.

….

Desayuno con sueños

La taza de café
ha quedado vacía.
Su asa me incomoda,
es una oreja que tal vez
espere de mi unas palabras.
¿Qué decir?
¿Oye los pensamientos?
¿Qué pensar?
La cucharilla, acostada en el platillo,
algo alterada por una gota de café
que guarda nerviosa
en su cóncava forma
ansiando lasciva el imposible
de impregnar de cafeína
cada molécula de celulosa
del sobre vacío de azúcar
besado en su vientre
por la elíptica curva de acero.
"Brasil", dice la taza.
"Exit", contesta el sobre.
La cucharilla guarda silencio,
oculta algo.
La giro excitado en busca
de la intimidad que me hurta.
"18/10" revela en el envés
de su esbelto talle.
No entiendo.
Busco la explicación
en el poso de la taza
y descifro en una constelación
de partículas de café
el número elevado a la potencia,
el de veces que a cada segundo
quisiera verte impregnada
de mis esencias,
en un Brasil de pasiones,
en el exit de nuestras conciencias.
¿Qué decir?
¿Qué pensar?
Claramente:
18 elevado a 10.

……………

Un café, por favor. Siempre nos quedará Marcilla, y la campanita con sordina de un remolino que funda el azúcar, como sintonía para la indescifrable magia de endulzar lo amargo con lo banal cotidiano, cuando ya la banalidad se hace transcendente como la madera a la que se aferra el náufrago. Soy feliz en este momento, el café me dibuja en el alma sinuosas vetas de árbol viejo que mi pensamiento recorre distraído con un dedo imaginario.

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Pescadora de mis sonrisas,
ya no vienes a mis orillas,
el río detiene la corriente de los días,
a los pájaros pide semillas para cubrir el fango de las riberas
con jardines de alegría. .....

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Un sobre en blanco hallado en el cajón de una mesita es una provocación que invita... Como una barca a la orilla de un lago, a subirse y navegar hacia otra orilla donde sabemos se encuentra la persona amada... Invita como los labios cerrados, indefensos, dormidos, de ella, frescos, a ser besados... Invita a lanzar una red de palabras en la que caiga atrapado el pensamiento, de la enamorada, para ser arrastrado cientos de kilómetros e izado a esta barca de cariño que hacia su orilla navega, por el lago de los serenos pegamientos del amado.

...

¿Que para qué sirve la poesía?
Alguna vez,
en algún lugar del mundo,
un poema salvó una vida.
¡Escribid, poetas!
Llenad el mundo de versos como caminos
que lleven a todas partes,
para que la esperanza no vuelva a perderse
nunca más.
Nunca.
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miércoles, 24 de marzo de 2010

Loco de amor

No doy ni un paso.
Espera.
Que me concentre.
Antes echaré un trago.
No.
¿Agua, agua?
¿Es agua el agua? ¿No? ¿Qué contiene la botella?
¿Sí?
¡Cuquiiiiiiiiii!
¡Oeeeeeeeeeeeeeé! ¡Oé! ¡Oé, oé, oé! ¡Oé. oé, oeeeeeeeé!
Oye, tú, Piedra.
No contesta.
¿A quién le pregunto?
Al destino: qué sabio, qué ridículo, qué caprichoso.
Prrrrrfffffff. Pio, pio.
Segundo a segundo,
casis a casis,
mira, oye, que me concentro.
¡Ay, qué pasión! ¡Fijo que he nacido!
¡Que me acuerdo, que me acuerdo!
¡Ñiiiiiiiiiiiiiiiiaaaaaaaaaoooooooooooooo!
Glllllljjjjjjj.
Kilo y medio de sesos,
medio más de corazón,
mimos a fuego lento,
cuatro besos, un hervor.
Un aliento de gemidos,
dos pellizcos de desvelo,
reposar, servir en frío,
qué deleite, que me meo.
¡Es ella!
¡Haaaaaaaddddaaaaaaaaa! ¡Floooootttaaaa!
¿Floto? Nooooooo. Ellaaaaaaaaa.
¡Que no, que no doy ni un paso!
A la autopista, a la selva, al mar, al precipicio,
¡Tírate tú! ¿Tírate tú? ¿Pio, pio?
Prrrrfffffff
“…sendero; eso, jardines; eso, estanque; eso, el muro…”
Dice el Destino.
“Camina, Enamorado, no pasa nada”.
Dice el Destino.
El mono culturista
con la bata blanca.
Qué sabiondo, qué ridículo, qué caprichoso.
Bebe tú, Destino, que te vi echar las pastillas.
Mono.
Culturista de caca.
Que “Desvarío” dice.
De los huevos, bobo, sí, tú, palabra de honor.
¡Hadaaaaaaaaaaaa! ¡Chochooooooooooottteeeeeeeeeee!
¿Floto?
No doy ni un paso.
Espera.
Que me concentre.

martes, 23 de marzo de 2010

Locuán versus Savater

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1. Savater:

“A veces la persona inteligente entiende que frente al estúpido tiene menos convicciones y menos creencias que el tonto. El tonto tiene más ideas”.


Locuán:

“En sus sistemas políticos democráticos, los humanos cometen el error de votar a los líderes que tienen más ideas”.


2. Savater:

“Al repetir las grandes preguntas intentamos hacernos dueños de nuestra vida, tan incierta y fugitiva; preguntarse es dejar de trajinar como animales, automáticamente programados por los instintos, y erguirse, secándose el sudor para decir : « Aquí estamos nosotros, los humanos, ¿qué hay de lo nuestro?».


Locuán:

¡Cuánto mejor los humanos seríais dueños de vuestra vida si cobrarais el sueldo antes de cavar la zanja! Así no tendríais esos problemas con el jefe”.


3. Savater:

“El filósofo coge su bien allá donde lo encuentra (a), reúne sus materiales sin preocuparse excesivamente de su nobleza (b) y le reconforta más conservar las diferencias (c) que clamar desde el primer momento por la sagrada unidad del todo (d).


Locuán:

“Un filósofo terrícola es el equivalente a un cachondo salido absurdolandés buscando un ligue rápido un sábado por la noche.

Referencias (a), (b), (c) y (d) Savater.


4. Savater

“La verdad es que la democracia se basa en una paradoja que resulta evidente a poco que se reflexione sobre el asunto: Todos conocemos más personas ignorantes

que sabias y más personas malas que buenas”.


Locuán

“En mi mundo sólo tienen derecho a voto los gilipollas y los hijos de perra. Gana las elecciones el partido que menos votes consigue”.


5. Savater:

“El hombre mira, pero no ve; cuando ve, no alcanza y si alcanza no puede retener”.


Locuán:

“Un acertado dicho feminista absurdolandés reza: «Malo es llevar el marido al Carrefur para que te ayude a hacer la compra del mes, y peor que sea un enano manco»”.


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Amada mía

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Cuida no se averíe tu teléfono.
Amada mía.
Quemaría un bosque,
me verías en los informativos
hacer el imbécil con una manta india,
antes de ser detenido.

Qué celos de tu Soledad.
Amada mía.
No puedo competir, no puedo darte esa calma,
ni llegar tan a tu adentro,
ni puedo impedir que te subyugue
en mis ausencias.

Viene la noche; no para mí.
Amada mía.
Me persisten unas 12:00 impasibles
desde aquella tu primera,
para mi,
sonrisa.

Tú sabes que no me disfrazo.
Amada mía.
Depuro mis más honestos sentimientos,
los verso con nobleza entregada;
toma mi vida, bien mío:
soy poeta y te la clavo.


Quieras perdonarme.
Amada mía.
Cuando te trato como la corneta del loco,
la tiza del tonto, la pleiesteision del adolescente.
Me tienes loco, tonto y niño,
porque te quiero.

domingo, 21 de marzo de 2010

Liberábame

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Con un ánimo áspero, lánguido,
próximo mi espíritu mísero
al pérfido vértigo melancólico,
(de la lástima, pórtico mortífero)
veíame.
Súbito,
en la cóncava bóveda de árboles,
un pájaro espléndido, dulcísimo,
en el ámbito indómito, mágico,
como pétalo trémulo y tímido
veíase.
Súbito,
alejándome de lo inarmónico,
(al pájaro báculo de mi ánima
y músico alzándome estático)
igual que en el céfiro las águilas,
veíame.
Súbito,
en mi máscara, monótona, lóbrega,
bajo el párpado, húmeda lágrima,
cual fantástico, único, relámpago
de un magnífico júbilo, plácida,
liberábame.

sábado, 20 de marzo de 2010

El monje y el niño

Este cuento educativo es utilizado en los parbularios de toda la Confederación Galáctica. Su contenido puede herir los sentimientos de formas de vida sensibles, por lo cual ustedes los humanos, niños o adultos, pueden leerlo tranquilamente.
EL MONJE Y EL NIÑO

El monasterio chino se caía a pedazos. Había conocido mejores tiempos. El agua del río bajaba negra y apestosa debido a la actividad industrial de la ciudad cercana. Los turistas pululaban por los alrededores merodeando por cada rincón. Alguno se había sentado al borde del bosquecillo para descansar.

A la entrada del templo, junto al río, un viejo hablaba con un niño. El anciano vestía una túnica roja y morada, colores que simbolizan sabiduría y autoridad. El niño, de unos doce años, vestía de blanco, símbolo de la inocencia y la inexperiencia, como correspondía a la uniformidad de los novicios.

- Maestro, ¿por qué los árboles no son todos de la misma especie?
- ¿No lo sabes?
- No.
- Piensa en la razón.
- Por mucho que pienso, no encuentro la respuesta.
- ¿Crees que debe haber una respuesta?
- ¿No la hay para todo?
- ¿Ha de haberla?
- No lo sé, maestro.
- Piensa si ha de haberla.
- ¿Cómo puedo saber si habría de haberla? Tal vez, pudiera haberla y yo no alcanzarla o no alcanzarla por no haberla. En el segundo caso, yo no podría saber que no la estuviese alcanzando por no haberla, podría pensar siempre que no la alcanzo por mi ignorancia a pesar de sí haberla. También podría haberla y yo alcanzarla si fuera tan sabio como tú, maestro porque tú sabes todas las respuestas a todos las preguntas, ¿verdad?
- ¿Cuántas preguntas existen?
- Infinidad, maestro.
- ¿Cuántas respuestas?
- Infinidad, o menos de infinidad en el caso de que algunas preguntas no tengan respuesta, o más de infinidad en el caso de que una pregunta tenga más de una respuesta.
- Menos de infinidad o más de infinidad es lo mismo que infinidad, luego un hombre necesitaría una infinidad de tiempo para escuchar las preguntas y dar todas las respuestas. ¿Hay algún hombre que viva eternamente?
- No, maestro. Ya lo entiendo. No hay forma de saber si un hombre conoce las respuestas a todas las preguntas porque en toda su vida no tendría tiempo de escuchar todas las preguntas.
- Te equivocas. Un hombre puede conocer todas las respuestas sin haber oído nunca las preguntas.
- ¿Cómo?
- Hazme tu primera pregunta.
¿Por qué los árboles no son todos de la misma especie?
- No lo sé.
- Si no lo sabes, maestro, ahora yo sé que no conoces todas las respuestas.
- Pero tu pregunta ha tenido su respuesta: "no lo sé"
- Sí, eso es una respuesta, yo también soy sabio, pues tengo las respuestas a todas las preguntas. Sólo tengo que contestar "no lo sé". Soy tan sabio como tú, maestro.
- ¿Estás seguro?
- Si.
- Cierra los ojos.

Cuando el niño cerró los ojos, el monje levantó un brazo, lo echó hacia atrás con la palma de la mano abierta y manteniendo esa posición preguntó al alumno.

- ¿Qué va a ocurrir ahora?
- No lo sé.

El siguiente movimiento del monje fue tan rápido que ningún ojo humano lo hubiese podido captar por mucha atención que hubiera prestado a la escena.

¡PLAS! La bofetada sonó tan fuerte que en el bosquecillo levantaron el vuelo varias bandadas de pajarillos asustados. Algunos turistas se volvieron a mirar sin comprender el origen de ese "disparo" que habían oído claramente. El niño, que por el golpe había inclinado la cabeza como un muñeco de trapo, se enderezó al mismo tiempo que abría los ojos serenamente, por haber sido educado en la dura disciplina de la templanza estoica de la Orden del monasterio.

- Como puedes ver, pupilo mío, tu respuesta era errónea. A las preguntas que te hice, la respuesta sabia era "me vas a dar una bofetada", y no "no lo sé".

Y ahora, vuelve a cerrar los ojos. De nuevo te pregunto ¿qué va a ocurrir ahora?
- Pudiera ser que el maestro me diera una bofetada.
- ¿Estás seguro de que esa es la respuesta acertada?
- No.
- ¿Dudas?
- Sí.
- ¿Quieres salir de la duda?
- Si contesto "sí", pude ser que el maestro me dé una bofetada.
Si contesto "no", soy mal alumno por no querer resolver mis dudas, y por lo mismo, hacerme merecedor de la bofetada. Si contesto "no lo sé”, sé que puede ser la respuesta errónea y puedo recibir una bofetada que me lo confirme.

¡PLAS! Esta vez, el monje no hizo movimiento previo. La capacidad física de toda una vida de entrenamiento en las artes marciales de lucha le permitía realizar, incluso a su edad, gestos instantáneos con una fuerza contundente y precisa. El alumno, en cuclillas todo el tiempo, estuvo punto de caer hacia un lado. Su cara tomó un vivo color rojo, símbolo de la sabiduría. Unas lágrimas cayeron por sus mejillas. Recobró la compostura, contuvo el hipido entrecortado de su respiración y guardó silencio. En el bosquecillo, las aves apenas se habían levantado por encima de las copas de los árboles, menos sorprendidas por el ya conocido ruido.

Algunos turistas se quedaron mirando las dos figuras, atraídos por la clase matinal.

- Como puedes ver, ratoncillo colorado, lo que iba a ocurrir siguió su curso de manera independiente a tus divagaciones. Dieras o no la respuesta sabia, el bofetón era la realidad. Ahora, vuelve a cerrar los ojos. De nuevo, te pregunto ¿qué va a ocurrir ahora?
- Mi maestro va a darme una bofetada.
- ¿Estás seguro?
- Sí, del todo.
- ¿Por qué estás seguro?
- Es la respuesta más sabia, puesto que si recibo la bofetada tendré la satisfacción de haber acertado la respuesta sabia y si no la recibo, a pesar de haberme equivocado en una valoración demasiado pesimista, tendré la satisfacción de de no tener que soportar el dolor de la bofetada.

¡PLAS! ¡PLAS! Afortunadamente, el monje le propinó una bofetada en cada papo, lo que le equilibró el cuerpo del niño, sometido en este caso a fuerzas de empuje contrarias, y repartió el dolor entre dos mejillas, pues una de ellas iba adquiriendo ya un tono de color morado, símbolo de la autoridad. Pasados unos segundos de conmoción, el niño comenzó a temblar como si tuviese frío. Lloraba profusamente, pero con el rostro inexpresivo, a pesar de la expresividad de sus colores. Los pájaros del bosque que, segundos antes, aleteaban nerviosos por el escándalo que armaba un grupo de excursionistas al cantar a voz en grito, se relajaron al escuchar el familiar sonido de las bofetadas. Varias personas habían ido acercándose a la entrada del templo y rodeaban al viejo y a su discípulo.

- No has sido pesimista, mi pequeño saltamontes malogrado. El riesgo lo has corrido desde el optimismo de la respuesta "me vas a dar una bofetada", cuando la realista y sabia era "me vas a dar dos bofetadas". Ahora, cerraré los ojos yo y tú me preguntarás "¿qué va a ocurrir ahora?".
- Maestro, ¿qué va a ocurrir ahora?
- Me vas a dar una bofetada.
- Pero esa no es la respuesta sabia, yo jamás daría a mi maestro una bofetada.
- Te ordeno que lo hagas.

El niño, enseñado en la Sagrada Ley de la Obediencia a los monjes sin importar cuál fuera la orden recibida, comprendió que el maestro había dado la respuesta sabia y, no quedándole otro remedio, golpeó muy levemente con las puntas de los dedos de la mano, como en un gesto cariñoso, la cara de su maestro.

-Tenías razón, maestro.
- ¿Estás seguro?
- Sí... ¿Sí?

¡PLAS! Algunas de las hojas de los árboles del bosquecillo, las que estaban sujetas con menos fuerza, se desprendieron y cayeron al suelo. Todos los turistas, excursionistas, monjes, discípulos, servidumbre del templo y curiosos que pasaban, rodeaban en círculo al sabio y al niño, escuchando atentamente las enseñanzas impartidas. Hacían fotos y filmaban con cámaras digitales, tomaban notas apresuradamente en agendas y cuadernos. Los pájaros se habían quedado dormidos, a las once de la mañana de un soleado día de primavera.



El niño se había llevado las manos a la cara, gritaba de dolor, blasfemaba e insultaba con chillidos histéricos al anciano maestro y a todos los presentes. Tardó media hora en conseguir fingir que se había calmado. En su rostro, como esculpido en piedra de granito, quedó un gesto malvado, una mirada torva, rencorosa, iracunda, tal vez asesina, que parecía surgir de ese pozo putrefacto del alma que comunica directamente la naturaleza humana con el corazón del infierno.

Te volviste a equivocar, mi pequeño saltamontes abofeteado. La respuesta sabia, que yo no di, para ocultar intencionadamente mi sabiduría y poder poner a prueba tu capacidad de aprendizaje, era "tú me vas a dar a mí una bofetada y yo a ti otra", de lo cual debes aprender lo que ya deberías saber a estas alturas: ni tu maestro ni ningún hombre sabio o ignorante crea la realidad cuando habla, sino que la realidad, repito hoy por segunda vez, tiene existencia propia e independiente de la palabra, sea la palabra en divagación o en afirmación segura y venga de quien venga.

- Ahora, cerremos los ojos los dos. Yo, que soy tu maestro, te digo que uno de nosotros dos dará una bofetada, y sólo una, al otro, tan fuerte que lo tumbará de costado. ¿Qué va a...?

¡PLAS! El maestro cayó de costado, sangrando por la boca. Fue escupiendo uno a uno los pocos dientes que había conservado hasta ese momento de su vida, dando al charco de sangre que se iba formando delante de su cara el aspecto de un gazpacho con tropezones de taquitos de cebolla, muy cargado de tomate.

El niño, alumno aventajado en Kung-Fú, sacaba las mejores notas en el gimnasio del monasterio. Su maestro de educación física, Kevin Debruces Lee, le apodaba "Garra de tigre"

- Maestro, la respuesta sabia es "yo, tu pequeño saltamontes espabilado, seré quien te dé una bofetada". Ahora puedes terminar de preguntarme "¿qué va a ocurrir ahora?"
- Efcelente, efcelente..., mi pequeno zatamontez ninja..., haz apendido la lezón: pada conocé la dezpuezta zabia a una pegunta, fabica pimedo la dezpuezta zabia y dezpuez haz la pegunta.

¡PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS!

El público concurrente aplaudía admirado de la sabiduría del maestro y la agudeza del discípulo. Se agotaron las memorias y las baterías de las cámaras digitales. Los lapiceros se quedaron sin punta, los bolígrafos sin tinta, las agendas y los cuadernos sin hojas. Los pájaros, despertados por la salva de aplausos, acudieron raudos a comer el gazpacho, excepto dos, que se quedaron en la rama de un árbol haciendo el amor. Mal. Era la primera vez.

La madre del niño puso una denuncia.

Hace tres años que el maestro no para de recibir bofetadas.
Los otros presos quieren mucho al maestro. Cada día que pasa se hacen todos un poco más sabios.

viernes, 19 de marzo de 2010

Miel de la Granja San Pedrisco, regalo E.T. para habitanta del planeta Tierra

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En la evolución de la fauna de Absurdilandia, la antecesora de la Apis Fresífera fue la abeja Apis Saurópoda.
Apis Saurópoda:
Insecto saurio de 100 toneladas, 1000 patas, 10.000 ojos, dos antenas parabólicas del tamaño de un campo de nabos, trompa chupadora de 2 km. y orejas de soplillo. Alas de quitina poco desarrolladas, de 5 cm en su máxima extensión.
No volaba, pero aleteaba de continuo para espantar las girafasurdas que le parasitaban los sobacos. Vivían en colonias - por lo que olían muy bien- de millones de individuos. La mayoría eran obreras, fácilmente reconocibles porque estaban todo el tiempo eructando y quejándose. Cada colonia tenía una reina, hermosísima pero estéril que se exhibía para atraer a los machos de la especie con la intención de que se reprodujeran sexualmente con las Ministras, únicas saurópodas fértiles que, juntas, formaban la República y organizaban la colonia.
Se alimentaban por libación del néctar de las flores gigantes que poblaron Absurdilandia desde el Antescalendárico hasta el Postardario. Las Apis vaciaban lagos enteros bebiéndolos y utilizaban los lechos vacíos para almacenar la miel.
Llegaron a producir inmensos mares de miel, algunos de los cuales fueron cubiertos por sedimentos desplazados por impactos de meteoritos y terremotos. Al quedar sepultada, la miel se conserva durante millones de años y en la actualidad aflora en muchos puntos del planeta impulsada por la actividad volcánica en coladas que pueden alcanzar decenas de metros de espesor y kilómetros de anchura que avanzan sepultando todo lo que encuentran a su paso.
La miel absurlandesa tiene excelentes propiedades: un castillo, un yate, una cadena de hoteles, pozos de petróleo, fábricas de electrónica, etc. Es broma. JA. En realidad, es afrodisíaca crónica aguda, quita las manchas de sirope en las corbatas de seda. Añadida a la gasolina limpia los inyectores del motor, cura el hipo en los hamsters, mezclada con salsa de queso ahuyenta los tigres de Bengala y es recomendable para las afecciones de garganta y amenizar la práctica de la genitalasorbición.
¡Ojo!
Alivia la hiperreflexia y previene las infecciones de orina,
Por lo que no se recomienda su consumo a masoquistas que padezcan estas dolencias.
Precaución:
El envase de la miel contiene una burbuja de aire que se desplaza al moverlo. No observar la burbuja durante mucho tiempo seguido: produce un efecto hipnótico idiotizante.
Comentario acerca de los otros objetos
1. Objeto metálico de acero: extractor de fluido envasado procedente del Planeta Tierra, en camino de vuelta. Objeto valiosísimo cedido generosamente por el "Museo de la Cosa Amarilla" Absurdolandés, donde se exponen variados artículos confiscados a una forma de vida extraabsurlandesa procedente del Planeta Tierra que invadió nuestro mundo sin licencia comercial. Se trataba de una cosa viva amarilla, de pequeño tamaño, dientes paletos sobresalientes y ojos rasgados de origen terráqueo, sector "China", que portaba una mochila cargada de todo tipo de utensilios y artilugios que aún se siguen investigando en nuestros laboratorios, para tratar de descubrir su función y utilidad. La cosa amarilla, lamentablemente, expiró de un colapso al hacerle entender que no podrían vender su mercancía en nuestro mundo. Este ingenioso ingenio de metal permite recoger la miel de su lugar y portarla hasta el orificio de la alimentación de entrada del aparato digestivo y lo puede hacer acumulando dos cantidades distintas de líquido viscoso, a saber:
Mayor: Sujétese por la parte estrecha y cargue la ancha.
Menor: Sujétese por la parte ancha y cargue la estrecha.
De fácil limpieza si se emplea el apéndice lingual de la boca para empapar el sobrante adherido mediante el método de roce rítmico del músculo bucal sobre la superficie metálica*.
Dicho objeto recibe el nombre originario de "Cucharilla"
* Se recomienda no realizar dicha limpieza en presencia de especimenes del sexo opuesto en estado de celo.

2. Apis Azulina Hostiadora. Ejemplar agresivo de la fauna absurlandesa. Reconoce como dueño/a a la primera persona que grita con toda la fuerza de sus pulmones la fórmula: "ESTOSMÍO". La Apis Azulina es un insecto de unos 15 cm de tamaño y 300 gramos de peso que se emplea en las despensas para proteger alimentos específicos de intrusos no invitados a catarlos. En caso de que una persona no dueño/a de la Azulina intente acercarse al alimento, será atacada por este cruel insecto conocedor de técnicas milenarias de lucha, golpes, llaves, retorcimientos, mordiscos y escupitajos vejatorios.
La Azulina necesita cuidados de manutención, por lo cual se adjuntan los objetos 3 y 4 (y 5).
3. Sellos terráqueos, de correos. Único alimento que metaboliza esta Apis, de todos los investigados hasta el momento. Suministrar con moderación o engorda y, al volar, no consigue alcanzar la velocidad de la luz en 3’5 segundos, como le es propio a un ejemplar sano.
4. Miss Dior Cherie (Adquirir en las perfumerias del Planeta Tierra). El agua es una sustancia venenosa mortal para la Azulina. Ante la necesidad de encontrar un líquido hidratante de su organismo para la supervivencia en el planeta Tierra, tras muchos ensayos de laboratorio, se pudo comprobar cómo este líquido saciaba su sed con el único efecto secundario de dejarle un tufo apestoso al olfato de los absurlandeses, aunque, tal vez, inicuo o incluso agradable en otros planetas.
5. Refrigerante "Fahrenheit"(también en perfumerias) Rociar la Azulina una vez al mes o (en caso de volar sin el refrigerante) se carbonizará como una estrella fugaz al aumentar la temperatura de su cuerpo con el rozamiento del aire.
Nota notable:
Parte del contenido de este envío tiene origen absurlandés, por lo cual y en su seguimiento estricto de la legislación Galáctica Interplanetaria será entregado a Máximas Autoridades Terráqueas para que aprueben su permanencia en el planeta y, asimismo, localicen a su destinatario cuya identidad precisa se ignora, aunque se conocen numerosos seudónimos de dicho destinatario que, a continuación, se hacen explícitos con la intención de que éste sea localizado:
-Cositalinda
-Jilguerilla
-Estrellita
-Dulceniña
-Bomboncín
-Lucerodeandalucía
-Sonrisadesol
-Caritadeangel
-Cascabelito
-Chiquitinamía
-Minortedelsur
-Farodeolvera
-Aguadeabril
-Flordeprimavera
-Chispita
-Angelfulgente
-Peluchitasuave
-Bocadefresa
-Noblediosa
-Reina
-Princesa
-Emperatriz
-Cosarrica
-Brisafresca
-Caramelín
-Cariñito
-Pesiosa
-Joquenena
-Quemelacomo
-Nancydecai
-Pintorahiperdotá
-Poetisasimpar
-Cómoquenotieneunpar?
-Ybienrprietoquelotiene
-Quelepegaenlamano
-Aunpelotari
-Yselarrompe
-Miacomoseríe
-Sedesovariadelarrisa
-Morbotié
-Mepone
-Latranca
-Comolacaldera
-Deunalocomotora
-Metiaenaltohorno
-Devizcayapafundila
-Esperotegusteelrregalo
-Chochín
-(Cómono)
-Loquilla
-Jo
-Eresuntesoro
-Tequieroquetedesmayas

jueves, 18 de marzo de 2010

Entremeses

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A la de una


No es posible entender a quien en vida fuera un cadáver asocial
durante 25 años,
ni asimilar la ternura del cariño puro
sin interpretarla como amor,
ni concebir que el amor es, en ocasiones,
un sentimiento inferior al cariño.
¡Y cuántos convencidos de que el amor es sólo virtud!
¡Ja, el amor! Ese ladino,
ese traidor, ese ciego, ese falso,
y aún, desprecio, el peor de todos: ¡El verdadero!



A la de dos



No duerme jamás el sabio Moralino;
se lesiona el atleta por darse caña;
Horas y horas aguanta quieto el mimo;
ella o él, concentración y maña,
que me hidrato, que me peino, que me depilo,
más sudores que en la china muralla
los lleva la estética que los que llevara la piedra al chino,
y ¡huy! De estos y más que no les desmaya
saber, deporte, arte, vanidad, el sacrificio,
no hay uno que no proteste con gana
si en la mesa de hoy les ponen de ayer el pan de trigo.
Ya te digo.


Y a la de tres


Te veo más cuando no te miro.
Si te miro y escucho es que estoy pensando en otra cosa.
Lo mismo llego y no saludo, que me marcho y no me despido,
que te despierto de un mugido cuando más lejos me hallo
y menos lo esperas.
No te hago caso como esté a mis pastos,
en cambio, aburrido, me acerco, te lamo y extasío.
Y tras tiempo, mucho o poco, de ignorarte,
me tumbo,
rumio y te miro, te miro y rumio, rumio y te miro.
Total: Mu,
como las vacas, sí, tengo un querer bovino.



¿Me salió?
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