sábado, 3 de abril de 2010

Fariseo

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¡Qué vas al templo,
falso cristiano…!
Si a la puerta un pobre
te tiende la mano
y tú ni de mirarle
le haces regalo.
Entras y le rezas
al crucificado,
¡qué gran feligrés!
¡qué devoto beato!
pero no con el gesto:
sólo con el labio.
ya sales del templo,
satisfecho, purificado;
ya el mismo pobre
te tiende la misma mano
a ti, virtuoso
pero sólo de labio:
ya le das la espalda
sin otra vez mirarlo,
¡Y la misma función
en todos los teatros!
¡Que las iglesias son sólo piedras!
¡Piedras con un tejado!
¡Que Dios está en los cielos,
y mucho más está en tu mano!
y más veces visita
el alma de un desheredado
que las naves de una iglesia
con sus ángeles y santos.
¡Cierra la boca de donde sale tu rezo!
y con tu Dios en la mano
disfrazado de dinero
ve y compra un salmo
de harina de trigo
y bien horneado:
por dentro blandito,
por fuera dorado,
que ceda de miga,
que cruja al tacto;
busca entonces al pobre
que te tiende la mano
y pon en su boca el salmo,
que él ya sabrá cantarlo…
¡Esa es la forma de orar
del auténtico cristiano!

1 comentario:

Ana Márquez dijo...

Cuánta razón tienes, goldo

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