lunes, 18 de mayo de 2009

Más curiosidades de Absurdilandia

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En España, (Tierra) una niña de 16 años puede legalmente abortar sin permiso de sus padres, pero no puede comprar alcohol ni aunque lleve un certificado firmado por sus padres, tutores, profesores,cura de su parroquia y médico de cabecera. A mi eso me parece bien, en España parte de las niñas de esa edad llevan a la espalda todavía una mochila de peluche de unicornio de color blanco con el cuerno rosa, la cual se deformaría si la llenaran con botellas de cerveza, en cambio, es ideal para llevar un pijama y bragas limpias si el aborto se complica y la tienen que ingresar ("sin que se enteren sus padres", ja ja, ja), (ingresar a la niña,digo, no a la mochila). En defensa de la estética de las mochilas de peluche, votemos "Sí" al aborto, total, ya que no están enseñando cada día más a frivolizar con la vida humana, superémonos por nosotros mismos en esta carrera institucionalizada por conseguir que la humanidad sea cada vez más acojonantemente salvaje y paupérrima de valores humanos.

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Diccionario Locuánico

Ovíparo: Dícese de la intervención de un agente policial en carretera cuando ordena detenerse un transporte con carga de huevos, con independencia de la clase de vehículo, especie animal a la que pertenece el tipo de huevo transportado y motivo de la orden de parada. Ejemplo: "Informe de intervención ovípara, permiso de transporte caducado..."
Patidifuso: En argot de cazador, ave palmípeda avistada como blanco de tiro impreciso debido a contingencias climáticas como la niebla o circunstancias del terreno, como la frondosidad de la vegetación en la que se esconde el ave.
Cuadrúpedo: 1.Establo mal ventilado. 2. Representación pictórica artística de la alegoría del gas intestinal.
Empastar: Odontología. 1. Rellenar el hueco dental producido por una caries. 2. Acción y efecto de pagar al dentista.
Garrapata: Terminación de la extremidad superior del peón de albañil. En otros oficios: mano.
Regalo: 1.Objeto de valor olvidado en cualquier lugar público o contenido en un lugar privado no cerrado con llave. 2. En Argentina, 2ª persona del singular del Imperativo del verbo "Regar". Ejemplo: " Regalo vos, pibe, ¿no ves que se secá?"
Miseria: Referencia de marido a su cónyuge cuando está casado con una mujer que carece de sentido del humor.
Simbolismo: Ablación de los testículos..

Poesía de arrabal

Vaga en el sopor de la sobremesa
una corriente de aire que mece
cual telón la telaraña esa
que hace tres meses oscurece
la esquina sobre el armario.
Con tu desidia mi asco crece
y me deseo libre del calvario
de esta convivencia en que perece
el amor bajo la mugre a diario.

Vaga libre el humo de tu tabaco,
la peste de las fritangas insanas,
el hedor a muerte de tu sobaco
y los metanos que buscan con ganas
la salida en un laberinto de pelotillas
que al Minotauro cubriera de canas
desesperado por pasillos de pesadillas...
Si comparo, me parecen sanas
las fragancias de las alcantarillas.

Vaga, levanta y anda, revive
como Lázara y agarra la fregona,
que este esclavo ya se inhibe
de hacerte los turnos y pregona
cederte la parte que de mierda
te corresponde en esta zona,
¡Y date un baño, cacho cerda,
que tu caso me acojona
y ya dudo si estás cuerda!

sábado, 16 de mayo de 2009

Ayudando a Juan Ramón Jiménez

Mi amable Platero, dulce coqueto,
en el trampolín de tus pestañas
rutilaban las brillantes panzas
de las orondas moscas negras
que acudían a merendarte las legañas.
Tú, todo sonrisa bostezada,
abierta la tapa del piano
que guardas en la boca
te arrancaste por bulerías
en un rebuzno que nubló la tarde,
y en el eclipse de un Sol asustado
y escondido detrás de la luna
te vino a la memoria
un recuerdo de romances nocturnos,
todo el gineceo de burras
que al caer la noche embriagaban la cuadra
con los vapores corporales de la jornada,
¡Oh, Platero querido,
qué surco en la tierra seca dejó tu arado erecto!
¡Quién fuera tú, Platero,
burro de bastos,vaina de espadas,
cuerno de oros
que llenara las copas
de toda la manada!

viernes, 15 de mayo de 2009

Oremos

Pájara María.

Dios te perdone, María:
llena eres de grasa
por comer sin medida
dentro y fuera de casa.
Maldita cuando pasas
entre todas las mujeres
porque pareces una vaca
que ha perdido los papeles.
Maldito sea el bruto
de tu vientre derramado,
no creas que disfruto
viéndolo desparramado...
¡Basta, María!
¡Madre de Dios!
¡Más gorda cada día!
¡Suelta el tenedor!
Ruega porque nosotros,
pobres pecadores,
no te ceguemos los ojos
para esconderte los comedores,
que ya mucho devoras
y se acaba tu suerte,
que ya vemos, lechona,
hora de darte muerte.
Amén que adelgaces.


Padre vuestro.

El padre vuestro,
que está en el bar,
a diestro y siniestro
no para de invitar.
Cree tener un reino
y parece su voluntad
no dejar bajo el cielo
a nadie sin convidar.
Todos le santifican
y vacían en su nombre
más de cien barricas
que paga el pobre hombre.
Así es como entierra
entre borrachera y orgía
lo que le otorga la tierra:
el pan vuestro de cada día.
Ya tiene muchas deudas
que sus deudores no perdonan,
mas él con sus tretas
atrevidas e ingeniosas,
los esquiva por docenas
en su vida licenciosa.
Ha caído en la tentación
y nadie le libra del mal,
amén que tengáis ocasión
de hacerle encerrar.

Disfrazado de gallina

Como de mono no ligo nada,
y estoy en paro, de momento,
he destripado la almohada,
y con pluma y pegamento,
disfrazado de gallina
hago la calle en mi mesita,
espalda contra la esquina
Del Diccionario de la Cita.
No llega ningún cliente,
pongo un huevo, cacareo,
el otro, de repente,
se me ha caído, de un mareo.
Pasa una mosca negra,
peluda, subsahariana,
un zumbido que me alegra
el forro de la mañana.
Suenan portazos,
pasa una moto,
la radio hace pedazos
mi boleto de la loto.
Ríen niños en la calle,
juegan como cocodrilos,
no tuvieron el detalle
las madres de no parirlos.
Ni un gorrión se me acerca,
ni un kiko, ni un pardillo,
me mira fijo una perca
cuando abro mi bocadillo.
La cocacola alzo en mi mano
y un trago que me sabe a gloria
demuestra que el americano
hizo algo bien en la historia.
Un regüeldo de mil truenos
hace temblar los estantes
y escribir estos versos buenos,
mejor que los de Cervantes.
Y un pedo excreto señero,
y no se enfade el Ozono,
que de agujero a agujero
se entiendan capa y mono.
¿Volverán las oscuras golondrinas?
Vivo sin vivir en mí
esta hora anodina
que no visita ni un colibrí.

jueves, 14 de mayo de 2009

Pedro Medario. Parte segunda.

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Misión imposible
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Pedro vive en un apartamento de un metro cuadrado. Sin ventanas. No caben en las paredes. Lo compró suertudamente en una oportunidad sin par, de huevos. Yo, por lo menos, no he oído hablar de otro caso igual. Se priva de todo para poder pagar los dos euros mensuales de la hipoteca contratada a treinta años. Lo tiene amueblado con una balda de madera tamaño folio en la que posa el tablero de ajedrez. En un rincón está la cocina de gas, un hornillo pequeñito de camping con una mini sartén encima en la que acostumbra a torturar infelices salchichas hasta dejarlas fritas; en otra esquina, el baño, con taza turca tamaño plato de postre y ducha-paquete de toallitas húmedas clavada en la pared por encima de la cabeza, al lado de una artística hornacina de diseño en forma de agujero tallada a golpe de martillo y que contiene dentífrico, betún y cepillo polivalente. El dormitorio, arriba: una barra de hierro de lado a lado de la que se cuelga con las piernas para dormir como los murciélagos. El resto es sala de estar. En el suelo apoya su azada de quitarse las legañas. En su casa le gusta jugar al ajedrez. Juega contra una barra de pan. Al principio gana, pero llega un momento en que el pan se pone tan duro que se vuelve invencible, entonces se lo come y baja a la calle para comprar un contrincante fresco y continuar con las partidas.

A Pedro le gusta tomar café de Alaska los domingos por la tarde en el Bar Tolo, calle Seco Jones, 33. Cuando era un bebé de cuatro meses, y por causas ajenas a los indios yanomamis, reventó la bombona de gas en la humilde morada paterna por el peso de las cucarachas que se subían encima. Su madre salió de debajo de los escombros a mordiscos con el niño en brazos alarmada de que éste no hubiera pestañeado y lo llevó al curandero convencida de que era sordo. El niño, no el curandero. Aquel afamado profesional le diagnosticó "Calma Chicha" e indicó un tratamiento vitalicio a base de decocciones de café con leche en dosis de tres tomas al día. Gloria Bendita ver al rorro trepar incansable por las mugrientas cortinas de plástico del hogar de acogida para indigentes, saltar desde el techo de cabeza al suelo abriéndose brechas y meándose de la risa. Horas y horas. Redujo la toma a un café sólo, sin leche, para no darse más leches, cuando todo el terrazo de aquella pocilga estuvo roto. En el Bar Tolo, Tolo, el dueño, le pone dos sobres de azúcar. Pedro vierte el primero en el cenicero, despistado. Despistado Pedro, no el cenicero, diabético. Diabético el cenicero, ya, no Pedro. Lo bebe sin remover y lame el fondo de la taza. Para diestros. La taza, no el lamido. A la llamada de la cafeína, acude a su neutra mirada un brillo indicador de encefalograma con baches, pese a la expresión “ataudbaratoenalmacen” de su cara, abre la gatera de la puerta principal de su mundo interior y se cuela con orgullo felino en un Absurdo trasgresor que, según legislación vigente, en la mitad de los países de nuestro apacible planeta, podría costarle la pena de muerte ejecutada por el cruel método de proyección de diapositivas de moda para vestir actual en boga. En este refugio escapista de la realidad, le crecen en los tobillos alas de sendos diccionarios académicos de galletas con tropezones de chocolate y vuela arriesgando su integridad física en un alarde de piruetas de elegancia amanerada sobre un paisaje de penes erectos afanados en desbrozar un campo de nabos de neón multicolorista incubados por gallinas depiladas en bikini que no paran de recitar en voz alta y clara, de memoria, la guía telefónica de la ciudad de Pekín. En medio de esta plantación lleva años construyendo con un adobe de plumas de pajarería y serrín cerebral una casa solariega, con un reparto interior de laberinto estúpidamente estudiado para que sólo pueda ser recorrido y resuelto por personas de estulticia degenerada en grado de Gilipollismo Genial. De esa forma protege la única habitación, central de la casa, en la que un ratón colorado custodia una dosis y sólo una de Almorranoidol Forte, en espera de que se cumpla la profecía de la Secta de los Bilirrubinos: "De ultra mundo acudirá un Ente sangrante de venas inflamadas, en su mirada sólo un mamífero erudito podrá interpretar la súplica gemida desde los Picores Supremos, y en alivio del Remedio Mágico, el Venoso Todopoderoso recompensará a toda la humanidad con la revelación del Misterio del Eterno Gozo Evacuador. Los Espíritus Cirutos harán sonar las tubapedas celestiales y desaparecerá el mundo tal como lo conocemos para dejar paso a la Era de la Hez Concejala de Urbanismo, en la que será abolido el Voto de Nomentraenlachota, opresor inmisirecorde de los Jurados de Relatos Breves".

Pues sí.
Fin del cuento.
El que quiera leer más, que compre el periódico.

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miércoles, 13 de mayo de 2009

Pedro Medario. Parte Primera.

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Pedro saca a pasear su elefante daltónico imaginario todas las noches de tres a cuatro de la madrugada, horas en que molesta menos por estar las calles más despejadas. El elefante se llama Pepe, como San José y tiene amputadas las dos trompas, las patas pares y las de al lado desde que sufriera un accidente laboral un 32 de abril del año 1992, cuando se encontraba desactivando rubias explosivas en los Campos de Spor del Merlucero. Una de ellas le estalló al rozarla con la mirada llevándosele medio cuerpo a la charcutería. Pepe aprendió a desplazarse de nuevo grabando en su memoria fotográfica digital 4,5 pixels el desnudo de Miss Paquiderma ‘93. Así babea lo justo para lubricar las aceras sobre las que se desliza como un caracol desahuciado. Siguen invariablemente la misma ruta para no pasar nunca por el mismo lugar. En el portal de la Sede del gobierno Regional, Pepe de detiene, puja hasta que una lágrima de orujo de hierbas le resbala por el enorme papo y en la subasta excreta un perdigón que sale disparado contra la pared de sillería caliza de la fachada. El viento barre con los suspiros de su invisible escoba la arena de cantera que resulta del impacto y la acumula contra las zapatillas de tenis de un delgado anciano sentado al otro lado de la calle, fallecido hace veinte años en la terraza de una cafetería para zurdos, ya sabéis, uno de esos locales en que todas las tazas tienen el asa a la izquierda. Ninguno de los 17 hijos del viejo han querido hacerse cargo de tan apuesto cadáver, pues le odiaban desde las respectivas tiernas 17 infancias por la costumbre maniática del progenitor de rascarse las costillas interpretando una irrespetuosamente desafinada versión de la cabecera musical del programa de divulgación cultural "Barrio Sésamo". Desde que jugaba a las canicas con las moléculas de ADN en los genes de sus tatarabuelos, Pedro ha deseado, con la vehemencia de una vaca bulímica en una frutería, morir de una coz de grillo y aprovecha estos garbeos para intentar sacarse uno percherón de la cabeza, escarbándose los oídos con los semáforos, pero sólo consigue hacer salir esbeltos grillos purasangres que al tocar el suelo echan a correr y levantan con sus relinchos las faldas a los curas trasnochadores, de vuelta de sus obras sociales, y arrancan pelos maduros de los bigotes de los dirigentes políticos que cuelgan de las farolas con intención de hacer públicas sus mentiras electorales.

En una ocasión, Pedro se enamoró de un chicle pegado a una baldosa. Nunca se atrevió a dirigirle la palabra. Detenía la marcha a varios metros y lo miraba de reojo. En estas rondas, Pepe dejaba malherido el aburrido tiempo con el culturismo mental de desarrollar los cálculos matemáticos necesarios para propulsar un grano de arena desde una playa de Ibiza hasta la parada de autobuses de Plutón, utilizando los planetas Júpiter y Saturno como catapultas gravitatorias de aceleración. Pedro soñaba con acariciar el chicle de sus sueños, tocarlo con la punta de la lengua, lamerlo cariñosamente, morderlo de una forma juguetona y masticarlo hasta el éxtasis. Su amor se transformó en odio perezoso, es decir, el que evoluciona hacia el olvido, al tomar dolorosa consciencia de la frivolidad de su amado, vergonzosamente coqueto con todo sucio chucho que acercaba su apestoso hocico para olisquearlo sin pudor. Quedó traumatizado con tamaño desengaño, y durante meses buscó desahogo con chicles pagados a los que vejaba mascando ruidosamente con la boca abierta y escupía con desprecio cuando le habían vaciado las glándulas salivares.

Pedro es creyente. En la puerta derecha de su coche, por la parte interior, ha crucificado con tres grapas al Cristo Copiloto y le invoca en hora punta para que le encuentre aparcamiento. El Cristo, aunque parezca dormido, varía milagrosamente su semblante en función de que los actos de Pedro sean, o no, moralmente aceptables. Por ejemplo, el Nazareno parece más amable si su devoto ayuda a cruzar la calle a un pomo de puerta indefenso caído por accidente de la furgoneta de un ferretero; y parece enfadarse si hace algo impropio, como sacarse los mocos de la nariz con los dedos de los pies. Para tenerlo contento le besa la corona de espinos y le reza de cuando en vez un Padrenuestro Vial:

"Padre Nuestro que estás en la vía pública,
santificada sea tu matrícula,
venga a nosotros tu semáforo en verde,
hágase tu voluntad así en la calle como en el aparcamiento,
el gasoil nuestro de cada día, dánosle hoy,
perdona nuestras infracciones así como nosotros perdonamos a nuestro municipales
y no nos dejes caer en la tentación,
más líbranos de la multa, Amén".

Su espiritualidad profunda y comprometida le lleva a compadecer a esos ateos que no contentos con estar equivocados, tratan de convencer a las buenas gentes de que Jesús fue un farsante. Tal es el caso de aquél irreverente físico que afirmó en un programa de TV que Jesucristo pudo caminar sobre las aguas porque calzaba unas enormes sandalias de corcho, que Lázaro no resucitó, sino que se recobró de pronto de un ataque epiléptico, que los peces y los panes alcanzaron para todos en el reparto no por multiplicarse, sino porque eran anchoas y palotes pequeñitos, y otras bobadas de similar escama.

En fin. Pedro ha tenido mucha suerte con el volante, única pieza salvada de su primer coche. Se quedó dormido y después de conducir doce kilómetros en sueños, su memoria subconsciente se distrajo con una mosca de mirada arrebatadora, le hizo salirse de la carretera y ayudar al personal de mantenimiento de la misma a segar el césped de la cuneta con el motor descolgado del automóvil por impacto contra mojón antes de dar dos vueltas y media de campana de Notre Dame, por lo aparatosas, y quedar picha abajo, como una montera bien educada, dentro de un entramado de hierros retorcidos que hubiesen valido millones en el Guggenheim a poco que lo firmara un extranjero desconocido con nombre impronunciable. En tales juergas, su cerebro, siempre más inteligente que él mismo, desconectó la memoria para no registrar tan hilarante episodio, que a más de múltiplos de uno hubiese podido matar por espasmos de carcajadas, según personalidad. Las personas que lo asistieron en socorro se quedaron a cuadros y otras figuras geométricas no tan escocesas al ver después de sacarle de entre la chatarra, que no había sufrido pupa alguna y que de los bolsillos de su chaqueta extraía un pañuelo y un peine, como en las películas hacen los gallardos héroes en esos gestos tan viriles de no dar importancia a las cosas.”Está afectado", dijo no sé quién, y los demás lo firmaron al ver como se mesaba el cabello con el pañuelo y se peinaba los zapatos con raya al medio. De haberle conocido se habrían quedado más tranquilos y no habrían llamado a la ambulancia ("Menos mal, está como siempre").


Continuará... (Perdón, lo siento)

sábado, 9 de mayo de 2009

Dudas

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La mierda, la mierda... ¿Qué lugar es ese? ¿Alguien ha estado?


¿Nos muerden los perros porque tenemos huesos?


¿El cerebro de Bush es un arma de destrucción masiva?


¿Por qué los peluches no tienen sexo?
¿Están emparentados con los ángeles?


Si das al interruptor y al mismo tiempo corres a la velocidad de la luz hacia la bombilla, ¿puedes llegar a ver media habitación iluminada y la otra media completamente a oscuras?


¿De dónde sacó la Muerte la guadaña? ¿Era agricultora antes de su ocupación actual?

Antes del invento de la agricultura, ¿qué usaba? ¿Un hacha de piedra?

¿También viste así en agosto?

¿No le pesaría menos un sencillo cuchillo?

¿Por qué no se moderniza? ¿Por qué no una cosechadora con cabina climatizada para los países que están en guerra?

¿Está enfadada con Bush por el trabajo que le da o tiene la Muerte vocación y se ha enamorado de él?

¿Cómo siega los fetos en los abortos sin llevarse a las madres por delante?

¿Y esa gente a la que deja vivir más de 100 años? ¿Se despista con ellos?

¿Cómo hacen los ciegos para no deprimirse, si están a oscuras todo el tiempo?

Si a las máquinas tragaperras les pusieran traje y corbata, ¿la clase obrera dejaría de jugar en ellas?

Si a un senderista le quitan los palos, ¿hay que rescatarlo del sendero con un helicóptero?

¿Por qué en ningún ejército del mundo se incluye un paraguas de camuflaje con la uniformidad de invierno? ¿Tropiezan en los desfiles? ¿Se rompen en las batallas?

¿Luís Eduardo Aute es vago o compone sus canciones de amor después de estar 24 horas haciendo él eso mismo?


¿Se puede hacer música Heavy Metal con una pandereta?

Atendiendo a los precios, ¿por qué las carnicerías no tienen mamparas de cristal blindado y guardia de seguridad? ¿Por qué no hacen collares de chuletas, pulseras de lomo ibérico, pendientes de tacos de Jabugo...?

En el Siglo XXI, ¿está de acuerdo la Virgen María con la vestimenta de su iconografía o desea ser representada en minifalda, top y zapato de aguja?

Si los árboles son seres vivos, ¿no es macabro el palillo? ¿No os causa ninguna aprensión limpiaros los dientes con un pedacito de cadáver?

Si las vacas fuesen gallináceas, ¿pondrían quesos de bola o huevos llenos de leche?

Puesto que dificulta la relación visual con el resto del entorno, tan necesaria en el aprendizaje, ¿una madre con el pecho enorme perjudica la educación del bebé cuando lo amamanta?... ¿Por qué los fetichistas no se excitan cuando ven los biberones en los escaparates de las farmacias?

Si se llegara a desertizar nuestro planeta por completo, ¿Se venderían manchas de humedad en las galerías de arte para decorar las paredes de las casas de lujo?

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sábado, 2 de mayo de 2009

Tío Constantino

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Aquel año, tío Constantino vendió la mitad de sus tierras. Tío Constantino abandonó el pueblo por primera vez en su vida a la edad de 68 años. Vestía de pana sucia y raída, un traje que consiguió en el cementerio abriendo la tumba de su bisabuelo y desnudando el esqueleto, una boina casi nueva, de su Primera Comunión, y unas alpargatas de las de pocos agujeros y suelas de esparto recosidas mil veces. Llevaba en su mano derecha una gran maleta de cartón, de cuando la Guerra de Crimea, y cogía con la izquierda el bozal de Berta. Caminó dos días y dos noches para llegar a la ciudad. Todo ese tiempo, Berta le siguió dócilmente, alimentándose durante las paradas de descanso de la hierba de las cunetas y bebiendo en los charcos de lluvia y las fuentes públicas. Tras mucho preguntar, llegó por fin al Banco de España de Torrelavega y entró sin extrañarse de la admiración que su abultada vaca causaba en el personal.

- Guenaaaaaas, qui vengu guardá unas perras, qui son rubias y tién qui sé eurus, pa que valgan.
- ¿Pero qué hace usted, buen hombre?, haga el favor de sacar ese animal de aquí, que esto es una sucursal bancaria, no una cuadra.-Dijo Don Francisco, el Director.
- ¿Pos quiiiiiiii mi dici? Y estu, una vaca. Mu educá, qui no molesta, oiga usté.
- Le ruego saque ese animal de aquí y le atenderemos gustosamente, caballero.
- ¿Quí burreru ni quí boñigus? ¡Qui no deju sóla mi Berta! ¡Qui va cumplí y va parí, desalmau! ¿No tié usté sensiblerías, u quí?
- Si no abandona este lugar, llamaré a la policía.
- ¡Y agora los guardas! ¡Sajerauuuuuuuuuu! ¡No se pué ni hacé un angresu! Recoje, Berta, quel reguapu nos ha recibíu de atravesau, y apaña tú la maleta, lechera mía, qui me duelen ya to los reúmas.

Tío Constantino metió el asa de la enorme maleta por uno de los cuernos de la vaca y dio media vuelta para enfilar la puerta. Berta, tras su dueño, iba perdiendo esa expresión serena e indiferente que tienen todas las vacas a cualquier hora del día e iba adquiriendo a cada paso esa otra, tensa, seria y concentrada que adoptan unos segundos antes de ponerse de parto.

"Paletos. Habría que encerrarlos a todos. No se pueden dejar sueltos por la ciudad. ¡Y qué pintas y qué olores! ¡Ay, Señor...!" Pensó Don Francisco, sin salir aún de su asombro. Tanto los empleados como los clientes se miraban entre sí, se reían y murmuraban divertidos. Empezaban a recuperarse de la sorpresa inicial. En ese momento, Berta se detuvo.

- Bertaaaaaaa. Va pa lante. Aquí no cagues, si el reguapu quié abonu, qui lo compre.

Berta mujió.
- ¿Qui?

E inclinó la testa. La vieja maleta cayó al suelo y se abrió con el golpe. Se desparramó su contenido: el "calzón de ripuesto", un paraguas con dos varillas rotas, un gran pedazo de tocino curado, media torta de pan, una bota de vino, una manta deshilachada y llena de pelos de cabra, una petaca de cuero con tabaco rancio, 35 duros en monedas y 350.000.000 de pesetas en billetes.

"Oooooooooooh", exclamaron a coro todos los presentes, excepto la vaca, que dijo: "Muuuuuuuuuuuuu" otra vez y se tumbó; y tío Constantino, que dijo "¡Rediós! ¡Rediós! ¡Que vié el terneru! ¿Y quín mayuda?". Don Francisco se quedó mudo al principio, y con ojos de búho espantado, pero reaccionó a los cinco segundos:

- ¡Por Dios! ¡Por Dios! ¡Que viene la criatura! ¡Traigan agua caliente! ¡Toallas limpias!
- ¿Pa quí? ¡Si no se va tomá una manzanilla, ni va feitarse! ¡Qui va parí! ¡Una soga! ¡Haci falta una soga ya mesmu, pa tirá del becerru!
- Una cuerda, señor Premanes, -dijo Don Francisco a uno de sus empleados.
- ¿De dónde...?
- Vaya a comprarla a la ferretería de la esquina. Una gruesa. ¡Rápido, que son menos cuarto y cierran a las dos! Y usted, señor Vázquez, con permiso de... (mirando a tío Constantino) ¿Me dice usted su nombre, por favor?
- Constantinu Pla Tanazu, pa sevile a Dios y usté. Pero me se hace mejor me llamen Tíu Constantinu, comu to el mundu.
- Con su permiso, señor Pla... Tío Constantino, el señor Vázquez recojerá el dinero y lo contará bien contado para ingresarlu, digo ingresarlo en el banco inmediatamente.
- Si, home, si, me lo apañe, qui no lo vamus a dejá tirau en el suelu.

Unos minutos más tarde, mientras tío Constantino, rodeado por toda la gente, rodilla en tierra detrás de Berta, vigilaba las contracciones y la dilatación, regresó, con las manos vacías, el señor Premanes.

- Señor Director, no he podido encontrar una cuerda. En la ferretería de la esquina sólo tenían cuerda fina de embalar. La de la calle Sainz Apellaniz estaba ya cerrada.

- ¿Hay tiempo, tío Constantino?- Preguntó Don Francisco.
- Pocu. Qui Berta es cuatreriza, y pare corriendu. Ya soma el jatu las manus, que es jatu, seguru, con esas manus tan gordas.
- ¡Vamos! ¡Quítense todos las corbatas! -Don Francisco recogió las corbatas e incluyendo también la suya, de seda, regalo de Aniversario de su mujer, fabricó una "cuerda" de cuatro anudando fuertemente las mismas.

- ¡Anda! ¡El reguapu! ¡Y paecía más bobu quil hiju la Elvira! ¡Ca pañao es el mozu!

Berta, recostada, gemía con frecuencia, esforzada cada vez más en cada contracción. Iba a ser asistida en el parto por un multimillonario y tres empleados de banca.

Tío Constantino amarró las manos del jato, se sentó en el suelo, sujetando la cuerda tirante, pero no demasiado. Don Francisco y los señores Premanes y Vázquez detrás de él, todos agarrados a la cuerda, siguiendo las indicaciones de Tío Constantino, esperaban alerta la próxima contracción de la vaca para tirar todos a una con todas sus fuerzas...

- ¡Ya puja! ¡Ya pujaaaaaaaaaaa! ¡Agoraaaaaaaaaaaaaaa! ¡Se vean los güevuuuuuuuuuuuuuusss!

Se tensaron todos los músculos, de hombres y animales; bufidos de esfuerzo, gritos de ánimo, un gemido ronco y profundo de la vaca; comentarios de expectación entre el público; y el ternero, primero la cabeza y las patas delanteras, después el cuerpo y las patas traseras, vino al mundo entre gritos de alegría y una salva de aplausos. Todo el mundo se felicitaba, se daban palmadas, hablaban entusiasmados de lo guapo que era el "bebé". Lo pusieron delante de la madre para que lo limpiara a lametones. Don Francisco, emocionado, con su traje de Hugo Boss, pringado de arriba a abajo por los fluidos fetales, se abrazaba emocionado, llorando como una Magdalena a tío Constantino.

-¡Es un milagro! ¡El milagro de la vida! ¡Qué cliente! ¡Cada día amo más mi trabajo!-decía Don Francisco.
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