lunes, 19 de septiembre de 2011

Aventura en África

La sequía se adelantó aquel año. Habíamos perdido al grupo de vista. Llevábamos varios días sin comer. Mis hijos me seguían con estoica voluntad y aunque eran fuertes, acusaban el cansancio. Me encontraba recuperada de mis heridas, pero esta demora en abandonar el Serengueti podía costarnos la vida a los tres. Por suerte, pudimos saciar la sed el día anterior en los hoyos que los últimos elefantes en emigrar escarbaron con sus colmillos en el lecho de una charca que aún conservaba algo de agua.
Vimos el Land Rover al lado de un baobab. Corrimos esperanzados para nada: ni gente, ni agua, ni comida. La avería era reciente, el olor a aceite quemado nos mareó. Las huellas de los ocupantes estaban frescas, tomaban la dirección de Mwanza. Les alcanzaríamos en unas horas, eran la única posibilidad para mis hijos, si no les conseguía algo de comida no llegarían al lago. Al caer la noche, un resplandor nos señaló el campamento. Nos acercamos en silencio, aliviados. Pude ver un guía nativo y un matrimonio de raza blanca con un bebé. Turistas inconscientes, por no contratar a guardas autorizados, por adentrarse tanto en el parque con un solo vehículo y sin radio y,sobretodo, por traer a la sabana una criatura tan frágil sin que les obligara la necesidad.
El guía parecía dormitar, por alguna razón inexplicable había posado su arma contra una acacia, a dos metros. Salté desde detrás de unos arbustos. Arrebaté el bebé de los brazos de su madre con las fauces. Dos saltos más y quedé fuera del círculo de luz que proyectaba la hoguera. Oí disparos a mi cola. Mis cachorros, que me esperaban, corrieron tras de mí cuando pasé a su lado. Una hora después, a buena distancia y al abrigo de la oscuridad pudieron al fin saciar su hambre. Tomé dos bocados, no necesitaba más, dentro de un par de días nos reuniríamos con el resto de la manada, junto al Lago Victoria, allí la caza sería abundante, como todos los años en esta época... Cebras, ñus, antílopes por cientos de miles... Nos daríamos un festín.

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