Creo ver en el rostro de los octogenarios el susto de la muerte.
Creo ver
que el mundo nos come a todos,
que cada cual es el centro de ninguna parte,
que la humanidad nace ingenua a cada segundo,
que lamentamos no poder cambiar las cosas
antes que lamentar cambiar nosotros mismos,
que un grado o un millón de grados de indiferencia y egoísmo
son necesarios para sobrevivir.
Creo segura la inseguridad,
el tener las manos llenas de incertidumbre,
el pecho pleno de soledad.
Creo en la tristeza crónica
como una losa sobre una tumba oculta.
"No eres tan raro".
Joder, ¿pues qué pintamos aquí?
Creo en la traición a los demás y a mí mismo,
que soy mi peor enemigo,
que no veo luz al final del túnel,
ni veo el túnel siquiera,
que me faltan las estructuras,
que estoy añadido al paisaje,
que todo esto es verdad continua, constante, permanente, antigua
desde la primera memoria.
Creo
que nadie me ve,
que nadie me escucha,
que nadie me capta,
que nadie me siente
por suerte para Nadie,
porque de otra forma,
Nadie estaría igual que yo.
Y una vez más, no he sabido hacerme llegar con las palabras,
esas barcas fantasmas que apenas dejan estelas en los sentimientos.
Por suerte para Nadie.
Y como de costumbre,
no escucho a Nadie,
no veo a Nadie,
no capto a Nadie,
ni quiero sentir a nadie.
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3 comentarios:
"esas barcas fantasmas que apenas dejan estelas en los sentimientos" Muy bueno, muy bueno.
Y por que estas tan negativo hoy, si tu eres la mar de alegre jolin jajaja
Yo si te veo y Ana también, ya ves que no eres invisible!!
Un beso
Este poema es de hace años, Marian, eran otras circunstancias. En cuanto a que el Locu es es la mar de alegre...
Enfins, que te cuente él si quiere.
Muchas gracias a los dos, muak, muak
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