martes, 19 de mayo de 2009

Yo quiero ser andaluz

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Soy de Cantabria. Ustedes no saben dónde queda eso, pero seguro que conocen a nuestro representante de productos alimenticios Miguel Ángel Revilla, de los Revilla de toda la vida, un hombrecito sencillo, no de esos otros, embutidos, que se encuentran por todo el país.

Nací en un pueblo pequeño, en una época en que las mesas de las cocinas eran recias y se usaban para comer, planchar, hacer morcillas y parir. Fue ya de niño cuando empecé a no ser adulto, y por nacer allá, la gente de mi entorno me hizo cántabro.

Mi pueblo es tan tradicional que aún tenemos las vacas en blanco y negro, anticuadas de esas que no saben hacer le leche con omegas, bífidus o calcios añadidos, pero te pastan con tesón los caminos.

Mi pueblo es húmedo y encima lo cubren las nubes para que no se seque. Llueve tanto que a veces las ranas se despistan y nadan hacia arriba. Los ríos tienen el nivel del agua en la orilla y el mar lleva tanta que hace olas hasta en verano; los campos son verdes todo el año, como la mayoría de los viejos de aquí. Hacemos las cabañas de piedra para que no se vayan flotando. No hace falta ir a la fuente a llenar el botijo, basta dejarlo diez minutos en la calle. El clima nos forja la personalidad: somos serios como una inundación, sosos como el agua dulce, introvertidos como quien no quiere salir a mojarse, fríos como pies empapados y caminamos mirando al suelo hasta en las playas, por si los charcos.

Si nos ven la mirada furtiva, no se ofendan, es porque crecemos mirando por debajo de los paraguas. Aparte, hablamos poco, por costumbre, ya saben, que uno se cala, así que “Adiós y a casa”.

Pues eso. Inmerso de niño en esta cultura, veía en los libros de la escuela extraños dibujos de un lugar llamado “Andalucía” en que aparecían detalles para mí inexplicables que por curiosidad consultaba a mi padre, hombre de mundo, o sea, camionero.

-¿Qué es esto, papá?

-El sol.

-¿Y para qué sirve?

-Da luz y calor.

-Ah. La bombilla del cielo. Por eso está todo seco menos los ciruelos.

-No son ciruelos, hijo, son olivos, dan aceitunas.

-Qué bien. ¿Y las comen sueltas o también hacen zumo?

-Qué niño más tonto. Que no hacen zumo, si las aprietas sale aceite.

-… Pues ya es seca la tierra, a las ciruelas las llaman aceitunas porque sólo sale aceite si las machacas. Oye, papá, yo quiero vivir en un pueblo de estos, mira, con todas las casas blancas, que no haya envidias entre los vecinos. Todas juntas, qué bien se llevan todos. En una colina, para ver más paisaje, con un castillo en lo alto, para jugar a moros y cristianos, con árboles que dan aceite para engrasar la cadena de la bici, y separados que se pueden pasear la burra entre ellos y jugar a las canicas. Sol y sol a todas horas, yo de mayor quiero ser andaluz, papá.

-Ven para acá. Yo te hago andaluz, saca la lengua.

Mi padre, muy solemne, me pegó en la lengua un papel secante.

-Ya está, ya eres andaluz.

- ¿Azín de fáci? ¿Pintamo la caza de blanco, opá?

- Hijo, no, que llueve y arrastra la pintura.

-Jo, opá, no zoy ni andalú ni ná, ni ziquiera tenemo un cajtillo… ¡Yo de mayó quiero zé andalú!


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9 comentarios:

Locuán dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Miguel Ángel dijo...

Pues yo nunca he estado en Cantabria, pero me lo imagino todo verde y tiene que ser muy bonito. Si pudiera elegir otro lugar de nacimiento sería ese, siempre he pensado que vivir allí tiene que ser un privilegio.

Locuán dijo...

Pues yo lo q quiero ser es rica. Nadie está contento con lo q tiene.

Besos, Migue

Ana

Alhucema dijo...

De Canta...¿qué?

¡Ojú, ojú, chiquiyo, que yo no escucho ná...!

Síl

Ana Márquez dijo...

Hola, Inma, la verdad es q Cantabria queda bien en los folletos turísticos, pero pa viví.... Pues no (ahora q no nos oye). Sobre todo si subes desde los soles, queda fría y desangelada. Gracias por la visita, guapa. Un besito

Anónimo dijo...

Pues yo siempre desee vivir cerca del mar y con el termómetro por lo menos a 34, pero cuando he ido a la playa, llega un momento en que comienzo a añorar el clima templado del centro del país.
¡Nadie nos entiende!
nU otiseb: M.Le Chat

Locuán dijo...

Hola, Dani, ¿cómo estás? Vamos mejor? Seguro q sí. A mí no me gusta ni el calor ni el frío, firmría por vivir eternamente a esta temperatura de mayo bondadoso que tenemos ahora por mi tierra. Osá, que firmaría por vivir en Tenerife. Besitos y gracias, guapa.

Soy Ana.

yogur dijo...

Pues yo quiero ser feliz... No me va mal el intento, la mayoría de los días lo consigo ;)

Ana Márquez dijo...

Pos qué suertúo... ¿Y la receta?

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