viernes, 17 de abril de 2009

Hambre

Se moría el niño
de hambre;
su mirada, un vacío
constante.
Le comían las moscas
los ojos:
su mirada, un turbio
diamante
le lloraban los ojos
sin lágrimas;
su mirada quería
acusarme.

Los ojos del niño
señalaban en el suelo
un avión descendido,
orgullo del “progreso”.

Los ojos del niño
señalaban al periodista,
el cual se haría rico
sacándole fotografías.

Los ojos del niño
señalaban al gran personaje
que había venido
para lavar la imagen.

Los ojos del niño
señalaban los lugares
donde había perdido
el cuerpo la carne.

Los ojos del niño
señalaban el desierto,
donde el mejor destino
era estar muerto.

También a mí
me señalaron sus ojos:
sentí aquí
un escalofrío doloroso,
y agradecí
a Dios todopoderoso
mi inconsciencia, mi grosería,
mi ignorancia, mi vulgaridad
y todo lo que me permitía
poderme desahogar
cagándome en la puta vida
de tanta autoridad.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Vaya, no digo? Esto iría dedicado a la mayor parte de población de mi país...

Niños pobres...

Gracias por acordarse de ellos!

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