Si estás triste, aún más te quiero,
y soy dichoso llorando contigo...
Antes que reír sólo, lo prefiero,
o que reír junto al buen amigo.
Si estás feliz y yo no, empero,
no a fingir, a sentir me obligo
tu gozo: es en mi ánimo suero
que sana de las penas el castigo.
Por tanto, mírame afortunado
en los ritmos de tu melancolía,
pues soy pagador de lo adeudado
y es limosna lo que Empatía
pide por el tesoro regalado
de vivir a tu lado cada día.

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