Arquera,
me disparas de lejos,
para no acertarme;
el arco, en tus manos,
es un juguete, no un arma.
Todo es juego:
quieres y no quieres,
un estar que no es estar,
un vivir
como si vivir
fuera cosa de muchas veces...
Y no hay más.
Arquera de la torre...,
princesa mora de cuerpo tras la almena,
juegas,
y sin embargo, eres tan seria,
tan serio tu deseo de tener a tu enemigo
al alcance y perdonado,
a distancia y herido
de anhelos
por tu conquista impensable...
Arquera, tan lejos, tan cerca,
apareces para esconderte,
disparas al aire, a las piedras,
juegas...
Morena... Nadie podrá llegarte:
pones muy alta la muralla;
pero jamás podrás vencerme:
sé vivir sin esperanza.

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