domingo, 11 de enero de 2009

Gótica







Era una catedral negra,
sin ventanas, sin puertas,
una lluvia muda,
de llanto,
tañía las campanas,
inmóviles,
con un sonido de alas de palomas blancas,
ciegas.
Era un frío de huesos cansados,
de grito perdido en un mundo sin oídos,
un frío perfumado de rosas marchitas.
Era una cintura de espiga,
cadera de reclamo al fruto,
pechos de nube y Sol,
una Diosa oxidada en costras de mito inerte.
Era puñal de seda
con filo de oro y diamante,
con forma de nana y cuna,
su brillo, arrullo de madre,
regazo y mimos,
mataba.
Era hoja de aire
escrita con el pensamiento.
Eran versos que no eran,
poemas desde el Nunca
para la Nada.




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