Dos seres a la conquista de un nuevo mundo,
el de su desnudez compartida,
volaron sobre un puzzle de abrazos sencillos y complejos,
desde los clásicos conocidos
hasta los abstractos inventados para la ocasión
en el afán de ensayar
nuevas formas de unir y rozar la piel
nunca antes concebidas
ni por amantes de imaginaciones veteranas.
Dos seres de timidez atrevida,
con el color del sonrojo
pintaron sus cuerpos con un tono pasional enardecido.
Dos seres vertiéndose el uno en el otro,
confundieron a la noche en un perder la noción del tiempo,
en un encontrar la noción del espacio en la oscuridad.
Dos seres en un festín de caricias y masajes,
en un escándalo de susurros, gemidos y silencios
elevaron en su memoria
un místico templo de ternura
de muros eternos,
inalterables a la erosión de los olvidos más osados.

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