Atados dejo mis perros,
dejo atrás el trineo.
A paso lento me adentro
en el Ártico desierto.
Hacia el Norte.
En el Norte he puesto
lo que soy y no he sido,
lo que quiero y no quiero.
Todos los ruidos de la vida,
todos los malos y buenos gestos,
ese niño muerto
que llora vivo en mi pecho.
A paso lento duele más
romper el lazo de los afectos,
retener el odio, recordar los desprecios,
rezar y jurar en todos los credos.
En el Norte, la nada.
Allí mi fantasma he puesto...
A paso lento... A su encuentro.
¡Cristo, qué frío!
Voy, mi niño maldito,
no llores más, ya llego.

No hay comentarios:
Publicar un comentario