¡Ni rosa en primavera,
ni geranio ni violeta
en belleza te supera!
¡Ni llega ningún poeta
a componer alabanza
que describa la nobleza,
el porte y la templanza
que te dio Naturaleza!
¡Oh, milagro de la vida,
de cuerpo grueso y creciente!
La luz del verano ida
y no temió tu simiente
brotar humilde y tierna
y pronto crecer valiente
y llegar a media pierna
con elegancia patente.
¡Oh, mi amigo plantado
que soportas el relente
carnoso y colorado!
¡Nadie te hinque el diente!
Pise la vaca el prado
y no halle tu corona,
que de hojas coronado
le gusta a la cabrona
morderte la verde fronda,
arrancarte del tirón
y deleitarse oronda
mascando sin compasión...
¡Pleno digo de amor
(Y con esto ya acabo)
digna vida y honor
tenga por siempre mi nabo!
*(Dedicado a una nabo de mi huerta)
miércoles, 8 de febrero de 2012
lunes, 6 de febrero de 2012
Nikita versus Casimiro (Continuación)
(Continuación de la historia de más abajo, la titulada: "Casimiro, oye, como te cuento")
Se llamaba Nikita y por su atractivo físico provocaba desde silbidos hasta relinchos, pasando por accidentes de tráfico y cambios en los programas de vuelo de los helicópteros, que tendían a sobrevolarla en círculos. ¿Que exagero? A más extremos, le cortó la sonrisa y la baba por estímulo visual a Tiburcio, hombre titulado Cum Laude por unanimidad popular como "El tonto del pueblo". Serio y con la barbilla seca, Tiburcio no volvió a parecer el mismo o él mismo: siendo igual de idiota y analfabeto, su nuevo aspecto le daba un aire de catedrático reconocido.
Nikita vio en Casimiro su hombre ideal: un hombre sin ideas. No necesitó desplegar sus armas de mujer porque ya era la bomba y estaba activada incluso dormida. Hubo flechazo, a ella le gustaban los hombres con huevos y a él todas. Dice la gente que el amor cegó la razón a Casimiro, yo eso lo creo tamaña tontería como decir que las fotos disparadas con flas deslumbran a los murciélagos.
A los 15 días se casaron en los juzgados, ella lucía tan sexy que al juez no le pegó la toga en las rodillas en ningún momento. Al salir de la sala les tiraron con kilos de arroz, a ella a puñados que le cayeron todos en el escote, hasta dejarlo como la tolva de descarga de un almacén de cereales; a él, en paquetes cerrados y a la cara (La envidia).
"Y todavía es poco arroz para la gamba de esta paella", dijo un gracioso;
"Ya es triste que se la vaya a comer un cuervo", dijo otro. La gente es así de cariñosa.
La noche de bodas hubo consumación, porque las náuseas soportadas por Nikita esos días se consumaron en vómito al ver desnudo al novio. Había que verla potar, me río yo de la explosión de la caldera de una fábrica de purés. El percance levantó la sospecha del novio( "Mi cordera se marea de impaciencia") y la de la novia ("Sospecho que eso es el pene y no una verruga como me había creído"). Y aquí comenzó la refriega gore-copulativa. Como sois todos unos morbosos patológicos, supongo que vais a seguir leyendo. Allá vosotros, os advierto que esto tiene más delito que hacer la sopa de un colegio con ginebra:
En estos bretes, Casimiro no tenía ni zorra idea, mientras que Nikita solo tenía ideas zorras, por haber ejercido larga y tendida el oficio más antiguo del mundo... Sí, ese, el de artesano de hachas de piedra... La madre que os parió... Nikita, que nunca había tenido pelos en la lengua, los tuvo todos en unos prolegómenos que de hacerse públicos como película en un simposio de sexólogos, no habrían dejado vocación viva; sabed que Casimiro era uno de esos Chuwakas que se hacen trenzas con las cerdas de la nariz. A continuación, degradaron la Historia de la Humanidad en la postura de "El misionero", aquí acertado nombre, pues él se empleó con feliz devoción y ella salvó la vida, pero no salió de la miseria jamás, quedando de la cabeza más tocada que la bocina de un conductor gilipollas.
A partir de aquí ya ocurrió lo de siempre: que si Nikita no quiso saber nada de papeles ni de hombres y huyó a su país, que si se cambió de sexo y se casó con una beata, que si adoptó cuatro chinos y puso un bazar ("Nikito, todo a cien"), etc.
A Casimiro tampoco le fue mal. Un editor friki, apasionado del esperpento, le contrató como modelo para hacer un calendario temático. Casimiro es "Septiembre", aparece desnudo y sonriente, sentado en el suelo de su gallinero, rodeado de gallinas, con una en el regazo. El fotógrafo lo tituló "No es bueno que el huevero esté solo".
Y punto.
Se llamaba Nikita y por su atractivo físico provocaba desde silbidos hasta relinchos, pasando por accidentes de tráfico y cambios en los programas de vuelo de los helicópteros, que tendían a sobrevolarla en círculos. ¿Que exagero? A más extremos, le cortó la sonrisa y la baba por estímulo visual a Tiburcio, hombre titulado Cum Laude por unanimidad popular como "El tonto del pueblo". Serio y con la barbilla seca, Tiburcio no volvió a parecer el mismo o él mismo: siendo igual de idiota y analfabeto, su nuevo aspecto le daba un aire de catedrático reconocido.
Nikita vio en Casimiro su hombre ideal: un hombre sin ideas. No necesitó desplegar sus armas de mujer porque ya era la bomba y estaba activada incluso dormida. Hubo flechazo, a ella le gustaban los hombres con huevos y a él todas. Dice la gente que el amor cegó la razón a Casimiro, yo eso lo creo tamaña tontería como decir que las fotos disparadas con flas deslumbran a los murciélagos.
A los 15 días se casaron en los juzgados, ella lucía tan sexy que al juez no le pegó la toga en las rodillas en ningún momento. Al salir de la sala les tiraron con kilos de arroz, a ella a puñados que le cayeron todos en el escote, hasta dejarlo como la tolva de descarga de un almacén de cereales; a él, en paquetes cerrados y a la cara (La envidia).
"Y todavía es poco arroz para la gamba de esta paella", dijo un gracioso;
"Ya es triste que se la vaya a comer un cuervo", dijo otro. La gente es así de cariñosa.
La noche de bodas hubo consumación, porque las náuseas soportadas por Nikita esos días se consumaron en vómito al ver desnudo al novio. Había que verla potar, me río yo de la explosión de la caldera de una fábrica de purés. El percance levantó la sospecha del novio( "Mi cordera se marea de impaciencia") y la de la novia ("Sospecho que eso es el pene y no una verruga como me había creído"). Y aquí comenzó la refriega gore-copulativa. Como sois todos unos morbosos patológicos, supongo que vais a seguir leyendo. Allá vosotros, os advierto que esto tiene más delito que hacer la sopa de un colegio con ginebra:
En estos bretes, Casimiro no tenía ni zorra idea, mientras que Nikita solo tenía ideas zorras, por haber ejercido larga y tendida el oficio más antiguo del mundo... Sí, ese, el de artesano de hachas de piedra... La madre que os parió... Nikita, que nunca había tenido pelos en la lengua, los tuvo todos en unos prolegómenos que de hacerse públicos como película en un simposio de sexólogos, no habrían dejado vocación viva; sabed que Casimiro era uno de esos Chuwakas que se hacen trenzas con las cerdas de la nariz. A continuación, degradaron la Historia de la Humanidad en la postura de "El misionero", aquí acertado nombre, pues él se empleó con feliz devoción y ella salvó la vida, pero no salió de la miseria jamás, quedando de la cabeza más tocada que la bocina de un conductor gilipollas.
A partir de aquí ya ocurrió lo de siempre: que si Nikita no quiso saber nada de papeles ni de hombres y huyó a su país, que si se cambió de sexo y se casó con una beata, que si adoptó cuatro chinos y puso un bazar ("Nikito, todo a cien"), etc.
A Casimiro tampoco le fue mal. Un editor friki, apasionado del esperpento, le contrató como modelo para hacer un calendario temático. Casimiro es "Septiembre", aparece desnudo y sonriente, sentado en el suelo de su gallinero, rodeado de gallinas, con una en el regazo. El fotógrafo lo tituló "No es bueno que el huevero esté solo".
Y punto.
viernes, 3 de febrero de 2012
Casimiro, oye, como te cuento
Casimiro era un hombre de poner los huevos encima de la mesa. colocarlos en cartones de docena.y salir del gallinero guardando cuidado de dejar la puerta bien cerrada. Descendía de cuatro generaciones de hueveros y odiaba los huevos. De niño, se negaba a comerlos y su padre, un gañán de reacciones aleatorias, en ocasiones se tomaba la molestia de sustituírlos por una ensalada de hostias con mucho vinagre. Esta dieta impredecible convirtió a Casimiro en un adulto con los pies de plomo, los arrastraba siempre, así caminara por las ascuas de las hogueras de San Juan. Heredero de la ética familiar, a Casimiro le sabía mal cobrar caros los huevos, por eso hacía gárgaras con orujo después de cada venta, y por honestidad nunca engañaba a los clientes cuando le preguntaban "¿Son frescos?". Su respuesta "Están recién puestos" era fiel a la realidad: los huevos estaban recién puestos sobre el mostrador, después de sacarlos de debajo, donde Casimiro los ordenaba en tres categorías:
1. Huevos de Cosecha: menos de dos semanas.
2. Huevos de Crianza: de dos semanas a dos meses.
3. Huevos Gran Reserva: Más de dos meses.
De meter un gallo con las ponedoras, hubiera podido cambiar el cartel "Huevos recién puestos" por el de "Se venden pollos medio criados".
Casimiro vivía en un casa vieja y sucia, conocida por sus vecinos como "La casa de putas", hartos ya de de oír toda la vida a su habitante gritar a la inesperada: "¡Las putas ratas!" o "¡Las putas moscas!" o "¡Las putas cucarachas!" o ¡"Las putas arañas!" o todo junto y más.
Casimiro tenía un perro recogido de la calle. Lo llamaba "Hétero" porque no valía ni para tomar por el culo. Era un chucho más cruzado que un paso de peatones, flaco de pasar hambre canina y viejo como de haber tenido dueño visigodo; cuando se arrascaba, las costras de mierda seca que le colgaban de las greñas sonaban como una zarzuela de castañuelas, y al bostezar emitía un sonido tan sobrenatural que cualquier Jedi hubiese pensado que el animal se había pasado al lado oscuro de la Fuerza. En el pueblo ganaba todas las peleas de perros sin dar un mordisco: la peste de su aliento hacía que el contrincante se tumbara panza arriba y gimiera clemencia. Eso sí, estaba desparasitado porque solo comía huevos y las pulgas se le morían del colesterol.
Casimiro era muy cariñoso con él, nunca había tenido un perro al que pegara menos patadas cuando se cruzaba en su camino, esto era a todas horas e intencionadamente porque al perro le gustaban las patadas, era la única forma de aliviarse los picores de la piel más encostrada.
Un día, más afortunado que otro cualquiera, el perro pasó a mejor vida, es decir, marchó por el mundo a buscar el sustento en los basureros y a dormir al raso.
La ausencia de Hétero hizo recapacitar a Casimiro con las pocas capacidades mentales que le desadornaban y de su egocentrismo y sin saberlo parió..., abortó, mejor dicho, una máxima filosófica nueva:
"No es bueno que el huevero esté solo", de lo que podemos deducir que el Diablo siembra ideas catastróficas en los cerebros más áridos y le crecen frondosas.
Y surgió el amor. Nunca tuvo tanto sentido el rezo "cada oveja con su pareja", porque el borrego emparejó con una cordera impresionante, acabada de llegar del Este, más indocumentada que un capitán de patera y con anhelo de casarse con un caballero español, o con un Sancho Panza, por amor. Por amor a los papeles de la nacionalidad. Había que verla. "De belleza sin par" que diría Cervantes, tontamente hablando, porque la turgente tenía un par que había que rodearla para verla a ella detrás, y pese al la masa implicada desafiaban a las Leyes de la Gravedad y ganaban el desafío de tal manera que de haberla conocido Isaac Newton, el matemático le hubiera dado a las cuartillas de sus ecuaciones un uso higiénico...
Jo. Se me termina la hora ciber en al biblio. Otro día... ¡Continuará!
Escribe algo, Ana. Ya van dos veces.
1. Huevos de Cosecha: menos de dos semanas.
2. Huevos de Crianza: de dos semanas a dos meses.
3. Huevos Gran Reserva: Más de dos meses.
De meter un gallo con las ponedoras, hubiera podido cambiar el cartel "Huevos recién puestos" por el de "Se venden pollos medio criados".
Casimiro vivía en un casa vieja y sucia, conocida por sus vecinos como "La casa de putas", hartos ya de de oír toda la vida a su habitante gritar a la inesperada: "¡Las putas ratas!" o "¡Las putas moscas!" o "¡Las putas cucarachas!" o ¡"Las putas arañas!" o todo junto y más.
Casimiro tenía un perro recogido de la calle. Lo llamaba "Hétero" porque no valía ni para tomar por el culo. Era un chucho más cruzado que un paso de peatones, flaco de pasar hambre canina y viejo como de haber tenido dueño visigodo; cuando se arrascaba, las costras de mierda seca que le colgaban de las greñas sonaban como una zarzuela de castañuelas, y al bostezar emitía un sonido tan sobrenatural que cualquier Jedi hubiese pensado que el animal se había pasado al lado oscuro de la Fuerza. En el pueblo ganaba todas las peleas de perros sin dar un mordisco: la peste de su aliento hacía que el contrincante se tumbara panza arriba y gimiera clemencia. Eso sí, estaba desparasitado porque solo comía huevos y las pulgas se le morían del colesterol.
Casimiro era muy cariñoso con él, nunca había tenido un perro al que pegara menos patadas cuando se cruzaba en su camino, esto era a todas horas e intencionadamente porque al perro le gustaban las patadas, era la única forma de aliviarse los picores de la piel más encostrada.
Un día, más afortunado que otro cualquiera, el perro pasó a mejor vida, es decir, marchó por el mundo a buscar el sustento en los basureros y a dormir al raso.
La ausencia de Hétero hizo recapacitar a Casimiro con las pocas capacidades mentales que le desadornaban y de su egocentrismo y sin saberlo parió..., abortó, mejor dicho, una máxima filosófica nueva:
"No es bueno que el huevero esté solo", de lo que podemos deducir que el Diablo siembra ideas catastróficas en los cerebros más áridos y le crecen frondosas.
Y surgió el amor. Nunca tuvo tanto sentido el rezo "cada oveja con su pareja", porque el borrego emparejó con una cordera impresionante, acabada de llegar del Este, más indocumentada que un capitán de patera y con anhelo de casarse con un caballero español, o con un Sancho Panza, por amor. Por amor a los papeles de la nacionalidad. Había que verla. "De belleza sin par" que diría Cervantes, tontamente hablando, porque la turgente tenía un par que había que rodearla para verla a ella detrás, y pese al la masa implicada desafiaban a las Leyes de la Gravedad y ganaban el desafío de tal manera que de haberla conocido Isaac Newton, el matemático le hubiera dado a las cuartillas de sus ecuaciones un uso higiénico...
Jo. Se me termina la hora ciber en al biblio. Otro día... ¡Continuará!
Escribe algo, Ana. Ya van dos veces.
domingo, 15 de enero de 2012
Dicionario Español-Japonés
Casto: Kenokoje.
Comunista: kemakura.
Feo: Amodomiko.
Fosa común: Simayena.
Ginecólogo: Mirachichi.
Grafitero: Kagamuro.
Impotente: Nabogoma.
Maruja: Nokitabata.
Mechero: Sakayama.
Multa: Kitasuma.
Obeso: Sebopuro.
Orgasmo: Yajime.
Pene grande: Poyamiya.
Preservativo: Palkiki.
Proctólogo: Anokuro
Sospechoso: Karakinki.
Sueldo base: Migaja.
Vegetariano: Jamahoja.
Comunista: kemakura.
Feo: Amodomiko.
Fosa común: Simayena.
Ginecólogo: Mirachichi.
Grafitero: Kagamuro.
Impotente: Nabogoma.
Maruja: Nokitabata.
Mechero: Sakayama.
Multa: Kitasuma.
Obeso: Sebopuro.
Orgasmo: Yajime.
Pene grande: Poyamiya.
Preservativo: Palkiki.
Proctólogo: Anokuro
Sospechoso: Karakinki.
Sueldo base: Migaja.
Vegetariano: Jamahoja.
Poesía bajabragas
.
Si perdido en un desierto
me arrastrara ya sediento,
un Nilo manase abierto
de mis ojos por mi lamento,
no por la sed y el fin cierto,
sino al sufrir el tormento
de no ver mi rostro cubierto
por el frescor de tu aliento;
y lo mismo te besaría
si tú fueses la misma Muerte,
y siendo el beso la mía,
juzgara más feliz mi suerte
que vivir la melancolía
de este amar sin tenerte,
que es morir noche y día
solo vivir para quererte.
Si perdido en un desierto
me arrastrara ya sediento,
un Nilo manase abierto
de mis ojos por mi lamento,
no por la sed y el fin cierto,
sino al sufrir el tormento
de no ver mi rostro cubierto
por el frescor de tu aliento;
y lo mismo te besaría
si tú fueses la misma Muerte,
y siendo el beso la mía,
juzgara más feliz mi suerte
que vivir la melancolía
de este amar sin tenerte,
que es morir noche y día
solo vivir para quererte.
viernes, 30 de diciembre de 2011
Me sigue tenaz un cobrador
.
Me sigue tenaz un cobrador
vestido de "No te quiero menos";
valentía debo con dolor
a la Vergüenza de mis venenos,
con el Tiempo cruel aliada,
catedrático él en usura
que saca réditos de la Nada
sin pausa, compasión ni premura,
y así mi deuda van cebando
tanto que menguan mi dignidad:
el Tiempo me irá recordando
siempre con Vergüenza la verdad,
"Serás moroso hasta la muerte"...
... No saben ellos que, al pasar,
el cobrador sentirá mi suerte
por haberme hecho familiar
y quitándose ese disfraz
me cubrirá con él por respeto
y yaceré ya siempre en Paz
por dejar al mundo mi secreto:
No te hablaré como primero,
pero por tantos momentos buenos
te diré siempre cuánto te quiero
vestido de "No te quiero menos".
Me sigue tenaz un cobrador
vestido de "No te quiero menos";
valentía debo con dolor
a la Vergüenza de mis venenos,
con el Tiempo cruel aliada,
catedrático él en usura
que saca réditos de la Nada
sin pausa, compasión ni premura,
y así mi deuda van cebando
tanto que menguan mi dignidad:
el Tiempo me irá recordando
siempre con Vergüenza la verdad,
"Serás moroso hasta la muerte"...
... No saben ellos que, al pasar,
el cobrador sentirá mi suerte
por haberme hecho familiar
y quitándose ese disfraz
me cubrirá con él por respeto
y yaceré ya siempre en Paz
por dejar al mundo mi secreto:
No te hablaré como primero,
pero por tantos momentos buenos
te diré siempre cuánto te quiero
vestido de "No te quiero menos".
sábado, 26 de noviembre de 2011
Pronóstico sonético
¡Oh, héroe de estas elecciones!
Hombre justo, noble, franco y llano,
inspirador de nuestras ilusiones,
¡Oh sabio, oh salvador, oh Mariano!
Eje de esperanzas y pasiones,
háblanos y guiados por tu mano
vayamos al son de tus soluciones
untando con vaselina el ano,
y preparados frente a la Banca,
cuenta con nosotros, fieles patriotas,
para frenar con el culo la tranca
de banqueros que se ponen las botas,
de la deuda que nos deja sin blanca
y de tanto listo tocapelotas.
Hombre justo, noble, franco y llano,
inspirador de nuestras ilusiones,
¡Oh sabio, oh salvador, oh Mariano!
Eje de esperanzas y pasiones,
háblanos y guiados por tu mano
vayamos al son de tus soluciones
untando con vaselina el ano,
y preparados frente a la Banca,
cuenta con nosotros, fieles patriotas,
para frenar con el culo la tranca
de banqueros que se ponen las botas,
de la deuda que nos deja sin blanca
y de tanto listo tocapelotas.
sábado, 19 de noviembre de 2011
Bajo el cielo despejado

Bajo el cielo despejado,
con los ojos reticentes
a la insistencia de esta luz no invitada
que viene a ellos humillándose
en un estúpido afán de perder el tiempo,
no deja de parecerme
el ancho y luminoso mundo
una estrecha y lúgubre guarida
desde que no te veo, amor,
amor mio...
La brisa merodea los paisajes
y al ritmo de esa cautela
los árboles, que otrora susurraban alegres,
hoy murmuran desconfiados y molestos...
...Sí... Escucha,
escucha el río,
cómo huye,
cómo sus aguas antes cantarinas
en juegos de caricias con las piedras,
ahora son algarabía de protesta
en premura ya obscena de tan codiciosa de exilio
desde que no te oigo, amor,
amor mío...
... Y aún así,
mis días tienen espacios que retozan como niños ilusionados:
mis días tienen espacios que retozan como niños ilusionados:
son esos momentos en que el ángel de tu recuerdo
viene a desollarme la piel
con la seda de sus alas
desde que no te rozo, amor,
amor mío...
martes, 15 de noviembre de 2011
Una hoja de papel
Una hoja de papel.
La hoja es blanca.
En la hoja, solo hay palabras y nada más.
Si las palabras son algo y el resto nada,
solo hay algo y nada en este rectángulo.
La parte de la hoja donde van quedando las palabras que escribo
va dejando de ser nada para convertirse en algo, justo donde toca la tinta.
Escribir es crear,
Voy creando palabras en la nada,
las que deseo crear,
no puede conocer el deseo una libertad más pura.
El deseo puede decir un “te quiero”
y ahí queda
para siempre
rodeado de palabras y nada
en este rectángulo
que es la vida.
La hoja es blanca.
En la hoja, solo hay palabras y nada más.
Si las palabras son algo y el resto nada,
solo hay algo y nada en este rectángulo.
La parte de la hoja donde van quedando las palabras que escribo
va dejando de ser nada para convertirse en algo, justo donde toca la tinta.
Escribir es crear,
Voy creando palabras en la nada,
las que deseo crear,
no puede conocer el deseo una libertad más pura.
El deseo puede decir un “te quiero”
y ahí queda
para siempre
rodeado de palabras y nada
en este rectángulo
que es la vida.
sábado, 12 de noviembre de 2011
Una vida en otro planeta. Añoranzas
.
Ahora que estoy preparando la comida os contaré cosas sobre mí.
Al despertar, lo primero que veo es mi acuario lleno de secadores. Colecciono secadores de pelo submarinos. Algunos son muy antiguos, pero funcionan como el primer día.
Como me gusta ver amanecer, lo he grabado en vídeo y lo veo a esa hora, las diez u once de la mañana. Lo primero que hago es calentar con un soplete el número del día en mi calendario de hierro para que se ponga al rojo y sea festivo.
Me miro en el espejo, me aseguro de ser yo y no un intruso que me haya suplantado mientras dormía. Me ducho con el grifo cerrado, para ahorrar agua y no humedecer la toalla cuando me seco.
A continuación, le pongo un saco de cebada a Manteko, mi hámster, para que vaya abriendo boca. A Manteko le compré en un viaje a Japón. Para pasarlo de manera furtiva por las aduanas le dormí con un somnífero y le anillé de adorno en mi llavero. El perro antidrogas del aeropuerto casi le come. El policía que radiografió el "llavero" me lo quiso comprar, alucinaba porque nunca había visto un muñeco con esqueleto. Manteko practica el Sumo. Cuando entrena pega unos pisotones en la jaula que tiemblan los cimientos de la casa. Un día se me escapó y puso patas arriba a todos los gordos del pueblo. Tuvimos que aplaudirlo para que pensara que había ganado la final y ya podía volver a casa.
Soy de costumbres fijas. Unto el pan con crema solar factor 50 para que no se queme en la tostadora. Caliento la leche contándola chistes verdes, que la electricidad está por las nubes, y no me refiero a los rayos de las tormentas. Extiendo mermelada de tocino en la tostada y la cubro con una loncha de queso de ornitorrinca. Me priva.
Leo las noticias en mi periódico, lo compré hace 17 años, voy por la página dos.
Y escucho música de hilo, es como la de cuerda, pero más fina. Me gusta la música. A los tres años de edad ya tocaba el piano de casa, sólo por las patas, porque a las teclas no alcanzaba. Como dejaba los dedos marcados, me castigaban a ordeñar los pulgones de los geranios hasta llenar una botella de litro.
En mi cuarto cumpleaños papá me regaló una guitarra eléctrica. "Toma, para que pases el tiempo". El instrumento funcionaba mal, porque luego papá decía que el tiempo no pasaba cuando tocaba yo. A mamá le gustaba. Yo hacía melodía heavy y ella cantaba una de amor: "¡Me vuelves locaaaaaaaaaaa, ya no puedo maaaaaaaas!"
Comencé el colegio a los cinco años. Papá quiso apuntarme a uno bilingüe, pero como eran muy caros me matriculó en la escuela pública y me compró una llave inglesa para que hablara con ella. Mi cartilla de notas era ejemplo de trabajo bien hecho, porque cada cero estaba pulcramente escrito en su casilla sin tocar la de al lado. Papá y mamá eran analfabetos, señalaban los ceros y me preguntaban "¿Qué significa esto?"; yo contestaba "Que mis notas son redondas", y ellos se quedaban muy contentos.
Mi infancia fue muy breve. Me hice adulto el día que al volver del colegio vi a mamá sacar a José Javier de la lavadora, ahogado. José Javier era mi oso de peluche. Salí gritando a la calle, alguien llamó a la policía, se llevaron detenida a mamá. Un psiquiatra le hizo el diagnóstico de Psicosis con desconexión emotiva en enajenación crónica.
El entierro de mi oso fue multitudinario. Acudieron autoridades de la importancia del Defensor del Pueblo Peluche y el Ministro de Felpas, así como personajes de la cultura y el deporte (Don Pimpón, Coco, Naranjito...) encabezados por el actor Mimosín, el cual pronunció unas conmovedoras últimas palabras que desataron el aplauso general.
Mamá trató de defenderse en el juicio. Cuando dijo "¿Es que se ha vuelto loco todo el mundo? ¡Lo lavé porque estaba sucio! ¡Sólo era un peluche, coño! ¡No le ha pasado nada!", la mitad del jurado se desmayó. Han pasado treinta años, mamá sigue en el manicomio. No se fían de ella, una vez la sacaron de la celda acolchada, le quitaron la camisa de fuerza y en un descuido de los vigilantes se lanzó sobre un plumero y le desgració la vida a una colonia de ácaros que vivían en el polvo de una estantería sin meterse con nadie.
Papá no volvió a levantar cabeza desde el día del crimen de la lavadora porque casualmente acababa de comprar unos zapatos tan bonitos que se ha pasado la vida mirándoselos cuando camina.
Por el trauma se dio a la bebida, aunque sólo de agua, porque era abstemio. Bebía de fuentes, estanques, charcos...
La mala vida le llevó a caer en el arroyo, porque pisó mal y el puente no tenía barandilla. estuvo debajo del agua dos horas bebiendo. Sólo salía a respirar. Sufrió un coma hidrolítico, le salvaron en la UVI. atiborrándole de polvorones, a modo de reabsorberle el líquido mortal. Cuando despertó, el médico se lo dejó claro: "El agua o la vida, elija". Papá cayó en una profunda depresión. Para tranquilidad de todos, comenzó a beber güisqui en el hospital, al principio con pajita, hasta que recuperó fuerzas y pudo sostener el vaso sin ayuda de las enfermeras.
Después del alta, se pasaba el día en casa, borracho. Eso me hacía feliz, porque yo le veía con buen color de cara.
En mi sexto cumpleaños ya me hacía cargo de todo, de la casa y de la granja. A diario, después de las clases del colegio, me iba a trabajar a los campos con el tractor. Había adiestrado a mi cerdo Goschila para que apretara los pedales con el hocico, porque yo solo alcanzaba a conducir poniéndome de pie en el asiento. Llegamos a coordinar muy bien, ese año quedamos los terceros en Las 24 Horas de San Pancracio 1974, la carrera anual de tractores que se celebraba el día de la fiesta patronal. Nos dieron de premio el mismo jamón que había regalado yo la semana anterior a la comisión de festejos.
- Mira, Goschila, como hemos corrido bien, nos devuelven una parte de tu padre.
-Oink.
Goschila era un indolente.
El ganador de la carrera me propuso cambiar su premio (Un arado de oro con diamantes) por el mío. Mis jamones eran de fama gastronómica regional por su alto contenido en vitamina C, gracias a que mis cerdos sólo comían naranjas. Me negué por razones sentimentales.
Ese año papá intentó suicidarse con un biofrutas. Se salvó por los pelos, los que dejaban los ratones que entraban en el aparador de la cocina a lamer los vasos. Vomitó la mitad de esa porquería, llegamos a tiempo para que le hicieran un lavado gástrico que duró dos horas. La fregona salía del estómago que daba pena verla, tuvieron que cambiar el agua del cubo una docena de veces.
No volví a dejar a papá solo. Me lo llevaba al colegio. Aprendió a leer a sus 45 años. Se le daba bien. Hizo toda la primaria en un año; la secundaria en seis meses; en un mes se licenció en químicas; se doctoró en una semana, sacó la cátedra en 24 horas y diez minutos más tarde le dieron el Premio Novel por su trabajo "Anfetamina y rendimiento neuronal", pero no fue a recogerlo a Suecia porque le daba miedo salir del pueblo, decía que se perdía.
En fin, tanto drama me hizo hipersensible. Por ejemplo, la semana pasada lloré en un restaurante chino cuando el cocinero acuchilló una cebolla ante mis propios ojos.
No obstante, soy feliz. Tengo dos pasiones que me llenan a reventar: comer y beber.
También me gusta leer y cuidar el huerto . Siempre hay labor, en octubre cayeron todas las castañas, las tiró el viento, de mi peral, un árbol que no florece porque dice que eso es de maricas. Yo le poso castañas en las ramas porque un árbol frutal que no da fruto no vale para nada, al menos eso he leído en un libro titulado "Un árbol frutal que no da fruto no vale para nada".
Tengo miles de libros, todas las semanas compro dos o tres y los leo. Los leo nada más que por fuera, porque por dentro tienen muchas letras y además si se abren apestan a tinta y papel.
Soy creyente, si bien, no me apoyo en la Fe porque se me arruga la camisa. Eso sí, voy a la iglesia todos los días, a cuidar dos colmenas que tengo contra la pared de atrás. Las abejas hacen una miel cojonuda, cuando hay bodas y entierros se ceban con las flores de la iglesia y el cementerio. A cuento, riño con Ramiro, el cabrero. Este bestia, con alevosía y nocturnidad, lanza las cabras por encima de la tapia del cementerio, salta él y las aupa una a una para que coman las flores de todos los nichos, salvo las de el de su hijo, el pobre Andresito, fallecido cuando éramos críos, dicen que atropellado en las vías, pero es mentira. Aquella tarde le apostamos dos canicas y un chicle a que no descarrilaba el tren de un cabezazo. Lo había hecho más veces, pero ese día perdió porque el tren venía cargado de carbón, lo cual era absurdo porque siempre iba vacío en dirección a la mina, supongo que fue algún error en un cambio de agujas. Nos dolió tanto lo de Andresito que le pusimos las canicas en la mano y el chicle en la boca antes de que cerraran el ataúd, el día del entierro. Teníamos buen corazón. Después de la desgracia colocaron un cartel de "Prohibido cruzar las vías".
Cosa que nos prohibían, cosa que hacíamos. Nos juntamos todos los chavales del pueblo para cruzar las vías. Uno trajo una cadena gorda de casa; otro, una llave del calibre adecuado; yo, el tractor. Mientras unos vigilaban, los demás soltamos parte de los pernos roscados de un raíl, enganchamos el extremo al tractor con la cadena y Goschila aceleró a tope. Doblamos el raíl en arco cruzándolo sobre el de al lado. El tonto de Miguelón decía que el tren se iba a partir a lo largo por el medio y que la mitad continuaría su camino mientras la otra mitad se estrellaba. Lo había visto en los dibujos animados. Se creía todo lo que veía en la tele desde que comiera unas setas muy raras que crecieron en la cuneta al lado de su casa. El médico había dicho a los padres que el niño no tenía secuelas de la intoxicación que le encamó dos meses, y que , si acaso, había madurado, porque le ocurría con la TV lo mismo que a todos los adultos del pueblo.
Total, que volcaron treinta vagones. Tardaron dos semanas en retirarlos. Esos días acudíamos por la noche a "comprar" carbón al vigilante nocturno de la ferroviaria. Maximino, el panadero del pueblo, fue a denunciarlo al cuartelillo, por envidia, porque tenía enemistad con el vigilante y el derecho a "Compra" denegado. Se fue con un cesto lleno de bollos y volvió a los cuatro días, negro como un Bantú deshollinador y cojeando. Nos enteramos que los guardias le habían dado a probar un centenar de tortas para pedirle su opinión de panadero y luego le habían invitado a entrar en la carbonera del cuartel para que contara las piedras, por saber si faltaría carbón para "cocer el pan" todo el invierno...
¿A qué venía todo esto...? Ah, sí, por mis aficiones. Como veis, me gustan los animales. Soy Presidente del Club de Carreras de Caracoles. Hace años que se inauguraron las carreras. Va ganando el caracol de Eusebio, un molusco licenciado en económicas que ahora va por 4º de arquitectura, seguido de Tergiverseitor, el caracol de Gumersinda, doctor en derecho y opositor a la Presidencia del Gobierno Molusco, que seguramente gane porque ha prometido autopistas de moco para todos...
...¡Uy! Os tengo que dejar, se me queman las patatas... Y las alubias... Y los botes de conservas... Se me quema todo, está ardiendo la despensa, ya me volví a dejar el soplete encendido en la alacena. Voy a llamar a los bomberos, estarán en el salón jugando al póker. Se vinieron a vivir aquí porque me despisto mucho en la cocina.
Saludos, terrícolas, pasad buen día.
Ahora que estoy preparando la comida os contaré cosas sobre mí.
Al despertar, lo primero que veo es mi acuario lleno de secadores. Colecciono secadores de pelo submarinos. Algunos son muy antiguos, pero funcionan como el primer día.
Como me gusta ver amanecer, lo he grabado en vídeo y lo veo a esa hora, las diez u once de la mañana. Lo primero que hago es calentar con un soplete el número del día en mi calendario de hierro para que se ponga al rojo y sea festivo.
Me miro en el espejo, me aseguro de ser yo y no un intruso que me haya suplantado mientras dormía. Me ducho con el grifo cerrado, para ahorrar agua y no humedecer la toalla cuando me seco.
A continuación, le pongo un saco de cebada a Manteko, mi hámster, para que vaya abriendo boca. A Manteko le compré en un viaje a Japón. Para pasarlo de manera furtiva por las aduanas le dormí con un somnífero y le anillé de adorno en mi llavero. El perro antidrogas del aeropuerto casi le come. El policía que radiografió el "llavero" me lo quiso comprar, alucinaba porque nunca había visto un muñeco con esqueleto. Manteko practica el Sumo. Cuando entrena pega unos pisotones en la jaula que tiemblan los cimientos de la casa. Un día se me escapó y puso patas arriba a todos los gordos del pueblo. Tuvimos que aplaudirlo para que pensara que había ganado la final y ya podía volver a casa.
Soy de costumbres fijas. Unto el pan con crema solar factor 50 para que no se queme en la tostadora. Caliento la leche contándola chistes verdes, que la electricidad está por las nubes, y no me refiero a los rayos de las tormentas. Extiendo mermelada de tocino en la tostada y la cubro con una loncha de queso de ornitorrinca. Me priva.
Leo las noticias en mi periódico, lo compré hace 17 años, voy por la página dos.
Y escucho música de hilo, es como la de cuerda, pero más fina. Me gusta la música. A los tres años de edad ya tocaba el piano de casa, sólo por las patas, porque a las teclas no alcanzaba. Como dejaba los dedos marcados, me castigaban a ordeñar los pulgones de los geranios hasta llenar una botella de litro.
En mi cuarto cumpleaños papá me regaló una guitarra eléctrica. "Toma, para que pases el tiempo". El instrumento funcionaba mal, porque luego papá decía que el tiempo no pasaba cuando tocaba yo. A mamá le gustaba. Yo hacía melodía heavy y ella cantaba una de amor: "¡Me vuelves locaaaaaaaaaaa, ya no puedo maaaaaaaas!"
Comencé el colegio a los cinco años. Papá quiso apuntarme a uno bilingüe, pero como eran muy caros me matriculó en la escuela pública y me compró una llave inglesa para que hablara con ella. Mi cartilla de notas era ejemplo de trabajo bien hecho, porque cada cero estaba pulcramente escrito en su casilla sin tocar la de al lado. Papá y mamá eran analfabetos, señalaban los ceros y me preguntaban "¿Qué significa esto?"; yo contestaba "Que mis notas son redondas", y ellos se quedaban muy contentos.
Mi infancia fue muy breve. Me hice adulto el día que al volver del colegio vi a mamá sacar a José Javier de la lavadora, ahogado. José Javier era mi oso de peluche. Salí gritando a la calle, alguien llamó a la policía, se llevaron detenida a mamá. Un psiquiatra le hizo el diagnóstico de Psicosis con desconexión emotiva en enajenación crónica.
El entierro de mi oso fue multitudinario. Acudieron autoridades de la importancia del Defensor del Pueblo Peluche y el Ministro de Felpas, así como personajes de la cultura y el deporte (Don Pimpón, Coco, Naranjito...) encabezados por el actor Mimosín, el cual pronunció unas conmovedoras últimas palabras que desataron el aplauso general.
Mamá trató de defenderse en el juicio. Cuando dijo "¿Es que se ha vuelto loco todo el mundo? ¡Lo lavé porque estaba sucio! ¡Sólo era un peluche, coño! ¡No le ha pasado nada!", la mitad del jurado se desmayó. Han pasado treinta años, mamá sigue en el manicomio. No se fían de ella, una vez la sacaron de la celda acolchada, le quitaron la camisa de fuerza y en un descuido de los vigilantes se lanzó sobre un plumero y le desgració la vida a una colonia de ácaros que vivían en el polvo de una estantería sin meterse con nadie.
Papá no volvió a levantar cabeza desde el día del crimen de la lavadora porque casualmente acababa de comprar unos zapatos tan bonitos que se ha pasado la vida mirándoselos cuando camina.
Por el trauma se dio a la bebida, aunque sólo de agua, porque era abstemio. Bebía de fuentes, estanques, charcos...
La mala vida le llevó a caer en el arroyo, porque pisó mal y el puente no tenía barandilla. estuvo debajo del agua dos horas bebiendo. Sólo salía a respirar. Sufrió un coma hidrolítico, le salvaron en la UVI. atiborrándole de polvorones, a modo de reabsorberle el líquido mortal. Cuando despertó, el médico se lo dejó claro: "El agua o la vida, elija". Papá cayó en una profunda depresión. Para tranquilidad de todos, comenzó a beber güisqui en el hospital, al principio con pajita, hasta que recuperó fuerzas y pudo sostener el vaso sin ayuda de las enfermeras.
Después del alta, se pasaba el día en casa, borracho. Eso me hacía feliz, porque yo le veía con buen color de cara.
En mi sexto cumpleaños ya me hacía cargo de todo, de la casa y de la granja. A diario, después de las clases del colegio, me iba a trabajar a los campos con el tractor. Había adiestrado a mi cerdo Goschila para que apretara los pedales con el hocico, porque yo solo alcanzaba a conducir poniéndome de pie en el asiento. Llegamos a coordinar muy bien, ese año quedamos los terceros en Las 24 Horas de San Pancracio 1974, la carrera anual de tractores que se celebraba el día de la fiesta patronal. Nos dieron de premio el mismo jamón que había regalado yo la semana anterior a la comisión de festejos.
- Mira, Goschila, como hemos corrido bien, nos devuelven una parte de tu padre.
-Oink.
Goschila era un indolente.
El ganador de la carrera me propuso cambiar su premio (Un arado de oro con diamantes) por el mío. Mis jamones eran de fama gastronómica regional por su alto contenido en vitamina C, gracias a que mis cerdos sólo comían naranjas. Me negué por razones sentimentales.
Ese año papá intentó suicidarse con un biofrutas. Se salvó por los pelos, los que dejaban los ratones que entraban en el aparador de la cocina a lamer los vasos. Vomitó la mitad de esa porquería, llegamos a tiempo para que le hicieran un lavado gástrico que duró dos horas. La fregona salía del estómago que daba pena verla, tuvieron que cambiar el agua del cubo una docena de veces.
No volví a dejar a papá solo. Me lo llevaba al colegio. Aprendió a leer a sus 45 años. Se le daba bien. Hizo toda la primaria en un año; la secundaria en seis meses; en un mes se licenció en químicas; se doctoró en una semana, sacó la cátedra en 24 horas y diez minutos más tarde le dieron el Premio Novel por su trabajo "Anfetamina y rendimiento neuronal", pero no fue a recogerlo a Suecia porque le daba miedo salir del pueblo, decía que se perdía.
En fin, tanto drama me hizo hipersensible. Por ejemplo, la semana pasada lloré en un restaurante chino cuando el cocinero acuchilló una cebolla ante mis propios ojos.
No obstante, soy feliz. Tengo dos pasiones que me llenan a reventar: comer y beber.
También me gusta leer y cuidar el huerto . Siempre hay labor, en octubre cayeron todas las castañas, las tiró el viento, de mi peral, un árbol que no florece porque dice que eso es de maricas. Yo le poso castañas en las ramas porque un árbol frutal que no da fruto no vale para nada, al menos eso he leído en un libro titulado "Un árbol frutal que no da fruto no vale para nada".
Tengo miles de libros, todas las semanas compro dos o tres y los leo. Los leo nada más que por fuera, porque por dentro tienen muchas letras y además si se abren apestan a tinta y papel.
Soy creyente, si bien, no me apoyo en la Fe porque se me arruga la camisa. Eso sí, voy a la iglesia todos los días, a cuidar dos colmenas que tengo contra la pared de atrás. Las abejas hacen una miel cojonuda, cuando hay bodas y entierros se ceban con las flores de la iglesia y el cementerio. A cuento, riño con Ramiro, el cabrero. Este bestia, con alevosía y nocturnidad, lanza las cabras por encima de la tapia del cementerio, salta él y las aupa una a una para que coman las flores de todos los nichos, salvo las de el de su hijo, el pobre Andresito, fallecido cuando éramos críos, dicen que atropellado en las vías, pero es mentira. Aquella tarde le apostamos dos canicas y un chicle a que no descarrilaba el tren de un cabezazo. Lo había hecho más veces, pero ese día perdió porque el tren venía cargado de carbón, lo cual era absurdo porque siempre iba vacío en dirección a la mina, supongo que fue algún error en un cambio de agujas. Nos dolió tanto lo de Andresito que le pusimos las canicas en la mano y el chicle en la boca antes de que cerraran el ataúd, el día del entierro. Teníamos buen corazón. Después de la desgracia colocaron un cartel de "Prohibido cruzar las vías".
Cosa que nos prohibían, cosa que hacíamos. Nos juntamos todos los chavales del pueblo para cruzar las vías. Uno trajo una cadena gorda de casa; otro, una llave del calibre adecuado; yo, el tractor. Mientras unos vigilaban, los demás soltamos parte de los pernos roscados de un raíl, enganchamos el extremo al tractor con la cadena y Goschila aceleró a tope. Doblamos el raíl en arco cruzándolo sobre el de al lado. El tonto de Miguelón decía que el tren se iba a partir a lo largo por el medio y que la mitad continuaría su camino mientras la otra mitad se estrellaba. Lo había visto en los dibujos animados. Se creía todo lo que veía en la tele desde que comiera unas setas muy raras que crecieron en la cuneta al lado de su casa. El médico había dicho a los padres que el niño no tenía secuelas de la intoxicación que le encamó dos meses, y que , si acaso, había madurado, porque le ocurría con la TV lo mismo que a todos los adultos del pueblo.
Total, que volcaron treinta vagones. Tardaron dos semanas en retirarlos. Esos días acudíamos por la noche a "comprar" carbón al vigilante nocturno de la ferroviaria. Maximino, el panadero del pueblo, fue a denunciarlo al cuartelillo, por envidia, porque tenía enemistad con el vigilante y el derecho a "Compra" denegado. Se fue con un cesto lleno de bollos y volvió a los cuatro días, negro como un Bantú deshollinador y cojeando. Nos enteramos que los guardias le habían dado a probar un centenar de tortas para pedirle su opinión de panadero y luego le habían invitado a entrar en la carbonera del cuartel para que contara las piedras, por saber si faltaría carbón para "cocer el pan" todo el invierno...
¿A qué venía todo esto...? Ah, sí, por mis aficiones. Como veis, me gustan los animales. Soy Presidente del Club de Carreras de Caracoles. Hace años que se inauguraron las carreras. Va ganando el caracol de Eusebio, un molusco licenciado en económicas que ahora va por 4º de arquitectura, seguido de Tergiverseitor, el caracol de Gumersinda, doctor en derecho y opositor a la Presidencia del Gobierno Molusco, que seguramente gane porque ha prometido autopistas de moco para todos...
...¡Uy! Os tengo que dejar, se me queman las patatas... Y las alubias... Y los botes de conservas... Se me quema todo, está ardiendo la despensa, ya me volví a dejar el soplete encendido en la alacena. Voy a llamar a los bomberos, estarán en el salón jugando al póker. Se vinieron a vivir aquí porque me despisto mucho en la cocina.
Saludos, terrícolas, pasad buen día.
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