lunes, 5 de octubre de 2020

Patria soñada.

Patria: 1. Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos. 2. Lugar, ciudad o país en que se ha nacido. Nación: 1.Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo Gobierno 2. Territorio de una nación. 3. Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común. País: 1. Territorio constituido en Estado soberano. 2. Territorio, con características geográficas y culturales propias, que puede constituir una entidad política dentro de un Estado. No amas a tu patria. El mercado internacional de patrias te parece tan vergonzante que desprecias la idea de emigrar para ser adoptado como ciudadano de otro país. Te oprime, te aflige, te indigna la certeza de que el esfuerzo conjunto de cualquier sociedad humana está profundamente enfermo de corrupción e injusticia. Te has ido a vivir a la Selva del Amazonas porque tienes un sueño: crear tu propia patria, la patria soñada. Y lo vas a conseguir. Por derecho natural, has conquistado diez hectáreas de selva. Y porque no había nadie allí ese día. Antes de saltar en paracaídas sobre el lugar, enviaste un wasap al Gobierno de Brasil con una formal declaración de guerra. Si quieren recuperar la soberanía de lo que han perdido, que envíen al ejército, les estarás esperando. De momento, defiendes celosamente tu patria de las incursiones de ilegales que te invaden para cazar, pescar y recolectar lo que no les pertenece. Sí: has descubierto que estás rodeado de tribus, cada una en su propia patria, corrupta e injusta, no como la tuya. Cada una tiene la ventaja del número. Tú eres uno. Eres el jefe de estado; líder del P.U.S. (Partido Único Soberano); Ministro de todos los ministerios, único diputado, único votante, general supremo, soldado, policía, juez, empresario arquitecto, carpintero tejedor constructor de tu propia choza; científico botánico investigador de posibles especies vegetales comestibles; doctor en medicina erudito en diagnosis de envenenamiento; enfermero que se autoayuda en tratamientos de reposo sin fuerzas y purga por diarreas... Cuando medio recuperas la salud, de botánico consejero a presidente te aconsejas promover la Ley de Sanidad Pública. Como secretario del partido, redactas mentalmente el texto jurídico, con un inciso especial dedicado a la nueva especie descubierta y bautizada con el nombre de " Aparentesabrósima Reinacagalorum", para prohibir su cultivo, comercio y consumo. Convocas sesión para el día siguiente, y llegado, te sientas de espaldas a ese árbol gigante al que llamas "El Hemiciclo" por tener su tronco forma cóncava por ese lado. Como diputado, votas a favor de la nueva ley. Votos a favor: 1 Votos en contra: 0 Abstenciones: 0 Participación de la cámara: 100%. Al ver el resultado aplaudes eufórico, te aprietas las manos, te das palmadas en la espalda, por encima del hombro. Concedes una rueda de prensa, te entrevistas, lo publicas en tu periódico, que es la orilla del río, donde escribes con un palo en el lodo y se te saltas las lágrimas al leer la noticia. Por fin, Han ganado los tuyos: tú. La noticia te inspira, te hace recordad que los simpapeles que violan tus fronteras no tocan nunca la Apatentesabrósima Reinacagalorum. Deduces que conocer los secretos de estado del enemigo inclinaría a tu favor la balanza de fuerzas. Te reúnes con los contigos más importantes: Presidente, Ministro de exteriores, General supremo del ejército de tierra, río y aire, Comandante del cuerpo de inteligencia militar, y el mejor de sus agentes: tú mismo, a quien te eliges como idóneo para la misión de espía. Te solicitas en la sección de recursos humanos un disfraz acorde a los usos del enemigo, para pasar desapercibido, y cruzas la frontera, la nariz atravesada por un palo, al cuello un collar de hojas y el pene dentro de una calabaza emplumada. Pero el enemigo te identifica. Has cometido un error, las plumas de sus calabazas son de colores y en orden específico, rojas al centro y amarillo a los lados, como una bandera, símbolo enélbolo de su identidad. Las tuyas las tomaste de una carroña de tucán abandonada por algún depredador. La tribu enemiga te rodea, te toca, te habla, te sonríe... Abren paso a una preciosa jovencita que porta un cuenco de madera lleno de un líquido denso. Primero bebe ella y te lo ofrece. Es néctar de dioses. No has probado algo tan bueno en tu vida. Tiene un efecto ligeramente narcótico, te invade una dulce serenidad, tus sentidos se agudizan y toda la tribu comienza a cantar, bailar y a golpearte con arbustos espinosos hasta despellejarte. Cuando recobras el conocimiento estás solo y en tu país, pues han tenido la amabilidad de repatriarte. No puedes moverte, pero sobrevives porque en la selva llueve todos los días por la tarde y abrir la boca es quitar la sed. En tres días te recuperas lo bastante para arrastrarte y roer los huesos que desperdigaron por el suelo al hacer sus barbacoas. Agradeces que tengan costumbres higiénicas, han hecho sus necesidades en un mismo lugar, pero en su ignorancia de animales apolíticos han confundido el hemiciclo con la letrina. Pasan los días, y el paso del tiempo te da una perspectiva más amplia, transcendente como visión de lo acontecido y en un pronto de iluminado, corres hacia la orilla del río, orgulloso de ser un pueblo superviviente a las invasiones y escribes las gloriosas crónicas de tu sacrificio personal, de como expulsaste de tu patria al enemigo, con la astuta artimaña de hacerte el muerto y dejar que agotaran los recursos de tu país hasta verse obligados a abandonarlo. Como eres un pueblo inteligente, aprendes de la Historia que tu pequeño territorio soberano y nación de un solo habitante necesita una coalición con un bloque fuerte y sabiendo que en la frontera opuesta, al otro lado del río, vive un clan de tribus pacíficas, que apenas se matan entre ellas, planificas una cumbre de negociaciones para exponer a sus líderes la larga lista de extraordinarios veneficios que les aportaría una alianza contigo. Te preparas. Hace meses que te comiste a cachitos tu ropa medio podrida y tus zapatillas rotas, pero la selva ofrece su estilismo particular, así que engalanas tu calabaza con símbolos que definen tu superioridad de hombre civilizado: el reloj de pulsera, herramienta imprescindible en tu apretada agenda de labores de Estado, y el teléfono, sin batería y con la pantalla rota, porque lo usas de mortero en el hueco de un tronco para prepararte las papillas de insectos. A modo de regalo de cortesía diplomática, haces acopio de un puñado de bayas dramáticamente amargas, endémicas de tu tierra, orgullo de tu cultura gastronómica, al tener la propiedad de quitar el apetito durante una semana, por lo que les atribuyes el valor de veinte comidas completas. Tras hacer un repaso mental de los protocolos diplomáticos que llevarás a la práctica, intentas cruzar el río para entrar en su país. Te salvan de morir ahogado un grupo de niños que se bañaban en ese momento, y entre juegos y risas te arrastran a su orilla. En espera de que acudan los adultos, juegas con los niños a no esquivar sus terronazos, por divertirles más y ganarles a tu causa. Llegan los mayores, saludas con simpatía, les ofreces las bayas, que has mantenido todo el tiempo en un puño cerrado, como llave mágica que abrirá una frontera vital para tu futuro. Alguien te pega con un palo en esa mano, las bayas se desparraman por el suelo; una mujer feísima, con aspecto de loca de la tribu, te arroja a la cara las tripas de una rata cruda que se estaba comiendo. Respiras aliviado por el exitoso principio del encuentro: Han sembrado tus bayas en su país y disfrutas devorando la ofrenda alimentaria con la que han correspondido a tu cortesía. La casquería es una exquisitez, te parece un manjar delicioso, y no por ser la primera vez que consigues comer carne en la selva, sino porque en este lado del mundo es evidente que una alimentación natural y en libertad da a la rata un sabor sublime. En tu lista mental de tareas pendientes, esto es, aprender a cazar, pescar, nadar, etc, anotas una nueva entrada: "Reinventar la gastronomía. Sushi de roedor." A cada momento, aumenta el entusiasmo de la tribu, gritan más fuerte, los hombres golpean el suelo con sus lanzas, señalan tu país con espasmódicos movimientos de brazos, van tomando ritmo y coro, ya suenan como una tormenta perfecta, extrañamente unísonos, las caras enrojecidas, desencajadas, los ojos queriendo saltar de las órbitas, la lengua fuera de la boca, como queriendo alcanzar la nuez con la punta, las piernas flexionadas, pateando con fuerza... La selección nacional de rugby de Nueva Zelanda hace rato que habría salido corriendo ante semejante espectáculo, pero tú interpretas la escena como un ritual de bienvenida de enérgica y contundente aceptación dedicada al embajador extranjero. De pronto, de un salto, te rodean todos, unos cien, en círculo apiñado, todas las lanzas apuntando a tu cabeza, a un palmo. Se hace un silencio absoluto. Sus rostros quedan impasibles. Reaccionas: Sonríes, aplaudes, felicitas, despliegas tus dotes gestuales, no para nada eres el mejor artista mimo de tu joven país, te llevas las manos al pecho, finges arrancarte el corazón y lanzarlo, repetidas veces, girando en redondo una vuelta, y a la siguiente, llevándote las puntas de los dedos a los labios y lanzando besos imaginarios por los aires a toda la concurrencia... Ellos se miran serios, unos a otros, comienzan a murmurar. Tienes claro que es una discusión por respeto a baja voz, para decidir en cuál choza alojarte, y cada cual argumenta la propia como la más adecuada en comodidades y servicios acordes a la dignidad de trato que requiere la excelsa persona del embajador. En realidad, en ese idioma, del que no entiendes ni una palabra, comentan que un espíritu loco habita tu cabeza; si te matan el espíritu quedará libre y ocupará la cabeza de uno de ellos; El espíritu se ha manifestado, no puede hablar, pero sus gestos han sido claros, significan "Arrancad el corazón a este cuerpo, comedlo, muy rico, os chuparéis los dedos". El jefe no va a caer en la trampa. Dice a sus guerreros: "Volvamos al poblado con los niños. Dejemos a la loca con él, sus espíritus se entenderán." Al ver que te dan la espalda y se adentran en la selva, entiendes que las palabras del jefe eran disculpas por tener que ausentarse con su séquito para poder continuar con las labores de gobierno, si bien te halagan con la honrosa compañía y guía de la ministra de asuntos exteriores, la misma mujer que antes te agasajara el paladar y ahora te mira fijamente, boquiabierta y babeando hasta los tobillos. Te tocas el pecho y dices: "Yo, Mariano, Presidente". Tocas el suyo y dices: "¿Y usted?". La ministra estalla, grita como un cerdo barítono en tradicional matanza, se te viene encima con extremidades, uñas y dientes. No hay en la selva mona que iguale la brutalidad del arranque, ni defendiendo sus crías; no hay jaguar que le ganara una pelea a zarpazos; cualquiera que presenciara este ataque perdería la fe en la humanidad, pensaría que las pirañas son besuconas y las anacondas mimosas con sus presas, pero tú eres especial, tanta baba y agresividad desatada te dicen que la señora ministra se ha enamorado de ti y sientes como una realidad física la flecha candente de Cupido atravesando tu corazón, no porque las carencias emocionales de una prolongada y absoluta soledad en el exuberante follaje hayan exacerbado tu receptividad afectiva, no, esto te ha pasado porque jamás habías conocido a una mujer que venciera su pudor con tanta valentía en la más apasionada entrega de todas las habidas que la naturaleza haya dictado espontánea y sincera... ¡Oh, Amor, que te abre los ojos y aclara el entendimiento, ¿cómo pudiste antes dudar si esta criatura por su aspecto físico era humana o engendro parido por el infierno? ¿Qué locura te cegaba, como quieren ahora cegarte las uñas de tu amada, para no ver en ella la mujer más hermosa que Dios o Destino hicieran hollar la Tierra desde el principio de los tiempos? Sobre la nube mental embriagadora en la que flotas llevado por lo que para ti es instintiva sexualidad desatada sadomasoquista de tu amada, que en verdad lo que quiere es dejarte en pepitoria, sexualidad propia de una cultura tribal condicionada por el tándem placer y dolor que determinan las leyes de la selva como esencia de su significado, sentido, causa y consecuencia, aceptas como místico en éxtasis el verte enajenado, indiferente, el cuerpo más arañado que la furgoneta de una empresa de la construcción, siendo ello suerte para ti que te regala la felicidad, pero te hurta la consciencia, te desmayas, digo, porque no soy nutricionista, que de serlo tal vez un criterio más racional empírico me haría sospechar que la dieta de insectos y hojas de dudosas cualidades nutricionales mantenida con rigor no era la adecuada para que los ahora cuarenta kilos de tu organismo evitaran el colapso. Horas después te despiertas solo, seguro, en tu ilusa locura, de que tu "Amada" estará cerca, preparándote un banquete digno de un jefe de estado, presidente, general, amor de su vida. Ya se activa tu faceta de lingüista erudito, ja, calculas que aprenderás el idioma de la tribu en una semana; te ves componiendo en su lengua una magnífica oda para representar en verso cantado el visionario proyecto de futuro que cambiará sus vidas... Imaginas los titulares en el lodo: "El Presidente se casa"... "Nuestro Presidente, líder de la P.U.T.A. ( Pacto para la Unificación Tribal Amazónica)" . Te fijas en que durante la expresión física de los sentimientos de pareja, no has llegado a consumar el mensaje: aún llevas puesta la calabaza de gala. No importa. Entras en la ensoñación de llegar a tener doce hijos tuyos, de tu loca y de la patria, que educarás con disciplina militar hasta convertirles por el poder justo y lícito de tu autoridad, en generales del ejército de tu familia política, todos y todas militantes del P.U.S., ellos soldados y ellas gestadoras incansables de nuevos y nuevas patriotas, futuros héroes invictos bajo tu mando, de inspiración divina, en la Guerra del Amazonas, hasta que un día todos los lodos de los ríos, afluentes riachuelos y pozas estancadas anuncien la noticia "Victoria final. La guerra ha terminado. Mariano, Emperador del Amazonas"... ... ¿Cómo no te va a ilusionar la vejez que te espera? ... Disfrutando del cariño de tus ciento veinte nietos, abrumado por los constantes homenajes de tus votantes, 100% del electorado, fieles admiradores entregados, de patriotismo inquebrantable, que a tu pesar te necesitarán siempre, y tú queriendo jubilarte... ¿Qué le vas a hacer? Por tu pueblo, por tu patria, todo sacrificio es poco... Por ellos... Tarea pendiente: Componer un himno nacional.

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