lunes, 26 de octubre de 2020

Dice el abuelo.

Dice el abuelo.
"Como dijo Pablo Neruda: "Buenos días". "Como dijo Miguel de Cervantes: "Buenos días". Como dijo ... etc. Así saluda el abuelo por las mañanas. Llevo años escuchando sus "Citas" de literatos famosos, o no tanto, a veces usa nombres que desconozco, pero supongo que también son gente que a lo largo de sus vidas dijeron muchas veces "Buenos días" o algo parecido.Dice el abuelo: " Amanezco con ilusión, no he perdido el hastío, y no hay nada más hermoso que vivir hastiado de vivir entusiasmado, aparte de un jamón ibérico de cerdo con ocho apellidos extremeños".
 - ¿Te vas a duchar, abuelo? No dejes todo el suelo tan mojado, la chacha se queja.
 - Ya me estoy duchando, ¿No me ves leer el periódico?.
 - Sí, ¿Y qué?
 - Que las noticias son una ducha de agua fría.
 - Ya... cuidado, no te resfríes, ¿Te traigo una toallita para que te seques? 
-No, no hace falta, ahora leo las internacionales, y con lo que se me calienta la cabeza me seca todo el cuerpo.
 El abuelo posa el periódico sobre la mesa. Va por su tercera taza de café, en media hora que se sentó a desayunar.
 - ¿Cuánto café tomas al cabo del día, abuelo?
 - Menos de lo que se cosecha en el mundo.
 - Seguro que el presidente de Colombia te concede la medalla de honor al mérito por el consumo.
 - Esa sólo se la dan a drogadictos famosos. 
-Tienes salidas para todo, abuelo.
 - Menos para ti, Silverio, si tuviera una salida para ti, te la presentaba para novia.
 - ¿Y para qué quiero yo una novia salida?
 - ¡Qué pregunta! ¡Pues para amarrarte una brocha a cada cuerno de los que te va poner y pintar el techo de la cocina, mira, no me gusta el color!
 - ... Qué mala leche tienes, abuelo... Si fueras vaca darías vinagre. 
El abuelo se levanta, va a su cuarto, vuelve minutos después. Ha cambiado su pijama por ropa de calle.
 - ¿Vas a salir, abuelo?
 -Sí. 
- ¿Y la ropa nueva que te regalé por tu cumpleaños? 
- En el armario.
 - ¿Y por qué no te la pones?
 - Está mejor en el armario. Que no salga de ahí.
 - ¿Y eso? 
-Porque es de maricón cobarde.
 - Ya te vale... colores bonitos, alegres, corte moderno, ropa a la moda... Además, ya no se dice "Maricón", no es respetuoso. Ahora se dice LGTBI.
 - ¿"Elojeteteví"? ¿Y a eso lo llamas "de respeto"?
 -LGTBI: Lesbianas , Gays, Travestis y bisexuales.
 - ¡Como si se dice "CACHINHUÉ"! ¡Yo digo "Maricón", como se dijo toda la vida, y se entiende!
 -JAJAJA ¿Qué es eso de "Cachinhué?
 - ¡Cascapajas, chingaburras y huelebragas!
 - Ya te enfadaste. 
- ¡Tú, que me mareas! Te dije que no me regalaras ropa... 
-Si es que vas cochambroso.
 -No voy con Ambrosio. Voy con Federico. Sí. Al parque. Cada uno a sentarse en su propio banco, A pedir limosna.
 - ¡Pero bueno! ¡Me dijiste que lo habías dejado! ¡¿No te da vergüenza?! ¡Aprovecharte de los buenos sentimientos de la gente! ¡Con la pedazo de pensión que te ha quedado, más tus inversiones, más todo lo que tienes! ¡Pidiendo limosna en un banco del parque! ¡¡¡¿No te da vergüenza?!!! 
- Ninguna. El que nace banquero, muere banquero. Y nos sacamos para los vinos de las once.
 -Anda, tú no fuiste banquero, fuiste empleado de banca. Debería denunciarte, deberías salir en los periódicos...
 - ¿En serio? ¿A mi edad? ¡Qué ilusión! ¡Qué buenos recuerdos me remueves, Silverio! 
-¡Ah! ¿Y te hace gracia?
 - Ilusión, Silverio, ilusión. La gracia es para los pobres de espíritu; la ilusión para los pobres de dinero y para los banqueros que sabemos vendérsela dibujada con humo.
 Bien sabe el abuelo cuando ha sido lapidario con una de sus frasecitas. Se me queda mirando con esa cara beatífica suya. Perfecta. La que usó durante años de vender hipotecas abusivas y de casamentar empresarios canallas con politiquillos corruptos encantados de serlo. Qué bien le sale. Si no le conociera, le daría ahora mismo cincuenta euros para vinos. De las mejores cosechas. Qué pillo, el abuelo. Tiene la mirada más serena y humana que he visto en mi vida, sin embargo, ese brillo, ese sutil brillo de sus ojos es el brillo de los ojos de un lobo. Le quiero. Porque es un desgraciado… Y no es el dinero lo que le sigue motivando, es la necesidad de engañar. Engañando se siente seguro, se olvida de su miedo de hombre acorralado por la decrepitud y la muerte a la vuelta de la esquina de un tiempo, el suyo, que concluye, que se agota… Ahora es cuando conoce la miseria, sí, pobre en tiempo de vida, hasta que llegue el momento en que le queden unos minutos, como céntimos en la mano de un mendigo. Pobre abuelo… Qué cabrón…

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