martes, 16 de agosto de 2011

Me quedas tú



Me quedas tú,
puñetera.
Hoy te dejo
desnuda de rebecas
palabras esquinadas en el diccionario,
pero vestida de pies a cabeza
con metáforas,
como mantas de madera.
No puedo darte luz de otra manera,
eres demasiado traviesa.
No juegues conmigo, Poesía,
no vengas marimandona, peripuesta y arrogantontoide
con tus espuelas
a las veredas
que emplea
el caballo loco de mi imaginación
enferma
para cambiarse al pasto de otras praderas...
...Esa
vela
de
cera
que puse
dentro de la
jarra de
cerveza,
¿tendrá en mi subconsciencia un reflejo sexual
sobre espejo de alcoholemia
cuando me paso más de veinte
aldeas?
Cuéntame algo,
puñetera.
Hoy es un día
al que ni siquiera
vale
la pena
asomarse.
Hoy me cae por dentro de las venas una sangre
más espesa
que el chocolate de la abuela.
Hoy tengo los nervios cortejando tinieblas
descalzos entre cardos y piedras.
Hoy son inseparables en mi cabeza
las tonterías
de las ideas...
Como siempre,
¡Ea!
...Vértigos
de afanes
y lamentos
de compases
perdidos
en una tarde
de verano,
son los males
que producen
cuando renacen
esos amores
latentes capaces
en la memoria
de hacer retales
ese negro
y sucio traje
confeccionado
a base
de olvidos
de imágenes
apartadas
por los ultrajes
de otros tiempos
en otras tardes...
...desvariaciones sobre el mismo tema,
siempre la misma consciencia
de navegar en un mar de penas
para descansar
en islas de tristeza...
Siempre nómada en la Tierra
como entre flores de plástico negras
una despistada abeja.
Me quedas tú,
Poesía,
lo mismo que le queda
un geranio al guardabosque
de una desaparecida arboleda,
o una astilla
al náufrago en la mar revuelta,
o un pedal
a ese que le robaron la bicicleta.
Soy una tenia cagada,
pero me queda
mi
dedal de mierda:
tú, poesía,
puñetera,
¡Si!
¡Tú me quedas!

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