domingo, 22 de marzo de 2009

Los tres cerdazos

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Cochón
, Minstro y Porki eran tres hermanos de la especie animal porcina. Tres cerdos, vaya, preocupados por el problema de la vivienda y el de los depredadores. De la casita y el lobo, vaya. Cochón adolecía del impulso de la voluntad enérgica. Era un vago, vaya, y se construyó una casita de paja. Bueno... Dos. La primera se la pació una vaca por no recibir ésta ningún estímulo contrario a la intención de alimentarse de la paja. Por no espantarla el cerdo, vaya. Vaya vago.

Minstro era abrillantador de naranjas en una factoría de manufactura de productos hortícolas. Un almacén, vaya, y se ocupaba de mantener en funcionamiento la máquina que lava las naranjas y las rocía con una solución abrillantadora que las da un aspecto más atractivo en las estanterías de los supermercados cara al consumidor. Que apretaba el botón, vaya. El cerdo, no el consumidor. El botón de arranque de la máquina. En su tiempo libre, el de Cochón, no el de la máquina, hacía bricolaje con palillos. Su mayor logro era un crucifijo elaborado con dos palillos cruzados, como no, que portaba al cuello atado con un cordón de zapato. Se construyó una casita de madera. Bueno... Dos. La primera la ensambló desde dentro olvidando dejar los huecos de puerta y ventanas. Se percató de su despiste al comprobar la ausencia de iluminación natural interior diurna. Al quedarse a oscuras, vaya. El idiota. Le sacaron sus hermanos. En el derribo, Cochón sufrió un traumatismo ocular inciso seccionante de órgano óptico y vaciado total de cuenca. Se sacó un ojo, vaya. Porky se clavó una punta en un pié al pisar una tabla. Minstro, tres.
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Porky ignoraba cualquier técnica de ejecución de actividad laboral convencional por carecer de cualidades psíquico-físicas para el aprendizaje. Era un inútil, vaya. Bueno, era el más inútil de los tres. Se fue a vivir a las afueras, a una escombrera, y se construyó una casita de ladrillos. Bueno... Dos. La primera se la demolieron los gitanos que iban al lugar a buscar materiales para arreglar sus chabolas porque la ubicó en zona de acceso al recinto impidiendo el libre tránsito de vehículos rodados. En medio de la entrada, vaya, y no dejaba pasar a las jargonetas, vaya, “jaaaaaaaaaaaa, chacho, dale con la porra, Richar, ja, paaaaaaá, mira el payo qué cara gocho tié”.
Y vino el lobo.

Queridus amigus, ¡el lobo! Ese animal perseguido, acosado por el hombre desde tiempos inmemoriales. ¡El lobo! Azote de rebaños, y en otras épocas, de gentes también, cuando las poblaciones de lobos se censaban en miles de ejemplares a lo largo y ancho de la Península Ibérica. Hoy día, en peligro de extinción, apenas sobrevive en algunas sierras de nuestra piel de toro, persiguiendo a cerditos estúpidos que mejor estaban en centros de selección y crianza de ganaderías para la producción comercial de productos cárnicos. En cubiles para engordarlos y matarlos, vaya.

El lobo tenía 99 años. Fumaba desde bebé. Su madre, alcohólica, fumadora empedernida y lisa como una tabla de esnuorbuoar, no disponía de recursos para potitos ni chupetes, así que le ponía al cachorro las colillas en la boca para que chupara algo caliente. A los tres años tenía los pulmones tan quemados, que cuando se hacía una herida se la soplaba con el fuelle de la chimenea. A los seis, se alimentaba por sonda, llevaba carrito con botella de oxígeno, catéter, tubo, vaya, y mascarilla, que sólo se quitaba en los cumpleaños, para apagar las velas de la tarta a escupitajos.

Se presentó en casa de Cochón el cerdito pajero. Al intentar levantar la pata de alante para llamar a la puerta se le escapó una ventosidad que se le hubo de disculpar porque estaba muy mayor y la casita se cayó, no entiende el perito cómo porque estaba desenfilada de la dirección del pedo. Corrió Cochón a meterse en casa de Minstro, a dos metros. Una hora después llegó el lobo medio ahogado y con la espita de la botella abierta al máximo. Esta vez, el sutil remolino de aire que formó la pata al levantarla para intentar apretar el pulsador del timbre derribó la choza sin que hubiese sido tocada por nada ni nadie. El perito puso en el informe "contingencia climática". Un tornado, vaya, porque de haber contado la verdad se hubiesen reído de él y expulsado del trabajo.

Los dos cerditos, apercibiendo la situación, dijeron: "Vamos a ser cerdos, un poquito de por favó”. Pidieron un taxi para los tres y llevaron al lobo a las afueras, a casa de Porky. Le ayudaron a salir del taxi y le pusieron delante de la casita de ladrillo. Le animaron "¡Vamos, Feroz, tú puedes!" "¡Hala, lobito, bonito, como en los viejos tiempos!" Al lobo le dio un mareo sólo pensar en que tenía que soplar. Los cerditos llamaron a la puerta, asustados; salió Porky y al ver lo que ocurría entró en casa corriendo y volvió a salir con una silla para el anciano lobo, que se sentó, agotado de tanto jaleo que armaban los chavales.
En eso, dijo Porky: "Venga, tranquilo, no pasa nada. A ver, hermanos, todos juntos, hay que echar una pezuña."

Y los tres cerditos se pusieron juntos a soplar y soplar y soplar con todas la fuerza de sus pulmones intentando derribar la casita de ladrillo sin conseguirlo. Al lobo se le veía cada vez más apagado. Entonces, Porky dijo: "tengo una idea", sacó el móvil del bolsillo de sus ridículos pantalones con tirantes, que no le hubiera venido mal encontrar una cerda de la que enamorarse que le enseñara a vestir bien al desgraciado de él, y marcó un número. A la media hora se presentó Juan de Dios con su hijo Richar y cuatro primos más. Echaron la casa abajo a porrazos. Gitanos y cerditos se pusieron a picar palmas, cantar y bailar hasta que se dieron cuenta de que el lobo había muerto. En los ojos, abiertos, el difunto tenía un brillo de agradecimiento y paz como nunca se ha visto en la mirada de un animal en toda la historia del devenir de la fauna animal sobre este mundo.
En la puta vida, vaya.


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7 comentarios:

dianastrocyte dijo...

¿Será esta alguna 2da parte?

O...

¡Así que esa es la verdadera historia de los tres cochinitos y el lobo!

¡Toda mi infancia ha sido sede de la mentira más ruin de esta faz, de este planeta, y lo acabo de descubrir!

¡Hablaré con mis antecesores!¡Tienen que explicarme esto!

Ok...
Me encantó...

Sólo una última palabra:
Vaya.

Locuán dijo...

... Usted con Dios ;-)
Gracias por tu comentario, guapa. Sí, yo en tu lugar iría a hablar con tus papás, algo tienen q contarte :-)
Un besazo
Ana

P´PITO dijo...

buen cuento de los tres cochinitos, completamente diferente al que me contaron...

este si es como la vida misma...

jajajajajaja la vaca que se comio la casa de paja jajajajajaj

saludos!!

Locuán dijo...

Gracias por la visita, P'pito, me alegra de q te haya gustado. Un abrazote!

noveldaytantos dijo...

Un relato realmente conmovedor.
Por cierto, os comunicamos que os hemos puesto un enlace en nuestro blog. Hemos creado nuestro particular Top 10 de blogs, lista que actualizaremos cada mes.
Así que los miles de trillones de voyeurs que tenemos igual se pasan por aquí.
See you soon, como dicen un poco más arriba de Cantabria.

La Loba dijo...

Jajajajaja, no sabía esto de mi compadre, buenisimooooooooo, hace tiempo que no me reía. gracias mil, te visitaré, "lo juro"

Locuán dijo...

Gracias, Loba (alias tan mamísssfero tienes), aquí te esperamos :-)

Novel, ya te dije ayer q es un honor pa nosotros. Mu gordo el honor, te lo juro por la cresta del pájaro loco. Besazos fuertes, a los tres (o cuatro)
Ana

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