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Dedicado a Ana Márquez
Por encima del barro
que remueven las pezuñas impías
de los malévolos,
los indiferentes,
los inconscientes,
los apáticos rendidos,
los egoístas de miga de pan,
los avaros de alfiler oxidado,
nosotros:
nosotros, los peores de todos,
pistoleros de cafetería,
diestros en apuntar con el dedo a la altura de la cadera
para disparar la culpa en duelos de diez palabras y media vuelta;
o esos francotiradores de la lógica,
en tertulias televisivas,
acomodadas a conciencias orondas,
con una mira telescópica de razones
que alcanza con precisión a supuestos responsables
en cualquier rincón del mundo;
todos,
soldados de ejércitos democráticos,
complacidos por el continuo botín de guerra
que la masacre de nuestros votos
arrebata en esos frentes de miseria, esclavitud y muerte...
...Sobre la escombrera de lo vivido,
desmadejado el ánimo en una pose de marioneta en descanso,
se puede ver un cielo inmenso de piel
inalcanzable,
toda la piel escapada a las caricias
en las pasiones frustradas
de los enamorados de su propia inconsecuencia...
El futuro depara una somnolencia sin retorno
a quienes vagabundean por las catacumbas
de sus fracasos,
tropezando con problemas fósiles,
redondeados por los encontronazos
de miles de generaciones anteriores;
en los nichos, las calaveras se ríen
por ese empeño de los vivos en no quererse reconocer
en los frenéticos espasmos de amores, odios, deseos, miedos,
instintos, en suma,
que les hacen caminar ciegos bajo la luz de su propio entendimiento,
inseguros en la certeza de su finitud,
hipotecados en futuros a pagar a plazos de toda magnitud, incluso
infinita;
mimosos en acunar sueños adoptivos,
sueños engendrados por los impulsos de estar, permanecer,
perpetuarse en una progenie obligada a nacer,
sueños vanos, ignorantes, ridículos, pretenciosos,
construidos sin imaginación
con el esclavizante mecano
de un entorno de manufactura publicitaria.
Y sin embargo, esperanza.
Esperanza,
en la inocencia de esas mariposas de vuelo impreciso, pero grácil,
que son las risas de los niños;
en el río de agua pura que fluye solidario
de aromas florales
y almas amigas;
en los viejos árboles, sabios maestros
que imparten los valiosos conocimientos
del respeto,
de la benevolencia
y de la belleza de la convivencia hermanada
en el mosaico humano de colores,
luces, sombras, hojas caídas y brotes nuevos
sobre la tierra,
nacidos en el plácido frescor
de la ayuda desinteresada,
en la calidez maternal de los rayos de sol
que acarician la firme suavidad
de los gestos comprometidos,
de la complaciente armonía que reina
en el paisaje del Ser anónimo que da el pan, el agua, la paz, la vida
a cambio de nada.
De nada.
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2 comentarios:
Francotiradores de la lógica, jaja.
Ingenioso,le doy 5 estrellitas, dos soles y tres lunas.
Saludos muchos y variados.
Gracias, reguapa. Besos
Ana
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