
Érase muchas veces, y a todas horas pasa, que había una… Llamémosle “Niña adolescente”, por su atraso de formación de personalidad. Una niña de 30 años que vivía en un bosquejo de barrio, esto es una agrupación de chabolas de lujo. Hablo de materiales reciclados, cartones, chapas, tablas de embalajes, etc.; con una coherencia estética que hace décadas no alcanza ningún arquitecto colegiado, como podéis ver allá donde viváis. Muchos eran los que envidiaban la suerte de sus residentes, el barrio se veía desde la cárcel. Atendiendo al sentimiento ecológico de nuestra era, el bosquejo contenía en su interior frondosas plantaciones de marihuana, coca y unos geranios, éstos, plantados por un joven que se equivocó de semillas por practicar la agricultura con las pupilas más dilatadas que un personaje de dibujos animados japoneses.
El lugar estaba poblado por toda clase de animalitos de piel, pelo y pluma, salvajes y domésticos, atareados en acecharse y perseguirse juguetones, ya fueran perros sarnosos tras ratas piojosas, ratas piojosas tras polluelos pelados, cuervos encorvados tras sucios huevos de gallina, gallinas lujuriosas tras los huevos de los patos, vecinos sin nada que echar al arroz tras gatos famélicos… A toda esta actividad asistía un público de cucarachas con el colesterol por las nubes y otro de moscas que por su número daban al lugar una agradable sombra, algunos días incluso penumbra.
En medio de tanta vida y tanta paz ausente, al arrullo de los disparos de reyertas cercanas, esta inmadura conocida como Caperucita Loba por su actividad profesional, sí, esa que adivináis, veterinaria en la perrera municipal, caminaba medio sonámbula por la calle embarrada atrayendo la atención de todo el huerto de pepinos, por decirlo en metáfora . Era una fémina preciosa, aún le quedaban tres dientes y doblaba barras de bares con las tetas; con unos andares elegantes, de “eses” amplias y tropiezos dignos; cantaba con una miel-odiosa voz, entre dulce de alucinada y chillona como uñas contra pizarra, que dejaba el entorno mudo, expectante y temeroso con el último éxito de grupo Pirulados del Jachís, ya sabéis, el tema “Si te fumas el muesli te piso un callo”.
¿No? Sí, hombre:
La banda metiendo caña a tope:
¡Si te fumas el muesli
te piso un callo,
que tú no eres mi kely
ni yo soy tu payo!
¡Si te fumas el janster
es fijo que te clavo,
no toques a mi Ganster
o te mato con el nabo!
¡Si te fumas mi consola
te machaco con las pesas,
ya sabes que me mola
vender las hambuerguesas!
¡Si te fumas mi guitarra
has firmado tu sentencia,
te subiste a la parra
por la puta dependencia!
Cambia a melódico romántico con un solo de guitarra,
primero el estribillo:
¡En cambioooooooooooo!
¡No es lo mismoooooooo!
¡Por otro laooooooooooo!
¡Na que veeeeeeeeeeerrr!
Estrofa que sigue en melódico:
¡Si te fumas la pelusaaaaaa,
entonces si te quierooooooo,
carne de reclusaaaaaaaaa
te lleno el agujeroooooo!
Estribillo y vuelta a empezar con caña.
Pues esa.
¿Por donde iba?
Ah, sí.
Concentrada en esta canción avalada por la crítica por defender la cultura musical, la práctica del deporte, los derechos de los animales, la alimentación sana y el procesado inteligente de la suciedad doméstica, Caperucita tropezó de morros con El Rojo, un peligroso, malévolo, fuerte, grande, feo y peludo hombre que se la quería comer de esa manera que después nadie puede llamarte canibal, pero le era imposible por una castración accidental padecida durante un intento de robo en una caseta del tendido eléctrico de alta tensión. Interpretó la señal de peligro como “Peligro de tropiezo, barras de oro tiradas por el suelo”.
La esquizofrenia es así. Le saltó un arco voltaico que se le cayó al suelo todo lo que no tenía hueso y le dejó la cara como un cesto de guindillas.
-¿A dónde vas Caperucita con esa cestita?
- ¿Qué cestita, gilipollas, si no llevo nada? Aparta de en medio.
- ¡Esa, la de los melones! ¡Juas, juas, juas!
- Capullo… Voy a casa de La Abuelita, que te apartes, menstruao.
- Si no te hablas.
- Voy porque allí para el furgón de la metadona, que no te enteras.
- Pues tonto el último.
Y diciendo esto, El Rojo echó a correr como pimiento que lleva el viento y se perdió de vista en un plis plas, como subsidio de excarcelado.
Al llegar a casa de La Abuelita (Una enana veinte añera, pálida, ojerosa, desdentada, de pelo lacio, que vestía siempre de negro y dormía en un embalaje de nevera embreado, todo esto ejemplo alegórico de lo que a la Sociedad le importan las realidades marginales) Caperucita Loba encontró a ésta y al Rojo con el carnet de identidad en la mano al lado del vehículo de la Sanidad Pública esperando su dosis legal. Al ver al Rojo arremangado, Caperucita le dijo:
- ¡Qué venas tan grandes tienes!
- Son para verlas mejor.
- ¡Y qué patas tan grandes tienes!
- Las mías.
- ¡Y qué dientes tan grandes tienes!
-¡Y la polla, no te jode, tía! ¿Tú estás tonta? Anda, pasa delante antes que veas vacas de plomo volando, ¡que pa grande tu mono!
- ¿Jode, verdad? ¡Te vuelves a meter con mis tetas y te rompo la cabeza con ellas!
Justo en este tierno momento, típica discusión de quienes están enamorados y no saben como decírselo, al reclamo de los agradables gritos acudió raudo, única forma de acudir a un reparto de metadona, Pepe El Cazador, también conocido como “El atracador del paraguas recortado”, que llegaba, como a todas partes, guiándose de oído desde que quedara ciego por esnifar los gases de un bote lacrimógeno en aquel fatídico atraco que le diera fama mundial.
¿Ahora sí sabéis quien digo, verdad?
Ese mismo. Pepe, el que hizo famosa la coletilla “el que escondía la escopeta en el paragüero”, de uso extendido desde entonces y que empleamos cuando bromeamos sobre un error propio de poca importancia, o ironizamos sobre errores ajenos exagerados, como el que cometió este hombre cuando completamente drogado cortó un paraguas por la mitad con una sierra de metales y se presentó en una sucursal bancaria apuntando con su recién estrenada “recortada” al personal.
Pepe señaló con su bastón blanco hacia donde había oido hablar al Rojo, hizo “pum” con la boca, o sea, la misma broma de siempre, porque con las luces no se le había ido el sentido del humor, y dijo: "pa que no te metas más con Caperucita Loba” y se echó a reír. Nadie le hizo caso porque el sanitario había empezado a poner las inyecciones.
Después de la vacuna todos fueros felices y comieron pipas. No les pedía más el cuerpo.
Y colorín de color rojo,
este cuento es constante, ojo.

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El lugar estaba poblado por toda clase de animalitos de piel, pelo y pluma, salvajes y domésticos, atareados en acecharse y perseguirse juguetones, ya fueran perros sarnosos tras ratas piojosas, ratas piojosas tras polluelos pelados, cuervos encorvados tras sucios huevos de gallina, gallinas lujuriosas tras los huevos de los patos, vecinos sin nada que echar al arroz tras gatos famélicos… A toda esta actividad asistía un público de cucarachas con el colesterol por las nubes y otro de moscas que por su número daban al lugar una agradable sombra, algunos días incluso penumbra.
En medio de tanta vida y tanta paz ausente, al arrullo de los disparos de reyertas cercanas, esta inmadura conocida como Caperucita Loba por su actividad profesional, sí, esa que adivináis, veterinaria en la perrera municipal, caminaba medio sonámbula por la calle embarrada atrayendo la atención de todo el huerto de pepinos, por decirlo en metáfora . Era una fémina preciosa, aún le quedaban tres dientes y doblaba barras de bares con las tetas; con unos andares elegantes, de “eses” amplias y tropiezos dignos; cantaba con una miel-odiosa voz, entre dulce de alucinada y chillona como uñas contra pizarra, que dejaba el entorno mudo, expectante y temeroso con el último éxito de grupo Pirulados del Jachís, ya sabéis, el tema “Si te fumas el muesli te piso un callo”.
¿No? Sí, hombre:
La banda metiendo caña a tope:
¡Si te fumas el muesli
te piso un callo,
que tú no eres mi kely
ni yo soy tu payo!
¡Si te fumas el janster
es fijo que te clavo,
no toques a mi Ganster
o te mato con el nabo!
¡Si te fumas mi consola
te machaco con las pesas,
ya sabes que me mola
vender las hambuerguesas!
¡Si te fumas mi guitarra
has firmado tu sentencia,
te subiste a la parra
por la puta dependencia!
Cambia a melódico romántico con un solo de guitarra,
primero el estribillo:
¡En cambioooooooooooo!
¡No es lo mismoooooooo!
¡Por otro laooooooooooo!
¡Na que veeeeeeeeeeerrr!
Estrofa que sigue en melódico:
¡Si te fumas la pelusaaaaaa,
entonces si te quierooooooo,
carne de reclusaaaaaaaaa
te lleno el agujeroooooo!
Estribillo y vuelta a empezar con caña.
Pues esa.
¿Por donde iba?
Ah, sí.
Concentrada en esta canción avalada por la crítica por defender la cultura musical, la práctica del deporte, los derechos de los animales, la alimentación sana y el procesado inteligente de la suciedad doméstica, Caperucita tropezó de morros con El Rojo, un peligroso, malévolo, fuerte, grande, feo y peludo hombre que se la quería comer de esa manera que después nadie puede llamarte canibal, pero le era imposible por una castración accidental padecida durante un intento de robo en una caseta del tendido eléctrico de alta tensión. Interpretó la señal de peligro como “Peligro de tropiezo, barras de oro tiradas por el suelo”.
La esquizofrenia es así. Le saltó un arco voltaico que se le cayó al suelo todo lo que no tenía hueso y le dejó la cara como un cesto de guindillas.
-¿A dónde vas Caperucita con esa cestita?
- ¿Qué cestita, gilipollas, si no llevo nada? Aparta de en medio.
- ¡Esa, la de los melones! ¡Juas, juas, juas!
- Capullo… Voy a casa de La Abuelita, que te apartes, menstruao.
- Si no te hablas.
- Voy porque allí para el furgón de la metadona, que no te enteras.
- Pues tonto el último.
Y diciendo esto, El Rojo echó a correr como pimiento que lleva el viento y se perdió de vista en un plis plas, como subsidio de excarcelado.
Al llegar a casa de La Abuelita (Una enana veinte añera, pálida, ojerosa, desdentada, de pelo lacio, que vestía siempre de negro y dormía en un embalaje de nevera embreado, todo esto ejemplo alegórico de lo que a la Sociedad le importan las realidades marginales) Caperucita Loba encontró a ésta y al Rojo con el carnet de identidad en la mano al lado del vehículo de la Sanidad Pública esperando su dosis legal. Al ver al Rojo arremangado, Caperucita le dijo:
- ¡Qué venas tan grandes tienes!
- Son para verlas mejor.
- ¡Y qué patas tan grandes tienes!
- Las mías.
- ¡Y qué dientes tan grandes tienes!
-¡Y la polla, no te jode, tía! ¿Tú estás tonta? Anda, pasa delante antes que veas vacas de plomo volando, ¡que pa grande tu mono!
- ¿Jode, verdad? ¡Te vuelves a meter con mis tetas y te rompo la cabeza con ellas!
Justo en este tierno momento, típica discusión de quienes están enamorados y no saben como decírselo, al reclamo de los agradables gritos acudió raudo, única forma de acudir a un reparto de metadona, Pepe El Cazador, también conocido como “El atracador del paraguas recortado”, que llegaba, como a todas partes, guiándose de oído desde que quedara ciego por esnifar los gases de un bote lacrimógeno en aquel fatídico atraco que le diera fama mundial.
¿Ahora sí sabéis quien digo, verdad?
Ese mismo. Pepe, el que hizo famosa la coletilla “el que escondía la escopeta en el paragüero”, de uso extendido desde entonces y que empleamos cuando bromeamos sobre un error propio de poca importancia, o ironizamos sobre errores ajenos exagerados, como el que cometió este hombre cuando completamente drogado cortó un paraguas por la mitad con una sierra de metales y se presentó en una sucursal bancaria apuntando con su recién estrenada “recortada” al personal.
Pepe señaló con su bastón blanco hacia donde había oido hablar al Rojo, hizo “pum” con la boca, o sea, la misma broma de siempre, porque con las luces no se le había ido el sentido del humor, y dijo: "pa que no te metas más con Caperucita Loba” y se echó a reír. Nadie le hizo caso porque el sanitario había empezado a poner las inyecciones.
Después de la vacuna todos fueros felices y comieron pipas. No les pedía más el cuerpo.
Y colorín de color rojo,
este cuento es constante, ojo.

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6 comentarios:
Hay un comentario que me ha encantado: "Como te vuelvas a meter con mis tetas te mato con ellas".
Yo no daría ideas, que hay gente muy bruta por ahí.
Hola, Noveldaytrés, soy La Bestia, La Bella no puede contestar, está haciendo de marsupial con los sobrinos. Ya sé que no es lo mismo que la dulce respuesta de la explendorosa beldad. En fin.
En el fondo todo lo masculino tiende a soñar que muere de un tetazo en una plaza de toros entrando a matar a una morlaca de toma y daca.
Gracias por vuestros comentarios.
Personas más majas... ¿Os habíais dado cuenta de que si repetimos la palabra "Teta" como si fuera un mantra la paz de espíritu nos invade profundamente, se va el strés, se despeja la mente, se eleva el ánimo y aumenta la produción de saliva, que nunca viene mal para merendar?
Hola!
Le hubiera quedado perfecto también el "Caperucita Bola" en mi país "muy bien borracha".
Parodia? No lo creo. Una realidad más de absurdilandia.
Ya estás captando las infinitas sutilezas de nuestro estrafalario hábitat, Maguita.
Aprendo algo nuevo con esa definición de "Bola". Curioso.
Un besazo y gracias
Ana
¿Y el disco cuándo sale? Mira que yo me ví corriendo al carrefur pa compralo, eh? XD
El dijco pa navidá, como los de Disney, q pa eso tenemos el mismo caché. Saludos, don Yogú ;-)
Ana
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