martes, 6 de septiembre de 2011

Sin tierra a la vista

A la deriva,
restallando insonoras en el pensamiento las palabras
que tensan los mástiles de sus huesos,
toda la piel desplegada,
impulsado por el viento de la inercia de la vida,
entumecido en la monótona derrota,
por un mar urbano,
navega.

Unos pasos hipnotizados
quebrantan con su proa la distancia,
en cada balanceo
golpean las baldosas
salpicando el Tiempo de calles;
tras el navegante,
una estela:
espuma invisible,
ausencia fantasma de sí...

A la deriva,
cuando el faro es la niebla
y la campana el silencio,
y el peso de los sueños no soñados
elevan el calado a la cubierta;
cuando los rostros más cercanos
son velas indescifrables en el horizonte,
o, tal vez, nubes que han perdido su tormenta,
o, tal vez, espejismos de las propias fatigas.

A la deriva,
por una realidad de burdo decorado,
flotando sobre un Sinfondo,
bajo un cielo no pedido,
envuelto en un aire obcecado en dejarse respirar...

A la deriva,
atenazado a la rueda de timón,
sangrando cenizas por las uñas,
la mirada de sal cristalizada
por años de olas que rompieron contra sus ojos.

A la deriva, rezando oraciones
de escollos, bancos de arena, naufragios
y abismos en los que hallar un puerto de pecios
olvidados para siempre,
libres, al fin, de tanta libertad.

No hay comentarios:

ir arriba