-Señor Speed, ¿Dice usted que conducía a una velocidad moderada?
- Así es, Señoría, todas las velocidades a las que conduzco mi coche las modero con elacelerador y el freno.
- Le advierto, Sr. Sleep, que soy intolerante a la lactosa.
- ... No entiendo, Señoría...
- Que usted me la quiere dar con queso, y no lo tolero. Los testigos, aquí presentes, afirman que usted circulaba por lo menos a 100 km./h. por el casco urbano, siendo el límite de 50 Km./h.
- ¡Señoría, los testigos estaban borrachos! ¡Veían el doble! ¡Yo iba a 50!
-Efectivamente, estaban borrachos, por lo cual valoro su testimonio el doble, porque en el mismo acto y tiempo le vieron a usted por duplicado cometer el atropello.
- ¡Me quieren hacer pagar el pato!
- Es comprensible, dado que el pato ha muerto y usted lo atropelló en un paso de peatones.
- Pues alego en mi defensa que el pato circulaba inadecuadamente: atravesaba el paso de peatones montado en monociclo, a todo pedal, no lo hacía caminando, y cruzósin mirar.
Al escuchar esta declaración, el Sr. Juez se dirige al demandante, Sr. Duck Trainer, el cual muestra un aspecto entre desolado e indignado.
- ¿Es cierto eso, Sr. Trainer?
- Sí, Señoría.
- ¿Le consentía usted a su pato ese incívico comportamiento de manera habitual?
- Jamás, Señoría: fue la primera vez en su vida que mi pato cruzó un paso de peatones sin bajarse del monociclo y mirar antes a ambos lados, y esta vez no se detuvo, a pesar de mis gritos de advertencia.
- Sr. Trainer, usted lleva años apareciendo en los medios de comunicación como el mejor domador de patos del mundo, tiene en su haber casi treinta premios internacionales, ha ganado todas la modalidades de concurso posible, desde paso de pato por aro de fuego hasta el de funambulismo de anátidas con malabares, ¿Cómo es posible que su pato no le hiciera caso aquél fatídico día?
- ¡No me hizo caso porque se armó la gorda!
- ¡Modere su comportamiento! ¡Le impongo una multa de 90 euros por faltarle el respeto a la Sra. Butter.
- Perdón, Señoría, estoy muy nervioso, me cuesta controlarme, pero es que esta señora... -El señor Trainer señala con el dedo a una señora de 140 kg. presente en la sala- salió de su carnicería armada con un machete persiguiendo a mi pato, que pedaleó por Pánico sin hacerme caso.
-Es decir, que su pato, dentro de una reacción de miedo exacerbado, se encontraba tan obnubilado que no le hizo a usted caso...
- No, señoría, si mi pato era muy valiente, no temía a nada, quiero decir que pedaleó por Pánico, C/ Pánico Méndez
- Ah, sí, sé cual dice, la que está en obras, están soterrando los contenedores de basura, hay un ruido insoportable, paso por allí para venir a los juzgados. Bien, entiendo que su pato no oyó sus gritos de advertencia, ¿no es cierto?
- Sí, Señoría, snif...
El Sr. Juez guarda silencio unos momentos, repasa unos papeles que tiene sobre la mesa y se dirige a la Sra. Butter.
- Sra. Butter, los testigos, aquí presentes, afirman haberla visto el día de autos a usted y a su hermana gemela armadas con sendos machetes de carnicero perseguir a dos patos, propiedad del Sr. Trainer, por la... sí, efectivamente, C/ Pánico Méndez, de lo cual deduzco, una vez realizada la necesaria división de número para llevar a la realidad la visión etílica de la misma, que usted no tiene ninguna hermana gemela e iba sola persiguiendo a un solo pato, pues en el otro caso supuesto, los testigos, en el reconocido estado de embriaguez, habrían visto a unas cuatrillizas persiguiendo a cuatro patos. Y yo le pregunto, Sra. Butter, ¿Sobre la base de qué derecho justifica usted su comportamiento y qué intención albergaba dentro del mismo?
- Señoría, soy Presidenta de la Liga del Machete Deportivo de mi barrio y tengo en regla la licencia de arma blanca para uso de caza.
- ¡Protesto, Señoría! -Interviene el Sr. Trainer, saltando de su silla, colorado por la indignación- ¡La ciudad no es coto de caza!
- ¡Guarde usted silencio! - Le insta el Sr. Juez- ¡Su turno ya ha concluido!
- Perdóneme, Señoría, estoy muy afectado.
- Pues lárguese de la sala inmediatamente, antes de que le vuelva a sancionar.
El Sr. Trainer se marcha cabizbajo y sollozando en compañía del alguacil de la sala. El Sr. Juez retoma el interrogatorio con la Sra. Butter.
- ¿Quiere usted decirme, señora, cómo se le ocurrió practicar la caza fuera de coto?
- Conozco mis derechos, Señoría, apelo al caso "Wasp contra Slap, 1983", precedente que sienta jurisprudencia reconociendo el derecho de todo ciudadano a eliminar cualquier animal salvaje dañino suelto en lugar público.
- Sra. Butter, en aquel famoso caso la avispa fallecida no volaba identificada como animal doméstico, a pesar de serlo, y por otro lado, quedó demostrado que el Sr. Slap actuó en defensa propia, habiendo sido atacado previamente por el véspido.
- Por eso cito el caso: el pato no iba identificado como doméstico.
- Pero bueno, ¿cuándo ha visto usted a un pato salvaje pedalear en mononociclo?
- Los patos salvajes son muy listos, Señoría, yo una vez vi a uno decir "Cuac, cuac" para engañar a una hembra y obtener beneficios sexuales. El día de autos tuve por seguro que el pato aquél era salvaje y había robado un monociclo con el que se dirigía al estanque del Parque Central para hacerse el chulo delante de las patas.
- ¡Absurdo! ¡Los patos cortejan como las personas: bebiendo y sacando pecho, no con monociclos!
- Que se las saben todas, Señoría...
- Haga el favor de no decir más sandeces. A parte, ¿qué comportamiento supuestamente dañino tuvo el pato con usted u otras personas?
- Me dañó moralmente.
- ¿Cómo?
- Me llamó "Puta gorda".
-¿Pero qué dice usted?
- Lo que oye. Dijo "Cuac cuac", que significa "Puta gorda".
- Sra. Butter, no voy a consentir que se ría usted de mi.
- Señoría, con todo el respeto, me gustaría que intentara ponerse en el contexto de la situación.
- ¿Y cuál es el contexto de la situación, según usted?
- Le explico...
- Adelante.
- Imagine Su Señoría ser un pato que va por la ciudad feliz en monociclo y, de pronto, ve lo siguiente: Una carnicería (la mía), con un escaparate donde se expone todo tipo de género (patos también), y me ve a mí echando un cigarro junto a la puerta, aprovechando un momento en que no tenía clientes... ¿Me sigue?
- Sí, sí, continúe...
- Pues bien, Señoría, usted es un pato. Por favor, concéntrese, es usted un pato...
- Sí, sí, soy un pato
- Piense con todas sus fuerzas que es un pato...
- Lo tengo... Lo tengo... Soy un pato...
- Eso. Y de pronto ve carnicería, carnicera relajada fumando y patos sacrificados expuestos en el escaparate... ¡¿Qué le dice usted a la oronda y satisfecha carnicera?!
- ¡Puta Gorda!
- ¡No! ¡No, Señoría! ¡Usted no puede hablar! ¡Es un pato! ¡¿Qué dice el pato?! ¡¡¡¿Quédice?!!!
- ¡¡¡Cuaaaac cuaaaac!!!
- ¡¿Lo ve, Señoría, lo ve?!
El juez, que había llegado en el ejercicio de su concentración a poner los ojos en blanco, sale de su trance y con cara de estupor se queda mirando muy seriamente a la Sra. Butter.
- ... ¡Ejem!... Claramente, Sra. Butter, queda exculpada de cualquier responsabilidad- Y girándose hacia el Sr. Speed-, Alguien va a tener que pagar el pato y ese alguien va a ser usted, Sr. Speed, he dicho.
Pato cerrado. Pueden abandonar la sala.
sábado, 17 de septiembre de 2011
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