Desamado, dolido languidece
pese al consuelo de un invierno
ya quebrado por el pétalo tierno
que en la rama del árbol se mece...
A la maña del pico obedece
como bolígrafo sobre cuaderno:
cada brizna es un verso eterno,
cada nido, un poema que crece...
Pero los pájaros no son poetas,
trinan sin memoria de haber sido;
no sus sueños, sus cuerpos son saetas
gozosas sin ayuda del olvido;
por contra, el hombre roto de metas,
desamado, languidece dolido.
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