En la noche serena
y a la orilla
del río, oigo
la música,
la voz… tu trino,
el claro sonido
que siega y trilla
el crecido trigo
en mi alma;
y lo muele y amasa
con dulces palabras
amorosas, susurradas…
y enciende el horno
de amor en brasas
que tuestan hornada
de pan delicioso;
y lo sirve sobre la mesa
de nuestra piel
cubierta
por el mantel
de un rocío de estrellas.
En la noche abierta
de luceros
veo dos soles:
tus ojos sinceros
derramando fuego
entre parpadeos,
fuego de amores,
lumbre del faro,
guía de este marinero
que naufraga en las olas
de tu cálido cuerpo,
y se sumerge y ahoga
en el remolino más tierno,
donde es vivir
perder el aliento.
En la noche calma,
bajo una bóveda
de ramas,
busco el sendero
que esconden marañas
de suave pelo:
por el camino
a ciegas
reconocido,
al tacto
me deslizo
y hallo
valles encantados
donde pierde el sentido
este viajero enamorado;
y mágicos cerros
de increíble ensueño:
y grutas escondidas
de atrayente misterio.
Camino entre los árboles.
me detengo en los calveros.
sigo y exploro:
palpo el terreno
sin querer abrir los ojos.
En la noche dichosa
rompen los lazos
y vuelan libres
los instintos desatados
en los fundidos regazos…
y vuelan las pasiones
en alas de una fragancia
exudada en los roces
de la carne abrazada,
y son perfumes
los sabores
y saben a conjuro
los olores;
y caen los muros
que cercan los goces,
y los goces escapan
salvajes y puros
en luminosa alborada…
………………………..
en la noche callada
y a la orilla del río
cesan los gemidos
y los amantes descansan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario