domingo, 7 de marzo de 2010

Trastornos mentales. Síndrome del romanticismo degenerativo. En tres fases.

Fase 1.


De cascabel y pandereta,
campanilla y trino,
tiene tu risa una orquesta
y un no sé qué de pajarillo.

Como el calor de la chimenea
bendice la cabaña nevada,
calienta el fuego de tu boca
dientes de azúcar y nata,

así me hago príncipe de brillos
en el estanque de tus ojos,
y dejo del Sol a los mendigos
los rayos fulgentes y luminosos,

para los creyentes los paraísos,
para los místicos los nirvanas,
que si tú y yo cien años vivimos,
serán tus arrugas mis vinos,
serán mis rosas tus canas.


Fase 2.

Si fueses un helado de vainilla me harías cojer una cagalera, porque te iba a comer de un mordisco.

Fase 3.

A las tías que estáis así de buenas había que meteros en la cárcel. Ya está bien de ir por la vida revolviendo las frustracioness de la gente. Cojones. Coño. Mierda, me se queman las patatas. La puta vitro, que se le jodió el termostato y no baja el fuego de once.

1 comentario:

Ana Márquez dijo...

Con lo bien que ibas ... :-)

:-*

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