
Misión imposible
.
Pedro vive en un apartamento de un metro cuadrado. Sin ventanas. No caben en las paredes. Lo compró suertudamente en una oportunidad sin par, de huevos. Yo, por lo menos, no he oído hablar de otro caso igual. Se priva de todo para poder pagar los dos euros mensuales de la hipoteca contratada a treinta años. Lo tiene amueblado con una balda de madera tamaño folio en la que posa el tablero de ajedrez. En un rincón está la cocina de gas, un hornillo pequeñito de camping con una mini sartén encima en la que acostumbra a torturar infelices salchichas hasta dejarlas fritas; en otra esquina, el baño, con taza turca tamaño plato de postre y ducha-paquete de toallitas húmedas clavada en la pared por encima de la cabeza, al lado de una artística hornacina de diseño en forma de agujero tallada a golpe de martillo y que contiene dentífrico, betún y cepillo polivalente. El dormitorio, arriba: una barra de hierro de lado a lado de la que se cuelga con las piernas para dormir como los murciélagos. El resto es sala de estar. En el suelo apoya su azada de quitarse las legañas. En su casa le gusta jugar al ajedrez. Juega contra una barra de pan. Al principio gana, pero llega un momento en que el pan se pone tan duro que se vuelve invencible, entonces se lo come y baja a la calle para comprar un contrincante fresco y continuar con las partidas.
A Pedro le gusta tomar café de Alaska los domingos por la tarde en el Bar Tolo, calle Seco Jones, 33. Cuando era un bebé de cuatro meses, y por causas ajenas a los indios yanomamis, reventó la bombona de gas en la humilde morada paterna por el peso de las cucarachas que se subían encima. Su madre salió de debajo de los escombros a mordiscos con el niño en brazos alarmada de que éste no hubiera pestañeado y lo llevó al curandero convencida de que era sordo. El niño, no el curandero. Aquel afamado profesional le diagnosticó "Calma Chicha" e indicó un tratamiento vitalicio a base de decocciones de café con leche en dosis de tres tomas al día. Gloria Bendita ver al rorro trepar incansable por las mugrientas cortinas de plástico del hogar de acogida para indigentes, saltar desde el techo de cabeza al suelo abriéndose brechas y meándose de la risa. Horas y horas. Redujo la toma a un café sólo, sin leche, para no darse más leches, cuando todo el terrazo de aquella pocilga estuvo roto. En el Bar Tolo, Tolo, el dueño, le pone dos sobres de azúcar. Pedro vierte el primero en el cenicero, despistado. Despistado Pedro, no el cenicero, diabético. Diabético el cenicero, ya, no Pedro. Lo bebe sin remover y lame el fondo de la taza. Para diestros. La taza, no el lamido. A la llamada de la cafeína, acude a su neutra mirada un brillo indicador de encefalograma con baches, pese a la expresión “ataudbaratoenalmacen” de su cara, abre la gatera de la puerta principal de su mundo interior y se cuela con orgullo felino en un Absurdo trasgresor que, según legislación vigente, en la mitad de los países de nuestro apacible planeta, podría costarle la pena de muerte ejecutada por el cruel método de proyección de diapositivas de moda para vestir actual en boga. En este refugio escapista de la realidad, le crecen en los tobillos alas de sendos diccionarios académicos de galletas con tropezones de chocolate y vuela arriesgando su integridad física en un alarde de piruetas de elegancia amanerada sobre un paisaje de penes erectos afanados en desbrozar un campo de nabos de neón multicolorista incubados por gallinas depiladas en bikini que no paran de recitar en voz alta y clara, de memoria, la guía telefónica de la ciudad de Pekín. En medio de esta plantación lleva años construyendo con un adobe de plumas de pajarería y serrín cerebral una casa solariega, con un reparto interior de laberinto estúpidamente estudiado para que sólo pueda ser recorrido y resuelto por personas de estulticia degenerada en grado de Gilipollismo Genial. De esa forma protege la única habitación, central de la casa, en la que un ratón colorado custodia una dosis y sólo una de Almorranoidol Forte, en espera de que se cumpla la profecía de la Secta de los Bilirrubinos: "De ultra mundo acudirá un Ente sangrante de venas inflamadas, en su mirada sólo un mamífero erudito podrá interpretar la súplica gemida desde los Picores Supremos, y en alivio del Remedio Mágico, el Venoso Todopoderoso recompensará a toda la humanidad con la revelación del Misterio del Eterno Gozo Evacuador. Los Espíritus Cirutos harán sonar las tubapedas celestiales y desaparecerá el mundo tal como lo conocemos para dejar paso a la Era de la Hez Concejala de Urbanismo, en la que será abolido el Voto de Nomentraenlachota, opresor inmisirecorde de los Jurados de Relatos Breves".
Pues sí.
Fin del cuento.
El que quiera leer más, que compre el periódico.
.
5 comentarios:
Pedro Medario merece estar en la lista de grandes personajes como Yamal-al-Timble, El Gran Mago Devientre, Davor Teretas, Klaüs Trofobik, Noah Gobien y tantos otros.
A ver me he perdido, entonces ¿el elefante vivia también en un metro cuadrado? Ah no espera, que era imaginario.
Hostia, me vas a hacer leer todo otra vez, aquí no veo nada del caracol. Por algún sitio me he tenido que perder.
Esto como mejor se entiende es fumándote algo, voy a liarme una infusión de manzanilla, me la fumo y después empiezo a leer desde el principio pa enterarme de algo.
Yo cuando quiero entenderle me cuelgo por los pulgares de un algarrobo. Así me duelen tanto los pulgares q me olvido de q tengo q desentrañarle ("desentrañarle", palabra má fea, y lo mal q tiene q oler desentrañar a alguien....) En fin, q sus entiendo. Saludines, peaso genios
La asistenta
El "Gran Mago Devientre", juaaaaaaas
Haber Pedro,
Seguro han de haber más cosas que no contaste, así que sería absurdo leer un periódico y entretenernos de igual manera que lo hacemos con tus escritos.
Con todo respeto por las palabras anteriores, tan exquisitas y locas como siempre.
Publicar un comentario