
Me derramo en silencios ensordecidos por el pensamiento;
sonríe alegre tras los labios mi calavera;
me solazo en el optimismo de la muerte cierta;
aliño los segundos con una pizca de gangrena de alma;
y, sobretodo, te amo,
y esa es mi parte cuerda: Vestir con la belleza de ese sentimiento
mi vivo cadáver,
para que vomiten los gusanos que me honren.
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