
Aprendí a navegar en una encrespada mar de hielo, de espinas.
Una encrespada mar
de hielo, de espinas,
poned en vuestra imaginación, con toda la fuerza que podáis,
una encrespada mar,
de hielo, de espinas.
Huracanes del fin del mundo
traían el fragor de la tormenta,
olas terribles, inmensas de altura,
embestían mi barca pequeña;
contra mis ojos, agujas de espuma;
profunda mi carne rasgada;
roja mi barca teñida,
roja estela desangraba
en la loca, ciega deriva
sobre una mar encrespada
de hielo, de espinas.
De angustia cobarde anhelaba,
porque descanso fuese de la lucha,
aunque yaciera en el infierno,
en el abismo eterna tumba.
Pesadillas vividas,
pesadillas pasadas.
Ahora, alado de esperanza,
busco aprender a volar,
olvidar la barca en su deriva,
en el vuelo buscar la brisa,
en la brisa, alegrar las almas,
poner en ellas el ritmo y la rima
con los juegos de palabras...
Decir amor... ¡Y gritar vida!
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