
Algún día, cuando tenga dinero,
compraré un terreno en la Luna
y me llevaré allí una duna:
la mayor duna del desierto quiero.
Aprovecharé la atmósfera cero
y la baja gravedad de la Luna
para construir con esa fortuna
un castillo de arena señero.
Ningún alcázar guardará mejor
mis locos sueños y mis fantasías.
Nunca, más feliz vivirá, señor,
que antes diera en viajes los días
por buscar alivio a su dolor
lejos de realidades sombrías.
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