lunes, 12 de enero de 2009

En el lecho









En el lecho,

me rodeas con las piernas.

Mi cara sobre tu rodilla,

creo en la vida como una bondad regalada

cuando mi pueril veneración

detiene el tiempo

ante la fuente de la feminidad,

pórtico del acogedor templo,

centro y eje de todos los paisajes del amor,

único lugar en el mundo

donde morir es un privilegio

del que no pueden gozar los dioses...Pobres inmortales.

Recuerdo aquel día en que te conocí.

Qué placer,

todo vehemente imaginativo,

el escalarte los tobillos

por la vertiente del deseo voraz,

embelesado en la ensoñación

de un ascenso pasional hacia tu cumbre.

Qué cínica mi sonrisa,

qué falso mi gesto de prestar atención a tu charla

sobre no recuerdo qué grupo musical,

mi pensamiento centrado en beber lobuno

de todos los manantiales de tu montaña.

Dulce agua que sacia y no sacia.





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