lunes, 12 de enero de 2009

Dado mi timón








Dado mi timón a tu capricho,

soy juguete de tu rumbo,

sobre un sensual oleaje de parpadeos,

en una singladura rítmica

por dos mares febriles.

Entre las tablas de mi quilla se filtra

la felicidad salpicada de corales,

salobres en mi boca tus espumas,

sedientos de reflujos mis tiburones,

ávidos de morderte los arrecifes.

Tus humedades, tus vientos,

mi pánico a la sepultura

en la galerna de tus anhelos,

agotado de fuerzas torturadas

en un bogar contra tu corriente,

por un deseo de llevar a tierra

mi orgullo de curtido marinero,

tan poca cosa mi honor

en tus abismales lujurias,

en esas tibiezas que me exprimen

hasta los alientos de la cuna,

sobre tu piel,

un infierno de pliegues húmedos,

olor a salitre y algas,

beso y escupo mis diablos.

Quiero llenar todas tus bordas con mis garfios,

saciar la locura de mis cañones contra tus puertos,

marcar a fuego las aves marinas de mi memoria

con el hierro candente de tus suavidades,

beberte entera en el cáliz de mis manos.

Rendirte,

en fin,

sirena de dos mares

que me miran.




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