viernes, 16 de enero de 2009

Curiosidades de Absurdilandia



Cuando llega el invierno suben tanto las temperaturas que a los pájaros se les queman las plumas y les crecen turbinas de reacción en los sobacos. Vuelan a Mach 3 (tres veces la velocidad del sonido, que ya es volar con los machos bien puestos), a veces se estrellan contra los edificios y hacen agujeros en las paredes, por los cuales mismos escapan cuando se les pasa la risa; construyen los nidos con alambre de cobre que arrancan a picotazos de los tendidos eléctricos y ponen huevos refractarios de los que nacen polluelos con boina de amianto.


En las casas se usan como termómetros barras de hierro colgadas del techo. Un color rojo vivo marca la hora de sacar los chubasqueros de los armarios, pues las moscas sudan tanto que crean una lluvia continua dentro de las habitaciones. Si la barra blanquea, es momento de vestir los abrigos de hielo que se han guardado durante la noche en el congelador industrial.


Los Absurdolandeses se lavan con vapor, que sale a presión de forma natural de duchas y grifos.


Consumen tres metros cúbicos de helados por persona y día, el helado se guarda en nitrógeno líquido y es necesario tomarlo en 3 segundos, ya que en más tiempo se funde.


Viajan a remo montados en barreños de zinc navegando por el asfalto licuado de las carreteras.


Para los científicos es un reto de siglos conseguir la incineración de los difuntos, pues, acostumbrados en vida a estos calores, los restos mortales apenas salen con unas ampollas superficiales de los hornos crematorios nucleares, después de permanecer durante semanas a temperaturas de núcleo solar.




No hay comentarios:

ir arriba