Como esto siga así, habrá que buscar fósiles para echar tropiezos a la sopa.
La plaga de políticos-tukán, estos que tienen más pico que cuerpo, crece más deprisa que teta en quirófano de cirujano estético, acabaremos todos yendo a donde van los gais el día de su primera vez: a tomar por el culo.
Considero tres clases de políticos:
1. Corruptos. Sus Principios éticos se pueden contar con los dedos de un manco. Algunos nacen así y es fácil identificarlos desde que son bebés, porque cuando están chupando una teta tapan el pezón de la otra con la mano, acaparando, por si acaso...
... Ya van dos tetas en dos párrafos. tengo que mirarme eso, debo estar bajo en calcio....
Otros, empiezan honestos al ocupar un cargo, pero se corrompen en menos tiempo que un camello muerto en medio del Sajara. Me caen bien (Los políticos, no los camellos. Los camellos te escupen, como no les agrade tu presencia. Demasiado sinceros... Yo creo que les tengo envidia.), porque si la lían, la pagan.
2. Legales nefastos. Son peores, quedan impunes porque no hay nada que imputarles, cumplen con todas las leyes. El nefasto administra la pasta como si tuviera un pozo sin fondo lleno de dinero, que atravesara el Planeta con salida útil en Australia, compitiendo en el vaciado con los antipodianos. Nos meten en unas deudas que no las tiene un mileurista ludópata, drogadicto y putero. Tiran a tapar el socavón inflando impuestos como no infló el globo el tipo ese inquieto que se lanzó desde el Espacio en paracaídas.
3. Legales benefactores. Al igual que los calamares gigantes, ya se conocía su existencia porque, a veces, aparecían sus cadáveres flotando en el mar. En la actualidad, se ha conseguido grabar con cámara uno vivo en no sé qué parte del mundo.
Los políticos se agrupan si son buenos en bandos y si son malos en bandas, y no hay bando que no tenga banda. O bandas. La jerarquía de la banda es de tipo Westerpistolera, si bien, no manda quien saca primero, sino quien mete primero... El sobre B en el bolsillo.
Por supuesto, todos padecen de Lamparofilia, esto es, un trastorno mental cuyo primer síntoma es no parar de tirarse faroles por donde pasan.
Hay que reconocerles más agallas que un banco de sardinas; esa verborrea incansable, ese masticar mentiras de la más burda dureza hasta dejarlas como potitos que millones de polluelos se tragan como cosa rica y sana, indica un rendimiento de mandíbula que ya lo quisieran para sus bielas los ingenieros de la Ferrari. Qué valor. Más huevos que la tortilla del Guinness.
Y listos. Como los peces de colores, los verás en muchas partes, pero nunca en la sartén. Le sacan tajada a todo, te dicen que están comprando unos huesos para hacer caldo y al día siguiente te los encuentras vendiendo en el Mercado filetes de fémur; se te apuntan a un bombardeo, desde arriba, claro: o pilotan el avión o van durmiendo la siesta hasta que les toca apretar el botón que abre la bodega de las bombas.
Van preparados, llevan en el bolsillo un guante de amianto por si hay que poner la mano en el fuego por un cómplice caído. Saben hacer morder el polvo a sus enemigos y lo celebran esnifando otro más refinado cuando salen con dinero público de picos pardos, y nadie entienda que hablo de senderismo veraniego por Los Pirineos.
Pues sí, lo mismo la lían a la chita callando y se descojonan de Tarzán cuando chilla tarde y para nada a los elefantes, por pedirles ayuda; que la lían boceando injurias para poner todo argumento de opositores en tela de juicio, que para juicios les sobra tela cuando se defienden de demandas provocadas por tener una lengua con la que se pueden arrascar la espalda por donde no llegan las uñas.
Por supuesto, no siempre desgañitan, también en Retórica Elegante tienen más tablas que una manada de caballos de Troya, y para el mismo uso. Se explican mejor que un Wikipendia abierto, ni parece que practiquen el "Aquí te pillo, aquí te miento y si te he dicho, no me acuerdo". Son espadachines de la bífida, capaces de quitarle el balón a Messi con la lengua; hablan tan bonito, que algo que sonaría más feo que una charanga en un entierro, si lo dicen ellos, les vale ovación en el mitin.
Usan el lenguaje a conveniencia extrema. Cuando les interesa, lo entienden todo al pie de la letra, aunque a a la letra le apesten los pies a queso; en otras, lo interpretan como les da la gana. Ejemplo: Dile a uno de ellos "Sinvergüenza" y responderá "Sí, sí, sin vergüenza, nada de timidez, con arrojo llevaremos nuestro proyecto de futuro hacia adelante...etc, etc."
Eso es, a base de labia se sale con la suya y con la de los demás. Hablo de la guita. Y si les acorralas, trincan y vuelan, con la cabeza bien alta, a 9000 pies, pegada a un cuerpo cómodamente sentado en Primera Clase, el avión apuntando al Caribe con las turbinas forzadas y las alas crujiendo por el peso de la pila de baúles (llenos de billetes) que facturó aquel "educado" y "simpático" "caballero".
Y aquí nos quedamos los de a pata, a dos velas; el corrupto, a la sombra de la de su yate, condenado a cadena perpetua de régimen abierto para viajar por todo el mundo comiendo en restaurantes de cuatro tenedores y cagándo en hoteles de 5 estrellas.
¿Y qué nos queda?
Indignarnos, manifestarnos, aún a costa de llevar más palos, porque cuando los nacionales empiezan a repartir leña no paran ni aunque les enseñes las facturas como prueba en mano de que no te hace falta, que tú en tu casa tienes la calefacción a gas.
en fin, Políticos tukan.
martes, 12 de febrero de 2013
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