
Bajo el cielo despejado,
con los ojos reticentes
a la insistencia de esta luz no invitada
que viene a ellos humillándose
en un estúpido afán de perder el tiempo,
no deja de parecerme
el ancho y luminoso mundo
una estrecha y lúgubre guarida
desde que no te veo, amor,
amor mio...
La brisa merodea los paisajes
y al ritmo de esa cautela
los árboles, que otrora susurraban alegres,
hoy murmuran desconfiados y molestos...
...Sí... Escucha,
escucha el río,
cómo huye,
cómo sus aguas antes cantarinas
en juegos de caricias con las piedras,
ahora son algarabía de protesta
en premura ya obscena de tan codiciosa de exilio
desde que no te oigo, amor,
amor mío...
... Y aún así,
mis días tienen espacios que retozan como niños ilusionados:
mis días tienen espacios que retozan como niños ilusionados:
son esos momentos en que el ángel de tu recuerdo
viene a desollarme la piel
con la seda de sus alas
desde que no te rozo, amor,
amor mío...
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