Y ha la bestia captora
de celar tu hermosura
en la cueva donde mora
de su suerte bien segura,
en un nido de tesoros
que tu belleza desdora:
perlas, diamantes y oros,
tu brillo los devora.
Y ha mucho de suspirar
el amor desde mi pecho,
sin corazón por amar,
ahogado y deshecho,
para restar los alientos
entre nos, espesos muros,
de mil infiernos los vientos
de cenizas y sulfuros.
Y ha mucho de blandir
mi puño un alfiler
y mandobles repartir
al siniestro por doquier
dragón de dura escama,
de fuego, garras y dientes,
carcelero de mi dama
y verdugo de valientes.
domingo, 10 de julio de 2011
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