Eran muchos, pero, sobretodo, eran seis.
El destino quiso unirlos como la metáfora de un viaje a través de un mundo mágico.
El Navegante. Capitán de barco, aventurero, vividor, versado en jarcias, velas y bromas,
se ganó el carisma frente a su tripulación haciéndoles navegar por una singladura de carcajadas.
Los Guardianes. Guerreros de oficina, armados de pliegos y teclados, esforzados en crear el mayor orden posible en el mundo que recorrían... Aportaron la templanza, la serenidad y la nobleza de su gremio.
Las Hadas. Aladas de lozana belleza, deslumbrante alegría y vitalidad cantarina, magas especializadas en la psicología de volver locos a todos, y aún más: a si mismas también.
El Narrador. A ratos, parco pensativo, como cronista maestro de lo insustancial metido de pronto a relatar las cosas importantes; a ratos, retórico absurdo, como buen fugitivo de la realidad; y siempre, filósofo más que barato: gratuito, con pensamientos tan útiles para la vida como pudiera ser un puñado de tornillos a la hora de cocinar una tortilla de patatas.
Juntos alcanzaron la complicidad de quien se entrega con abierta confianza a la buena gente y con la misma humanidad es correspondido; volvieron a ser niños, eso sí, traviesos, rieron hasta la lágrima, y con la misma lágrima se recuerdan unos a otros; durante unos días entremezclaron sus espíritus en una celebración de amistad, y ahora, al recuperar el alma, a cada cual le queda para siempre incompleta, añorando a los demás.
Benditos sean, en el nombre de todo lo digno y noble que se pueda encontrar en este mundo.
sábado, 5 de marzo de 2011
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1 comentario:
ABSOLUTAMENTE GENIAL, Joder¡¡¡¡¡ pedrito en mi casa mi mujer te tiene en un pedestal..........que nos vamos a tomar unas gordas? ESPAJICO..........Que grande eres Pedro, pero que grande.......si es que no cabes en ese cuerpecito. En tres palabras me ha parecido FINGER IN ASS. Francesc
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