jueves, 6 de mayo de 2010

Regalos

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Una amiga loca
me regaló
una vaca gorda.
La vaca sólo comía verdura,
pero engordaba
como una burra.
La puse por nombre “gando”
porque todo el mundo le decía:
“ahí va la vaca gando”
y es que daba risa
verla andar renqueando
siempre a toda prisa
pastando por el prado.
Un día, mi vaca, que volaba,
se posó en los cables de la luz
y murió electrocutada.
Estuve triste
hasta que un feligrés
me regaló
un gato inglés.
El gato tocaba el piano
y cantaba en japonés.
A las cinco de la tarde
mi gato me pedía un té
que bebía haciendo el pino
porque le gustaba al revés.
Mi gato cazaba ratones,
pero sólo los que tenían
dos pares de cojones:
los arrancaba los huevos
primero y después
los contaba con los dedos,
y sin no le salía la suma
dejaba a los ratones sueltos.
Mi gato fue a jugar
en medio de la carretera;
veía a los camiones pasar
y se escondió debajo de una rueda;
le fui a buscar
y sólo vi tripas sueltas…
¿habría estado comiendo?
no lo sé, no lo encuentro.
Buscando a mi gato hallé
un perro abandonado,
cojo, bizco
y jorobado.
El perro bebía güisqui
y fumaba tabaco.
Le gustaba jugar al póker
por pasar el rato,
pues no tenía dinero
para apostarlo.
Se iba por la mañana
temprano
y volvía de madrugada
drogado,
herido de alguna pelea
en los barrios bajos
y oliendo a perras
de perfume barato.
Un día vino
la policía a buscarlo,
le esposaron las patas de delante
y se lo llevaron.
Le ingresaron en una academia
después de rehabilitarlo;
ahora es un policía
e investiga el narcotráfico;
tiene su propia vida
y a mí no me hace caso.
Me quedé otra vez solo
hasta que traído por el viento
llegó a mi casa un loro
algo flaco y muy hambriento,
que al verme dijo: “buenos días”
y perdió el conocimiento.
Alimentelo y cuidelo
para curarlo y salvarlo,
y el loro se puso bueno
a pesar de su zodiaco.
Nos hicimos amigos
y pasamos largas horas
dándole los dos al pico,
por ejemplo, esta forma:


-¿Qué quieres para comer?
-Buenos días
-Perdón, buenos días.
-Buenos días.
¿Qué quieres para comer?
-Buenos días.
-¿Pipas con café?
-Buenos días.
-¿Te gusta mi corbata?
-Buenos días.
-¿Pues la compré barata.
-Buenos días.
-Ayer vi una película.
-Buenos días.
-Me pareció algo ridícula.
-Buenos días.
-Salía un indio tuerto.
-Buenos días.
-Arrastrando un pollo muerto.
-Buenos días.
-Entonces vino un vaquero.
-Buenos días.
-Y se lo cambió por un puchero.
-Buenos días.

La charla era amena.
Tratábamos en profundidad
todo tipo de temas,
si bien es verdad
que la expresión del loro
dejaba que desear
por su acento carrasposo
y la poca variedad
de palabras que el “pico de oro”
usaba al hablar.
Para mejorar su vocabulario
le dejaba ver la televisión
a la hora del telediario,
y él, prestando atención,
aprendió nuevos vocablos,
los cuales, no perdía ocasión,
en todo momento dado,
de usar en la conversación.
Hasta que un día
por la mañana
le dije “buenos días”
y contestó, como si nada:
“el corazón
va instruyendo
en mi sentimiento
la religión
y mayores disparates.
Basan su defensa
de la misma manera
que los ignorantes
que la desprecian
intentan desligarse
de impulsos naturales
que les aquejan.”
Me quedé perplejo
escuchando un pensamiento
tan culto y complejo.
Le puse al loro unos zapatos
y le llevé a la radio;
firmó un contrato
que le hizo millonario.
Ahora, el “pico de oro”
vive en un castillo,
tiene mayordomo,
y conduce un deportivo
en el que pasea
por sus tierras
a las papagayas
por docenas;
y el pájaro cabrito
ya no se arrima
ni se habla
con éste, su amigo,
que le salvó la vida
y le llevó a la fama.
Si alguna vez
tengo otra mascota,
será un pez…
¡disecado!
He acabado.

1 comentario:

noveldaytantos dijo...

El gato ese que toca el piano y canta en japonés nos lo podías alquilar para fiestas. Te lo devolveremos sano y salvo, te lo prometemos.
Es que buscamos algo un poco rompedor. Lo de siempre ya cansa.

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