
Estudio zoológico en el Planeta Tierra de Locuán para Absurdilandia. Texto directo de trascripción literal recogido en una entrevista a la psicóloga Doctora Inés Carmentada de la Peña.
"Hay hombres muy cobardes. Esos no se meten en líos, de manera que los líos van creciendo por no solucionarlos y al final morimos aplastadas a su lado.
Los hay valientes. Esos son peores. Solucionan todos los problemas y cuando lo han hecho se buscan problemas nuevos para "solucionar", cuando en realidad lo que están solucionando constantemente es su mono de tener problemas. Si nos envuelven en ellos nos asfixian hasta el agotamiento nervioso y si nos apartan nos hacen sentir estúpidas.
Tímidos. Al principio son encantadores por lo manejables y la seguridad que da su no ser capaces de mirar a otras, pero con el tiempo te hacen pasar el ridículo social de llevar al lado una nulidad que ni sabe hacer amigos, crecer en el puesto de trabajo, defenderte frente a los vecinos o pedir en voz alta la cuenta en una cafetería.
Gallardos. Lo son para todo. Estás a su lado y las cosas te vienen regaladas, cuernos incluidos, dado que la facilidad que tienen para idiotizar mujeres no se conforman con usarla exclusivamente contigo.
Sensibles. Son encantadores, pero sólo para media hora al día, por ejemplo. Convivir con ellos es como caminar por un campo de minas. Te lo puedes encontrar llorando porque acaba de llegar de la calle y ha visto un perro con diarrea en el parque. Al final no te atreves ni a respirar, digas lo que digas, él se pone histérico o melancólico o da saltos de alegría como un poseso porque le has traído su marca de yogures favorita.
Duros. Con todo el mundo. No les pidas apoyo ni consuelo, que te sueltan "ya estás otra vez con tus tonterías”, aunque le pongas delante de las narices un informe médico con diagnóstico de cáncer de mama.
Desordenados. Los abandonas el día que te encuentras un calcetín sucio en el microondas, dentro de tu tazón de colacao.
Metódicos. Si aguantas durante un año su disciplinada coreografía de horarios, actividades, gestos, ceremonias, etc., la Sociedad Neonazi te nombra "Judía Ejemplar de Campo de Exterminio", aunque tengas de judía lo que el garbanzo de lenteja.
Dóciles condescendientes. Es como estar sola. Peor. Sabes que la culpa de todo es siempre de él, así te lo dice, ya puedes hacer lo que te dé la gana, que no te reprocha. Imposible discutir. Llega un momento en que te das cuenta de que un perrito faldero da más juego.
Sinceros. Te hunden. Sí, lo pedimos: sinceridad. Pero la sinceridad duele. AL principio gusta, después de pasar toda la vida oyéndolos mentir crees que has encontrado al hombre extraterrestre, entiéndame, señor Locuán, a ese extraño caso patológico social que es un hombre sincero, pero pasada la novedad tendrás que escuchar a diario verdades que te harán llorar por las esquinas y los centros. Y no hay compasión. Cuando te das cuenta de que es para toda la vida sales corriendo en busca de un buen embustero samaritano que se apiade de ti.
Guapos. Los paseas orgullosa. Bien cuando estás con ellos, pero el resto del día te comes el coco sabiendo la cantidad de busconas que te lo están intentando marear para sacarle las tibiezas.
Feos. Son incómodos. En casa, bien. Pero sales y te mosqueas, miras a todo el mundo o te haces al tonta. Sabes que ellos piensan: "tendrá una buena polla", y ellas: "tendrá pasta, el Gremling".
Hablando de pollas, los Pichiminis. Una vez tuve un novio encantador, era perfecto, lo tenía todo: cuerpo, posición, personalidad... Todo menos "eso". Cuando se la vi pensé, en serio, "Pues menos mal que no es un mando a distancia, porque entonces no cabría ni el botón de la Primera".
Me gustan las chismas grandes, como a todas, no te jode, lo que pasa es que las demás se callan. A una grande yo la gradúo con rotulador y escalímetro y le digo al portento:
"¡Carga antisubmarino, marinero, profundidad 18 brazas!"Que ya sé yo a qué profundidad tengo el enemigo cada día. En fin...
-Oiga, ¿el platillo es suyo?
-No, de la compañía.
-Son 120 euros la consulta.
-¿Por diez minutos?
-Tenga en cuenta que no es usted de este planeta.
-¿Y eso qué tiene que ver?
-Nada, pero anda todo el mundo inventando idioteces para sacar más dinero, los psicólogos siempre somos los primeros que nos actualizamos.
-Pues no lo entiendo.
-Que soy Humana.
-Ah, sí , ahora sí lo entiendo, perdone, a veces me distraigo y me creo que sigo en mi planeta. Tome, sus 12o euros. Feliz Navidad.
-Gracias a usted, igualmente.
.
No hay comentarios:
Publicar un comentario