sábado, 15 de agosto de 2009

Carta a Sole

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Bueno, Sole, prefiero decírtelo por carta ya que no me coges el teléfono. No creo que sea para tanto, no hay que dramatizar. Pensando en lo que ha ocurrido, yo lo veo normal, tú tienes 37, yo 38, no lo habíamos hecho nunca antes, lo cual es lógico, porque no encontrando el amor de tu vida no tiene uno por qué ponerse a hacer el amor a tontas y a locas o a listas y a cuerdas sólo por placer, que no me extraña que digan los curas que es pecado, y en mi opinión absurdo, porque existiendo la masturbación, ¿para qué vas a hacer el amor con alguien que no amas?

Lo de desnudarme tú fue idea tuya y la cremallera funcionaba perfectamente, que estamos hablando de unos Levys Stresauss. Si es que parecía que tenías Parkinson. Que no estabas desactivando una bomba, que eso no muerde, nerviosota. Ya, que no gritara, vale, pero orgasmos los hay con grito o sin grito, como los sustos, y eso es un reflejo. Y también los hay como el que nos ocupa, al abrir la bragueta, hala, en el calzoncillo, sin siquiera sacar el "tema" a la luz de la razón para después meterlo en el archivo tuyo, así, dicho a lo fino.

Te pido perdón por los tirones de pelo. Bueno, y por el mechón que te arranqué. No te ha quedado tan grande la calva. Es que cuando uno se extasía, se extasía. Mira, eso si que es una prueba de amor, normal, la primera vez que una mujer se arrodilla y me baja la cremallera, y encima es el amor de mi vida, o sea: tú, no la cremallera. Otro se hubiera fumado el cigarrillo y se habría largado. Pues yo creo que ese era el mejor momento para explorar nuestros cuerpos.

Me daba no sé qué salir desnudo del baño. Es que te hice esperar un rato sola mientras me lavaba. Y yo pensando "Qué pensará ella". ¿Por qué te pusiste colorada al verme salir? Los cuerpos son así, obra de Dios, con pelo por todas partes. Ni me mirabas. Si lo hubiésemos dejado ahí habría sido peor. Además, a ti te pasó lo mismo, que te digo: “tenemos que seguir" y te pasaste la lengua por los labios y te dio el asma y yo en pelotas buscándote el Ventolín en el bolso a toda leche. Total, que me dices que ya estás lista y cuando te suelto el primer botón de la blusa pegas un gemido que me asusto, te pregunté si te había hecho daño y todo, y tú "no, sigue" y yo preocupado porque veía que te daban mareos. Y a mí. Cuando te vi el sujetador ( y no era de los eróticos esos, que tú vistes lencería del Antiguo Régimen, como a mi me gusta, porque ahora hacen cada ropa más marrana... ) me dije: "esto es sagrado". En serio, pensé que no era casual, o sea, Dios hizo el sujetador para la teta como el pórtico para la Gloria: algo digno, grandioso, místico, joder, que no es la entrada a una chatarrería de pueblo, que es para el Paraíso. "Despacio, con cuidado" me digo y pienso: “el cierre, coño, no voy a acertar, que yo no entiendo de estas cosas”. Te pedí que te lo soltaras tú, date cuenta del detalle de mi delicadeza. Claro, veo ese tesoro de intimidad al aire, tú con los ojos cerrados respirando como en los últimos diez metros de la Maratón y yo con mucho cuidado, como que era la responsabilidad mayor a la que me había enfrentado en toda mi vida, sin saber qué hacer, y era porque estaba pensando, ese era el error, así que dejo de pensar y pienso: "que la fuerza me acompañe y el instinto me guíe, Dios mediante".

Te toqué el pezón con el dedo índice. Pero que nada, o sea, como quien llama al timbre del portal para dejar la publicidad en los buzones, una cosa como sin importancia, como de decir: " esto es cotidiano, oye, casi me aburro". Y tú te pones a gritar como la niña del Exorcista, me clavas las uñas en el pecho, me empujas, me escupes, me muerdes en el arco orbicular, que así me dijo el médico que me dio los ocho puntos debajo la ceja que se llamaba, rodamos por el suelo, yo acojonao, pero pánico puro, tú con espasmos de muerte, lo menos, me zafo, me levanto, corro tropezando con todo, cojo el teléfono, 069, grito: "¡ambulancia, ambulancia, epilepsia!", me preguntan la dirección, no me acuerdo donde vivo del shock nervioso, salgo al descansillo en cueros como un perdigón, aporreo la puerta de la vecina, asoma Matilda, que menos mal que es una señora de mentalidad abierta y tenemos mucha amistad porque organizamos juntos todo lo de las excursiones de la iglesia por la ruta del románico y cuando la grito desencajado...


..."¡Ambulancia, ambulancia! ¿Dónde vivo, dónde vivo?" se mete para adentro sin decir nada y llama ella y vienen los de urgencias. Ahí sí, me falló la fuerza de una forma que si soy un Jedi me parte la cara un crío de 5 años. Demasiada tensión. Me desperté en el hospital, Matilda al lado, que me dijo: "chico, en ese momento te veo sangrando por la cara, empapado, (Jo, Sole, cuando te enajenas escupes como un camello cabreao) y desnudo y creí que te habías caído en la ducha y te habías puesto histérico al ver sangre". Y me dijo que cuando los enfermeros fueron a cerrar la puerta del piso te vieron a ti en el suelo medio desnuda, con la mirada ida y una sonrisa que yo no sé como sería que pensaron que tú estabas peor y nos llevaron a los dos y por el camino avisaron a la policía. "Posibles abusos sexuales a discapacitada mental". ¿Pero tú como sonreías, hija? ¡Joder! ¿Estabas en trance o qué? Y luego me cuentan que los agentes dos horas haciéndote preguntas antes de que te atrevieras a hablar y decirles que éramos novios y que no te pasaba nada. Joder, Sole, bien está tener pudor, pero tampoco dejarse fusilar por él. A parte, a la policía le trae sin cuidado tu vida personal, si están aburridos de casos así, y peores. Seguro que se aburrían, aunque fuesen descojonándose.

"Que somos novios, que no me pasa nada, es que me ha venido un orgasmo, creo, porque he leído cómo son muchas veces, debe haber sido eso". Jo, dos horas para decirlo. ¿Qué te crees, que los policías no tienen orgasmos, ¿o qué? Además, vergüenza hemos pasado todos. Yo no sé ni como mirar a Matilda, que la mujer cumplió los 92 años y no tiene por qué verse metida en estos fregaos, hostias, que el románico ya no va a ser lo mismo.

Venga, Sole, tenemos que hablar, llámame, cariño, porque estoy que no vivo.

Te quiero.

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5 comentarios:

Mr.Incógnito dijo...

Bueno, como cualquier acción humana una cosa lleva a la otra y, sin percatarse, puede usted estar cortándose las uñas de los pies una sí una no y al rato verse inmerso en una batalla interestelar de proporciones cósmicas con dos secuelas.

Háganos un sitio en su planeta porque volveremos.

noveldaytantos dijo...

Mi vida sí que es triste. A mí nadie me manda cartas. Tan sólo recortes de periódicos con noticias chorras y cosas así. Es lo que tiene ser un hombre objeto, además objeto de los malos, de esos de usar y tirar.
Amigo Locuán, estoy pensando seriamente mudarme a tu planeta, éste no esta hecho para mí.

Carmen dijo...

jajaja, qué revolcón más traumático...si es que esto hay que ensayarlo antes, que luego pasa lo que pasa.
Muy bueno y simpático. Besos.

AnimalUno dijo...

Por qué no probó a cortarse las uñas en el baño? Eso sí que queda muy erótico

Ana Márquez dijo...

¡Muchas gracias a todos!

Y bienvenidos los nuevos. Soy Ana, la.... no sé, la "webmaster" mismo. Un saludo muy cordial.

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