sábado, 2 de mayo de 2009

Tío Constantino

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Aquel año, tío Constantino vendió la mitad de sus tierras. Tío Constantino abandonó el pueblo por primera vez en su vida a la edad de 68 años. Vestía de pana sucia y raída, un traje que consiguió en el cementerio abriendo la tumba de su bisabuelo y desnudando el esqueleto, una boina casi nueva, de su Primera Comunión, y unas alpargatas de las de pocos agujeros y suelas de esparto recosidas mil veces. Llevaba en su mano derecha una gran maleta de cartón, de cuando la Guerra de Crimea, y cogía con la izquierda el bozal de Berta. Caminó dos días y dos noches para llegar a la ciudad. Todo ese tiempo, Berta le siguió dócilmente, alimentándose durante las paradas de descanso de la hierba de las cunetas y bebiendo en los charcos de lluvia y las fuentes públicas. Tras mucho preguntar, llegó por fin al Banco de España de Torrelavega y entró sin extrañarse de la admiración que su abultada vaca causaba en el personal.

- Guenaaaaaas, qui vengu guardá unas perras, qui son rubias y tién qui sé eurus, pa que valgan.
- ¿Pero qué hace usted, buen hombre?, haga el favor de sacar ese animal de aquí, que esto es una sucursal bancaria, no una cuadra.-Dijo Don Francisco, el Director.
- ¿Pos quiiiiiiii mi dici? Y estu, una vaca. Mu educá, qui no molesta, oiga usté.
- Le ruego saque ese animal de aquí y le atenderemos gustosamente, caballero.
- ¿Quí burreru ni quí boñigus? ¡Qui no deju sóla mi Berta! ¡Qui va cumplí y va parí, desalmau! ¿No tié usté sensiblerías, u quí?
- Si no abandona este lugar, llamaré a la policía.
- ¡Y agora los guardas! ¡Sajerauuuuuuuuuu! ¡No se pué ni hacé un angresu! Recoje, Berta, quel reguapu nos ha recibíu de atravesau, y apaña tú la maleta, lechera mía, qui me duelen ya to los reúmas.

Tío Constantino metió el asa de la enorme maleta por uno de los cuernos de la vaca y dio media vuelta para enfilar la puerta. Berta, tras su dueño, iba perdiendo esa expresión serena e indiferente que tienen todas las vacas a cualquier hora del día e iba adquiriendo a cada paso esa otra, tensa, seria y concentrada que adoptan unos segundos antes de ponerse de parto.

"Paletos. Habría que encerrarlos a todos. No se pueden dejar sueltos por la ciudad. ¡Y qué pintas y qué olores! ¡Ay, Señor...!" Pensó Don Francisco, sin salir aún de su asombro. Tanto los empleados como los clientes se miraban entre sí, se reían y murmuraban divertidos. Empezaban a recuperarse de la sorpresa inicial. En ese momento, Berta se detuvo.

- Bertaaaaaaa. Va pa lante. Aquí no cagues, si el reguapu quié abonu, qui lo compre.

Berta mujió.
- ¿Qui?

E inclinó la testa. La vieja maleta cayó al suelo y se abrió con el golpe. Se desparramó su contenido: el "calzón de ripuesto", un paraguas con dos varillas rotas, un gran pedazo de tocino curado, media torta de pan, una bota de vino, una manta deshilachada y llena de pelos de cabra, una petaca de cuero con tabaco rancio, 35 duros en monedas y 350.000.000 de pesetas en billetes.

"Oooooooooooh", exclamaron a coro todos los presentes, excepto la vaca, que dijo: "Muuuuuuuuuuuuu" otra vez y se tumbó; y tío Constantino, que dijo "¡Rediós! ¡Rediós! ¡Que vié el terneru! ¿Y quín mayuda?". Don Francisco se quedó mudo al principio, y con ojos de búho espantado, pero reaccionó a los cinco segundos:

- ¡Por Dios! ¡Por Dios! ¡Que viene la criatura! ¡Traigan agua caliente! ¡Toallas limpias!
- ¿Pa quí? ¡Si no se va tomá una manzanilla, ni va feitarse! ¡Qui va parí! ¡Una soga! ¡Haci falta una soga ya mesmu, pa tirá del becerru!
- Una cuerda, señor Premanes, -dijo Don Francisco a uno de sus empleados.
- ¿De dónde...?
- Vaya a comprarla a la ferretería de la esquina. Una gruesa. ¡Rápido, que son menos cuarto y cierran a las dos! Y usted, señor Vázquez, con permiso de... (mirando a tío Constantino) ¿Me dice usted su nombre, por favor?
- Constantinu Pla Tanazu, pa sevile a Dios y usté. Pero me se hace mejor me llamen Tíu Constantinu, comu to el mundu.
- Con su permiso, señor Pla... Tío Constantino, el señor Vázquez recojerá el dinero y lo contará bien contado para ingresarlu, digo ingresarlo en el banco inmediatamente.
- Si, home, si, me lo apañe, qui no lo vamus a dejá tirau en el suelu.

Unos minutos más tarde, mientras tío Constantino, rodeado por toda la gente, rodilla en tierra detrás de Berta, vigilaba las contracciones y la dilatación, regresó, con las manos vacías, el señor Premanes.

- Señor Director, no he podido encontrar una cuerda. En la ferretería de la esquina sólo tenían cuerda fina de embalar. La de la calle Sainz Apellaniz estaba ya cerrada.

- ¿Hay tiempo, tío Constantino?- Preguntó Don Francisco.
- Pocu. Qui Berta es cuatreriza, y pare corriendu. Ya soma el jatu las manus, que es jatu, seguru, con esas manus tan gordas.
- ¡Vamos! ¡Quítense todos las corbatas! -Don Francisco recogió las corbatas e incluyendo también la suya, de seda, regalo de Aniversario de su mujer, fabricó una "cuerda" de cuatro anudando fuertemente las mismas.

- ¡Anda! ¡El reguapu! ¡Y paecía más bobu quil hiju la Elvira! ¡Ca pañao es el mozu!

Berta, recostada, gemía con frecuencia, esforzada cada vez más en cada contracción. Iba a ser asistida en el parto por un multimillonario y tres empleados de banca.

Tío Constantino amarró las manos del jato, se sentó en el suelo, sujetando la cuerda tirante, pero no demasiado. Don Francisco y los señores Premanes y Vázquez detrás de él, todos agarrados a la cuerda, siguiendo las indicaciones de Tío Constantino, esperaban alerta la próxima contracción de la vaca para tirar todos a una con todas sus fuerzas...

- ¡Ya puja! ¡Ya pujaaaaaaaaaaa! ¡Agoraaaaaaaaaaaaaaa! ¡Se vean los güevuuuuuuuuuuuuuusss!

Se tensaron todos los músculos, de hombres y animales; bufidos de esfuerzo, gritos de ánimo, un gemido ronco y profundo de la vaca; comentarios de expectación entre el público; y el ternero, primero la cabeza y las patas delanteras, después el cuerpo y las patas traseras, vino al mundo entre gritos de alegría y una salva de aplausos. Todo el mundo se felicitaba, se daban palmadas, hablaban entusiasmados de lo guapo que era el "bebé". Lo pusieron delante de la madre para que lo limpiara a lametones. Don Francisco, emocionado, con su traje de Hugo Boss, pringado de arriba a abajo por los fluidos fetales, se abrazaba emocionado, llorando como una Magdalena a tío Constantino.

-¡Es un milagro! ¡El milagro de la vida! ¡Qué cliente! ¡Cada día amo más mi trabajo!-decía Don Francisco.
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12 comentarios:

dianastrocyte dijo...

... HAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHA

Oww... Me siento una mala persona al no pasar por aquí como me gustaría...

¿Me perdonan, seres absurlescos? :D

Prometo pasar cada vez que vea una actualización vuestra en mi blog n_n

noveldaytantos dijo...

Los banqueros son especialistas en eso de poner a parir a los demás. Y da igual que seas una vaca o un dinosaurio violeta.

Locuán dijo...

Hola, Dianita, no te preocupes si no tienes tiempo de visitarnos. Cada vez q aprezcas me alegraré de verte, preciosa. Un besito.

Noveldi, gracias por pasaros, llevas a un tío cagando en la cabeza. Te lo comento porque, como está por detrás, igual no te lo has visto. Besazos!
Ana

Patricia Ibarra dijo...

Hola !!
Aunque muy larga tu post me hiciste reir como loquita!
me encanta leerte...De donde sacas tantas historias???
Un beso!!

Esteban Arontes dijo...

Buenas noches compañeros =D

Hace tiempo usd. dos pasaron a un blog mio. Jamás les pude devolver las gracias, pero, vamos, se las doy, y muy sinceras.

Pocas veces llegué a pasar a este, mi blog ya.

Ahora que son vacaciones ya tengo suficiente tiempo para complacerme leyendo.

Vivo en México, y tengo dos blogs.
Espero con ansias que me lean, y que comenten si es de su agrado.

El primer blog es el poético, hago una recopilación de poemas que de algún modo me han marcado, o me han hecho una sonrisa. Mis lecturas favoritas son las poésias, y quiero darles un disfrute a ustedes, amigos blogueros.

El segundo blog son algunos pequeños escritos, con una importancia mia muy alta.

Me despido, y de agradecimiento por aquella vez... ye cree un enlace a su blog desde el mio.

Saludos desde la capital mexicana.

=P

Esteban Arontes dijo...

Por cierto, Ana, no le digas cosas tan bellas a Diana, que me pongo celoso xD

Ana Márquez dijo...

Querida Lulú, me alegra verte por aquí de nuevo, un beso, guapa, y gracias.

Señor Barco Azul, es un bonito nick, sí, señor :-) Me paso ahora por tu blog para recordarlo. Un saludo muy cordial y muchas gracias por tus palabras amables. ESperamos verte por aquí a menudo o siempre q puedas.
Ana

Ana Márquez dijo...

Bué, "Ana Márquez" soy yo, la "asistenta" de Locuán, qué lío de nicks, ahora tengo una cuenta nueva, independiente de la de Pedro y esto hace q cada vez q escriba aquí, ahora salga mi nombre real... En fin, un lío, espero q sepáis perdonarlo :-(

Anónimo dijo...

Este relato tuyo me hizo llorar, ¡que corazón tan generoso el del director del banco!, no cabe duda que todavía hay personas desinteresadas que se conmueven $$$$$$$$$$$$ profundamente con el dolor humano o vacuno.
¡Una medalla al altruismo para tal por cual, perdón, para tan digno personaje!
M.Le Chat

Locuán dijo...

Gracias, preciosa. ¿Cómo te va todo? :-) Un abrazo muy fuerte desde este lado del charquito... Y sí, los directores de banco es lo q tienen... ejem, q son geneross, sí....

Besosssss
Ana

Miguel Ángel dijo...

Hola a todos, recibí una invitación de Ana Márquez para pasarme por aquí, y aquí estoy. Me dijo que estabas casi tan chiflado como yo y eso tiene su mérito, te felicito.

Hay un video que le viene al pelo a esta historia del tio Constantino, es este:

http://www.youtube.com/watch?v=3bmbLdMoGg0

Ana Márquez dijo...

Gracias Miguel Angel, el vídeo es realmente bueno (el director tiene las cejas excesivamente depiladas pa mi gusto). Muchas gracias, majo.

Hubiera jurado q dejé mi comentario en tu web con la cuenta de Locuán... esquizofrénica me voy a volver con tantas caras

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