Me relató un día mi abuelo
cómo los falangistas le insultaron,
le escupieron, le apalearon
y dejaron herido en el suelo.
Allí, moribundo, clamó al cielo
justicia, y los que le escucharon,
como lobos indignos retornaron
prestos a dar a mi familia duelo.
Y buen mozo hubiera sido muerto
por decir “cabrón” al general Franco,
si justo en aquel momento cierto
entre grises nubes un monstruo blanco,
libélula a escorpión injerto,
no asoma y empuja al barranco
a tanto paleto despavorido
que no conocía el autogiro.
viernes, 17 de abril de 2009
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1 comentario:
Bravo!
Una claro ejemplo de protesta social lírica.
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