Tengo una cajita de madera,
pequeñita.
He guardado aire en ella:
mi aire.
Cuando me falte del todo el aire
de todos,
porque cada día que pasa mi pecho se hace más y más
de lápida
y dejen de respirar mis pulmones,
ya casi calizos,
subiré a una montaña, una
muy alta,
abriré mi cajita de madera,
pequeñita,
y con las fuerzas ahorradas de toda
una vida,
las que para la ocasión atesoro avaro
bajo llave,
moveré esos músculos de la cara que yo sé esbozan
la sonrisa,
con una caricia de mis dedos despertaré
mi aire,
la última ternura de mi corazón vivo será
para él,
y con un suspiro que diga "recuérdame
siempre",
alzaré mi cajita de madera,
pequeñita,
para que el viento envuelva y lleve por el mundo
mi aire,
con la esperanza de que algún día sea respirado por alguien
digno.
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