sábado, 10 de enero de 2009

Seamos libres del tiempo






María Ansiedad se queda dormida,
a veces.
El tiempo descascarilla la sonrisa y la lágrima
de un pierrot que descansa desmadejado
sobre la mesita de noche,
sucio, deshilachado, rozado, arañado, golpeado
en mil juegos,
batallas contra un enemigo aburrido
inmisericorde,
sediento insaciable de injusticia.

Doña Hada,
sentada en la prisión de su historia,
tras los barrotes de la bondad,
canta tiernamente la nana de sí misma:

Un cielito de negro terciopelo
le regala diamantes a María;
si se duerme ahora en su velo,
se los dará al despertar el día.

Mañana...
¿Quién te enseñó a decir "mañana"?
¿Cuándo llega "mañana"?
¿Llegó alguna vez "mañana"?
"Mañana" estará siempre a un día de nosotros,
y esa es nuestra suerte,
pues antes o después llega un mañana
en que mueren los sueños... Seamos libres del tiempo,
como tu nana, y que mi máscara tenga limpias, brillantes, enteras,
su lágrima y su sonrisa.





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