Desde que estoy en el paro
amanece sin mi permiso.
Me levanto de la cama
por respeto a la memoria de mis ancestros
primitivos
que allá en las sabanas (no sábanas)
conquistaron para todos la verticalidad,
hace cientos de miles de años,
dicen que para atisbar hasta los horizontes
más caza o enemigos.
Bobadas.
Fue para ver más culos, de las hembras, mayormente.
Ellas también se alzaron, para ver con quien andaban ellos.
Camino con las patas de atrás hasta la cocina
y entre dientes,
separados a la distancia que separa las dos piedras de un molino,
trituro a mi familia un "Buenos días"
por hacer harina de algo
y danos, Señor, el pan de cada día,
que aquí en La Tierra el panadero nos lo cobra.
Desayuno a mandibulazos de tiburón,
no digan las malas lenguas que no engordo de parado,
como es propio y decente en el mundo,
o sea, a este lado.
Por suerte,
mala,
el paro no me pone de un humor de perros,
ya sabes,
las fauces abiertas en una sonrisa más allá de las últimas muelas,
la lengua bronceada de tanto tenderla al Sol
y el rabo latigando incansable.
Quien pudiera.
Todo mi tiempo es libre
mientras ninguna sentencia diga lo contrario
y lo mato como puedo,
para nada,
porque transcurre igual que cuando vive,
el puto zombie,
así que lo engaño para que no me aburra,
pero es tan largo que se da cuenta y me descubre.
Entonces, me hago el sueco,
que no es fabricar muebles Ikea,
sino desentenderse.
Saco la basura, por ejemplo, y reciclo.
"Vidrio".
"Papel".
¿Y "aburrimiento"? ¿Dónde está ese contenedor?
Qué pena no reciclar los aburrimientos,
tanta gente necesitada tenerlos.
A menudo me propongo no proponerme nada,
en lo que me hago poco caso,
Hoy mismo forcé los límites para intentar batir
el Record Mundial Flatolímpico.
Fallido.
Qué derroche.
¡Y que estén vacíos los gasoductos de Ucrania!
Como diría León Felipe:
"¡Qué lástima!"
Te dejo.
He quedado con Dios dentro de 5 minutos,
el tiempo justo para poner en desorden mis pensamientos,
no vaya a encontrarme lo impuros.
Ensayo:
"Hola Dios, ¿Cómo está usted?"
(Yo a Dios, de "Usted".
No comprendo el descaro de los creyentes
que le dicen " de usted" al portero
y tutean a Dios
como si le sentaran todos los días en el salón de casa
a tomar té con pastas)
En fin, un beso.
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